José Manuel Meneses Ramírez*

La situación del náhuatl en el estado de Morelos es grave, se trata de una lengua viva en peligro de extinción. Desde luego, una revisión superficial de las estadísticas puede respaldar nuestra preocupación y dimensionar el desafío al que sociedad y gobierno nos enfrentamos.

Como punto de partida, consideremos que el Censo de Población y Vivienda 2020, indicó que había 24,617 hablantes de náhuatl en el estado de Morelos, distribuidos en al menos 16 municipios del estado, entre los que destacan Hueyapan, Tetela del Volcán, Tetelcingo, Cuautla, Santa Catarina, Tepoztlán, Cuentepec, Temixco, Xoxocotla y Puente de Ixtla, tomando como punto de referencia una población general de 1,971,520.

Esta información es relevante, si consideramos que tan solo veinte años atrás, el Censo de Población y Vivienda 2000 reportó que el estado de Morelos contaba con 30,896 hablantes de una lengua originaria, en un contexto poblacional de 1, 555, 296 habitantes.

Estos números básicos nos permiten establecer lo siguiente: en tanto la población general del estado de Morelos creció, el número de hablantes de lengua indígena disminuyó, pasando de representar un 1.99 % de la población total en el año 2000, a 1.25 % veinte años después, un escenario terrible.

De tal modo, observamos que la dimensión del número absoluto de hablantes nos indica un profundo fracaso de las estrategias oficiales de promoción y recuperación de las lenguas originarias durante estos años, pues de manera concreta 6279 personas dejaron de hablarlas en suelo morelense, lo que configura un desastre lingüístico, sobre todo si se piensa en un contexto de crecimiento poblacional y de respaldo normativo e institucional impulsado por las reformas constitucionales realizadas al inicio del nuevo milenio, hecho que ya señala las dimensiones del problema y la emergencia que señala su atención.

Si bien, este acercamiento puede matizarse, pues la métrica establecida por instituciones con la UNESCO señala cinco dimensiones más para la elaboración de un diagnóstico adecuado, entre las que destacan, además del número absoluto de hablantes; la transmisión intergeneracional de la lengua; la proporción de hablantes en el conjunto de la población; los cambios en los ámbitos de utilización de la lengua; la respuesta a los nuevos ámbitos y medios tecnológico y digitales; y, finalmente, la disponibilidad de materiales para el aprendizaje y la enseñanza de la lengua.

De tal modo, en este escenario matizado por la urgencia, las políticas públicas que puedan instrumentarse para la recuperación del náhuatl en el estado de Morelos serán altamente significativas. Afortunadamente, se ve luz al final de este largo camino, ya que los pueblos originarios y la composición multicultural de nuestro país han sido asumidos como un eje central por la Nueva Escuela Mexicana y por el gobierno federal.

En tanto, desde el ámbito local, con la creación del Instituto de Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas de Morelos, se avanza en el proceso de institucionalización y en el reconocimiento de las necesidades de un sector de la población fundamental, seguramente el instituto será el espacio adecuado para apreciar la cultura, la historia y los valores de los pueblos ancestrales que habitan nuestro estado, reconociendo y respetando la diversidad cultural, lingüística y de pensamiento de los diferentes pueblos originarios.

Esperemos que la intervención de las políticas públicas diseñadas con un talante pluricultural y en apego al humanismo mexicano permitan la recuperación paulatina de la lengua náhuatl, pues se trata de uno de los elementos más importantes del patrimonio cultural de los morelenses.

*Nahuatlato, Profesor de Tiempo Completo del Colegio de Morelos.

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José Manuel