

Esta semana acudí con mi amigo Carlos a “La Revolución Impresionista: de Monet a Matisse” en el Museo del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. La exposición presenta 45 obras de artistas famosos, entre otros: Claude Monet, Camille Pissarro, Pierre-Auguste Renoir, Paul Gaugin y Vicent van Gogh. Para los amantes del arte y la belleza es una fiesta de color, de danza de tonos de luz esplendida. Este movimiento fue rebelde para su tiempo porque rompió con una visión conservadora del arte que dominaba su época. Decía John Kests, poeta, que la “belleza es una forma de verdad y la verdad se manifiesta a través de la belleza”.
El impresionismo es captar la belleza tal cual, en el mundo cotidiano, entre luces y color. A final de cuentas es un instante que se captura con la percepción de los órganos de nuestros sentidos y con la consciencia y el alma.
Después de haber disfrutado y embelesado mi mente con el arte y la belleza de la creación de estos artistas. Me percaté que todos podemos captar la belleza con nuestra propia percepción y, pensé, que en un mundo dominado por los hombres más poderosos: industriales, banqueros, políticos, gobernantes, empresarios, comerciantes, gigantes de la tecnología, dueños de los medios de comunicación, intelectuales y, periodistas, comunicólogos y comentócratas. Los cuales están moldeando nuestra manera de pensar y percibir el mundo, en mayor o menor grado, son ellos los que nos manipulan, la mayor de las veces, para lucrar con nuestra ignorancia y hacer de nosotros consumidores de una realidad que ha perdido su significado, encanto y su belleza.
Como poseen la voz del dinero, la voz del micrófono y la voz del poder, nos pintan una sola realidad la que ellos quieren que veamos. No son artistas, son simples sinvergüenzas porque no les gusta que los evalúen ni rendir cuentas. Cuando uno les descubre sus fechorías desde el poder te piden pruebas y ahí se esconden o, cuando señalas a uno por sus trapacerías, de inmediato se unen para defenderlo y proclamar “no estás solo…”.
Con esta sencilla pluma trato de pintar un cuadro impresionista, para hacer vibrar mi consciencia y decirme y decirles que estamos vivos y, aún ejercemos nuestro derecho a la libertad y a pensar diferente.
*Ex catedrático de la UAEM y analista político


Mujer en su Toilette. Louis Anquetin, 1889. Museo de Arte de Dallas, en la muestra “La Revolución Impresionista: de Monet a Matisse”, Palacio de las Bellas Artes. Foto: La Jornada Morelos

