Roberto Abe Camil* 

La presentación del primer informe de la Gobernadora del Estado, así como sus diversas réplicas regionales, entrañan profundas reflexiones en cuanto al devenir de la vida pública en Morelos. Se aplaude la férrea voluntad de la gobernadora al anunciar una nueva y anhelada etapa de bienestar, justicia y progreso. Pero también queda pendiente, la asignatura de aquellos alcaldes que no están a la altura de las circunstancias, ello va más allá de las distintas expresiones ideológicas que profesen los ediles, pues por encima de las formaciones políticas, debe prevalecer el bien común de la sociedad morelense. 

No se debe generalizar, hay presidentes municipales que hacen su trabajo y lo hacen bien. Sin embargo, hay otros cuyo desempeño hace palidecer a la sátira política. Lo anterior sería cómico o chusco, sino fuéramos los ciudadanos, los afectados por aquellos que aplican la vieja máxima del sistema político mexicano, la cual de manera certera afirma que: “ El tren de la Revolución, solo pasa una vez en la vida”. 

Vemos a alcaldes con un nulo desempeño, con cuestionamientos de no andar en buenos pasos, que no pagan servicios, o a proveedores, que no hacen la tarea en materia de seguridad pública y que de manera lisa y llana tienen a sus municipios hechos un desastre. En esta categoría destacan varios personajes. El primero de ellos, es el polémico Jesús Corona Damián de Cuautla. Corona Damián, asombrosamente ha sido alcalde en dos ocasiones, la primera de ellas en 2019, abanderado por Morena y actualmente por la coalición PRI-PAN-PRD. Esto nos lleva a otra reflexión: la ideología no cuenta, los partidos políticos son meros instrumentos legales para saciar aspiraciones. Pero no todo es culpa de la clase política, es increíble que la sociedad cuautlense haya refrendado un voto de confianza a un hombre como Corona Damián, haciéndolo alcalde por segunda ocasión. Al lamentable estado en que se encuentra la Capital Histórica de Morelos, se añaden otras perlas, tales como lo son lo acontecido durante una gira de la presidenta Claudia Sheinbaum a Cuautla, donde Citlali Hernández exigió al alcalde retirarse del acto pues no estaba invitado. A lo anterior se suma el bochornoso incidente de presidir la ceremonia del Grito de la Independencia en aparente estado de ebriedad, lo mismo volvió a suceder en días pasados, cuando encabezó una sesión de Cabildo. 

Pero no solo en el Valle de Amilpas hace aire, también en la zona sur poniente, particularmente en el municipio indígena de Xoxocotla. La icónica comunidad náhuatl es gobernada por José Carlos Jiménez Ponciano, quien llegó de manera fortuita a la presidencia municipal y que ha sabido sacar provecho de haberse ganado la lotería sin comprar “cachito”. Jiménez Ponciano se transformó de un hombre modesto y afable, en un funcionario arrogante, lo anterior no pasaría de ser una conducta propia de la condición humana, pero aquí lamentablemente ha derivado en una crisis política y de violencia en el municipio indígena, donde el Cabildo se encuentra dividido entre partidarios y detractores del alcalde. Estos últimos incluso han sido amenazados y las fachadas de sus domicilios dañadas. La situación, incluso ameritó una llamada de atención por parte de la Secretaría General de Gobierno al alcalde, donde se le conminó a generar condiciones de gobernabilidad en su municipio, y a suscribir la incorporación de Xoxocotla a la figura del Mando Coordinado en materia de seguridad pública. 

Pero más allá de que las cosas no marchan bien en Xoxocotla, surge otro inconveniente, mismo que no abona al estilo de gobernar de la actual administración estatal. Resulta que Jiménez Ponciano, no pierde la oportunidad de propagar entre todo aquel que quiera escucharlo, que es el presidente municipal consentido por el Gobierno del Estado. Sus dichos que son del dominio público en el sur no solo satisfacen un ego personal, sino que los expresa a manera de escudo, para justificar sus acciones y sortear los embates que pueda recibir de aquellos que censuran su proceder. Dicen que, en política, lo que se ve es, y la llamada de atención de la Secretaría de Gobierno a Jiménez Ponciano, es una muestra clara de que no solapan sus acciones. Sin embargo, suponiendo sin conceder, que el alcalde goce de la cercanía que dice tener con el Gobierno del Estado, ello no lo debe ostentar como una prebenda, sino como un compromiso y una obligación para abonar al bienestar, justicia y progreso de Morelos. 

*Escritor y cronista morelense. 

José Carlos Jiménez Ponciano, presidente Municipal de Xoxocotla. Foto: Cortesía

 

Roberto Abe Camil