

El 9 de enero del 2013, fue publicada en México la Ley General de Víctimas frente a la crisis de inseguridad y violaciones de derechos humanos en el país. Defensoras y defensores de derechos humanos exigieron al Estado hacerse responsable del impacto que la estrategia de guerra contra el narcotráfico trajo a la población: miles de personas desaparecidas, asesinadas y desplazadas, además de las víctimas indirectas, familiares en el desamparo e infancias en orfandad.
La reparación integral del daño, es uno de los derechos de las víctimas señalados en esta Ley, y con este objetivo, la colectiva de madres víctimas de feminicidio Vida para Todas, en acompañamiento de Divulvadoras y de Existimos porque Resistimos, se dieron a la tarea de recuperar a través de un mural, la memoria de 25 mujeres víctimas de feminicidio y desaparición en el marco del 25 de noviembre, Día Internacional para la Erradicación de las Violencias contra las Mujeres.
Andrea Acevedo, integrante de Divulvadoras, nos compartió que el derecho a la reparación integral del daño contenida en la ley contempla cinco elementos que en su conjunto conforman la reparación integral: restitución, rehabilitación, indemnización, satisfacción y garantías de no repetición. “Para lograr todas, pero principalmente la satisfacción y la no repetición, la reparación simbólica es esencial. Porque la reparación simbólica implica la visibilización de la violencia, honrar la memoria y dignificar a las víctimas, y no porque las víctimas sean indignas, sino porque hay hechos tan violentos, incluso después de los asesinatos o de las desapariciones, que merman la dignidad de las víctimas, como cuando se justifica que porque se dedicaban a tal o cual cosa merecían lo que les pasó”.
Para Andrea Acevedo, en Morelos han pasado varios años sin que el Estado mire o accione en materia de reparación simbólica, sin embargo, frente a este vacío, varios colectivos se han dado a la tarea de emprender acciones: “la sociedad civil y principalmente los colectivos feministas hemos buscado formas y se ha retomado el bordado como Las Nombramos Bordando o Existimos Porque Resistimos, las ofrendas a las víctimas de feminicidio, o las acciones de las madres buscadoras, y a partir de ahí es que se empiezan a buscar formas de crear comunidad cuando las estructuras comunitarias se encuentran tan rotas por la violencia”.
Para Andrea, esta acción de reparación simbólica es también una acción de restitución de la dignidad a las víctimas. “Hay víctimas en lo general en el tema de feminicidio que han sido señaladas y revictimizadas desde el sexismo y la violencia machista intentando justificar que merecían lo que les pasó y el mural pues redignifica, son mujeres que merecen ser reconocidas y que merecen un espacio de memoria lleno de color, lleno de vida y libre de prejuicios, de eso se trata la reparación simbólica”
Para la realización del mural, las colectivas contaron con el apoyo de la Ayudantía de Tlaltenango, quien además de otorgar el permiso y preparar el mural para la pinta, prestó sus oficinas para el resguardo de materiales y encuentro. “Creo que es importante hablar de que este tipo de acciones reconstruyen el tejido social. Todas las personas alrededor del espacio físico donde está el mural que es la Ayudantía de Tlaltenango se involucraron de alguna forma, desde el ayudante que dio la autorización, que facilitó, permitió el uso de sus oficinas, hizo las gestiones necesarias para que pudiéramos hacerlo, preparó la pared para que pudiéramos pintar, y eso también genera parte de la restitución de volver o poner en la comunidad las herramientas necesarias para construir otras formas de relacionarnos que no sean a partir de la violencia, con una acción tan simbólica y tan poderosa que fue el mural con los rostros de mujeres asesinadas. Además de eso la tienda de enfrente nos donó comida, bebidas, y eso genera también la participación de la comunidad en esta restitución simbólica de devolución de la dignidad. Y esto también llamó a otras víctimas, hubo muchas que llegaron pidiendo orientación, pidiendo que se agregara el rostro de su familiar, que por tiempo y espacio no nos lo permitió pero es algo que volveremos a hacer”.

Abonar a la posibilidad de la no repetición es otro elemento de la reparación simbólica: “es un recordatorio primero de la violencia, luego de la impunidad, de la incapacidad de las autoridades para dar justicia, el recordatorio de la sociedad de que eso puede pasarle a cualquier mujer, que es un riesgo latente y que tenemos que hacer algo para que no suceda más”.
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Imagen cortesía de la autora

