Es indudable que las historias contadas por sus protagonistas siempre tienen una fuerte dosis de atractivo. Hay un imán natural para quienes las leen. Muestran la parte humana de las personas, las adversidades que enfrentaron y la manera como salieron avante, sea con mera intuición o, simplemente, con arrojo. Si a eso sumamos que el relato lo hace un joven nacido en Italia, que llegó a México siendo un niño y, a los 14 años participó activamente en el movimiento revolucionario de nuestro país, es difícil abstraerse de su lectura. El libro “El pequeño Garibaldi”, que tuve la suerte de leer, aborda la vida de Carlo Ponzio Martínez, así denominado por el general Felipe Ángeles, como referencia al celebre Giuseppe Garibaldi, quien luchó por la unificación italiana.

Su autor, Miguel Ángel Paredes, hilvana las vivencias del personaje con el contexto histórico en el que van ocurriendo. De esa manera, corren en paralelo las notas escritas por el personaje, con la investigación de hechos históricos relacionados con lo narrado. Esto da al libro un valor especial. Igual ocurre con las múltiples fotografías que se incluyen a lo largo del texto y la galería que aparece al final, que generan la inmersión del lector en el pasaje de la historia.

Los datos de quien fue reconocido como integrante del grupo de veteranos revolucionarios, lo que da realce a su figura, muestran los avatares que se pueden presentar en la vida de cualquier persona, que cambian el rumbo y el destino. Parece guion de película. Es el caso de Carlo Ponzio, cuyos padres, dedicados a la música, primero probaron suerte en Nueva York y, con los años, arribaron a México. En esa etapa, el autor hace un recuento de la migración ocurrida a principios del siglo XX, de diversos países europeos hacia América.

El niño fue abandonado por su padre luego del fallecimiento de la madre. Hubo una mujer que fungió como madre y le enseño a leer y escribir. Este hecho, excepcional en ese tiempo, resultó la llave de acceso a los generales que participaron en la célebre batalla conocida en los anales de la historia nacional como “la toma de Zacatecas”. La foto de la portada del libro da cuenta de ello. Literalmente, esa batalla fue el bautizo revolucionario del “pequeño Garibaldi”. Por supuesto, buena parte del libro se dedica a ese evento. Resulta ilustrativo leer las memorias de Felipe Ángeles. Ahí se muestra la cercanía con Francisco Villa, en la toma de decisiones sobre la estrategia a seguir, para lograr finalmente el triunfo.

Un dato revelador, en la gesta armada nacional hubo una importante participación de lo que el autor denomina “las infancias y adolescencias en la Revolución Mexicana”. La historia nacional da realce al “niño artillero” Narciso Mendoza, en el sitio de Cuautla, pero hubo muchos más niños y adolescentes que participaron activamente en el movimiento. Los nombres y las fotos en el libro dan cuenta de ello. Es el caso del pequeño Garibaldi. Muchos lo hicieron “siguiendo a la bola y a los amigos”. Destaca Rafael Buelna Tenorio, quien a los 19 años fue ascendido a General de Brigada. Ese reconocimiento no fue gratuito.

En la relatoría autobiográfica, se menciona lo que fue la vida postrevolucionaria y la institucionalización del país, en la que hubo participación del personaje en el estado de Zacatecas, quien con sus propias palabras muestra la vida de un político y cómo tiene que lidiar con “envidias, celos, ambiciones y codicias”. Parece que eso es algo que no cambia con el tiempo.

A manera de reflexión final. Sea cuales sean las circunstancias, hay que reconocer la participación de extranjeros en diversos episodios de la historia patria. En realidad, se trata de auténticos mexicanos, quienes el azar hizo que nacieran en otro territorio. No debe haber demérito en ese hecho. No hay razón para reconocer sin reserva alguna su aporte al desarrollo del país.

* Investigador Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) / eguadarramal@gmail.com

Enrique Guadarrama López