

El pasado 2 de febrero la presidenta Claudia Sheinbaum envió un emotivo mensaje a los mexicanos a raíz de que Donald J. Trump cumplió su promesa de gravar a todos los productos de México con un 25% de impuestos. Trump decidió implementar esta descabellada medida comercial como una especie de castigo al gobierno mexicano porque no ha hecho nada en los últimos años para frenar ni el tráfico de migrantes ni de fentanilo hacia los EE.UU. Además, un día antes la Casa Blanca emitió un comunicado acusando abiertamente al gobierno de México de “tener una alianza con los cárteles de la droga y poner en peligro la seguridad nacional y la salud pública de Estados Unidos”. El comunicado añade que “Las organizaciones mexicanas de narcotraficantes mantienen una alianza intolerable con el gobierno de México… (que) ha proporcionado refugios seguros para que los carteles se dediquen a la fabricación y transporte de narcóticos peligrosos, que en conjunto han provocado la muerte por sobre dosis de cientos de miles de estadounidenses”.
Entonces, la presidenta emitió un discurso desde su oficina diciendo que los gringos también son responsables del tráfico de armas, drogas y de la crisis del fentanilo, negando categóricamente la “terriblemente irresponsable” afirmación hecha por la Casa Blanca de que el gobierno de México tiene alianzas con grupos del crimen organizado. Este mensaje es emotivo porque genera emociones. A mí me dio mucho coraje. ¿Cómo se atreve la presidenta a negar ante el pueblo de México la realidad que todos vivimos y padecemos? ¿Acaso los gringos están locos y ponen este pretexto para justificar una medida comercial que también los afectaría enormemente a ellos? No, los gringos no están locos. Tienen encarcelados a narcotraficantes de muy alto perfil como el Chapo Guzmán, el Mayo Zambada, el “Vicentillo”, el “Mini Lic”, la “Barbie”, Ovidio Guzmán y Joaquín Guzmán (hijos del Chapo), y muchos más. Imagine usted, estimado lector, toda la información que ya tiene el gobierno de EE.UU. proveniente de las declaraciones de estas personas que han ocupado los más altos puestos en cárteles mexicanos. Como bien lo señaló el periodista de investigación Luis Chaparro, estos personajes del narcotráfico han entregado a las autoridades de Estados Unidos una “narco-enciclopedia” respecto a los vínculos de la clase política mexicana con grupos del crimen organizado. Los gringos tienen mucha información que les permite afirmar categóricamente desde la Casa Blanca que existe una “alianza intolerable” entre grupos criminales y los gobernantes mexicanos.
Pero más allá de esta información, ¿cómo se atreve la presidenta Sheinbaum a negar frente a nuestras narices que tales alianzas existen? Nosotros, los mexicanos, sufrimos día con día las consecuencias de los acuerdos establecidos entre el gobierno de la 4T con los grupos criminales. No quiero decir que gobiernos anteriores no hayan pactado con el crimen organizado. Por supuesto lo hicieron simple y sencillamente porque el dinero que entra por narcotráfico, huachicol y tráfico de personas es mucho mayor que el que se obtiene por cualquier otro negocio legítimo de México. Ya lo hemos dicho antes en este mismo espacio: ningún gobierno va a renunciar a todos esos miles de millones de dólares. Sin embargo, nunca habíamos vivido tal nivel de criminalidad y violencia como con el gobierno de la 4T que implementó la política de “abrazos y no balazos”. ¿Por qué abrazan a criminales despiadados si no es porque ellos mismos también son criminales?
Los fanáticos puristas de la 4T piden pruebas. ¿Qué quieren ver? ¿Un contrato firmado entre gobernantes y criminales? Claro que eso no existe. Las pruebas han estado frente a nuestros ojos todo el tiempo. Vimos fotografías del exgobernador de Morelos con altos mandos del crimen regional en un evento privado. “Es que soy una estrella pública y me tomo fotos con muchas personas. Yo no sabía quiénes eran”, dijo el exgobernador para justificarse. Vimos un video de la alcaldesa de Chilpancingo negociando en un restaurante vacío con líderes del crimen organizado en Guerrero. Uno de ellos portaba una pistola al cinto claramente visible. La alcaldesa también argumentó que no sabía quiénes eran esos personajes. Tenemos una carta pública del Mayo Zambada declarando que el gobernador de Sinaloa tiene vínculos con los “Chapitos”. Sabemos que el exgobernador de Tabasco, Adán Augusto López, designó durante su mandato a un narcotraficante como jefe de seguridad pública de ese estado. Y así muchos ejemplos más. Pero, sobre todo, la evidencia que tenemos a la vista es el nivel de violencia contra la población civil generada por los grupos del crimen organizado. Ante toda esta evidencia, el expresidente AMLO siempre salió a defender a los políticos afiliados a su partido negando la realidad: “confío en ellos porque son gente honesta, de lo mejor”, “estamos mejor que nunca”, “nosotros no somos como los de antes”, balbuceaba el expresidente, sentado sobre una montaña de cadáveres y desaparecidos.
No señora presidenta, los gringos no están locos y usted no puede seguir engañando a los mexicanos. Su mensaje del 2 de febrero provoca coraje. Es cierto que los gringos son corresponsables de este desastre, pero no puede usted venir a negar categóricamente la realidad ante las personas que padecemos las consecuencias de las alianzas entre su partido y el crimen organizado. Es vergonzoso que los gringos tengan que hacer la tarea que le corresponde al gobierno de México. En lugar de mentirnos a la cara, mejor reconozca el problema y dedíquese a resolverlo.
*Instituto de Ciencias Físicas, UNAM / Centro de Ciencias de la Complejidad, UNAM.


Imagen Generada con ChatGPT / Cortesía del autor

