

Francisco Rodríguez Hernández*
En el estado de Morelos, las ciudades crecen principalmente sobre tierras de los núcleos agrarios. Es por eso que son ejidatarios o comuneros agrícolas una parte de los actores sociales que figuran en los procesos de urbanización, no por contribuir al crecimiento de la población y de la necesidad de vivienda, sino por su condición de controlar la posesión y uso de superficies de cultivo susceptibles de urbanizarse por colindar con las ciudades.
La cuestión es que la mayoría de los terrenos libres aledaños a las áreas urbanas o cercanos a ellas, son ejidales o comunales, y su venta alimenta en gran medida la expansión de las ciudades. Es una cuestión histórica, donde el problema principal es que el cambio de domino de estos terrenos a sucedido con mucha frecuencia al margen de la planeación urbana, haciéndola inútil en la práctica. A los ejidatarios se les suele culpar de esto, sin tomar en cuenta la complejidad del asunto.
¿Por qué venden sus tierras? Hay muchas repuestas a esta pregunta. Algunas de ellas tienen que ver con el lucro que representa la venta, otras con la necesidad de recursos para la vida, para salir de deudas acumuladas, o para invertir en algún negocio, incluso en la propia actividad agropecuaria. A veces se venden las parcelas en una sola operación, otras veces se realiza paulatinamente, en pagos parciales, que hacen accesible la compra a personas de bajos ingresos. En ocasiones la venta es resultado de una presión sostenida de personas que desean apropiarse de terrenos específicos, donde los campesinos ceden ante cantidades de dinero que nunca en su vida visto ni habían pensado tener. Son diversas las historias de ejidatarios que recibieron varios millones de pesos que, a la vuelta del tiempo, se consumen, sin haber incidido en una mejoría sostenida de sus condiciones de vida, con la agravante de que han perdido su tierra, su principal patrimonio.
La realidad es que, para muchos ejidatarios, la explotación del campo ya no aporta el suficiente ingreso para satisfacer las necesidades de su familia. Las nuevas generaciones, con mayor nivel educativo que las anteriores, ya no ven en el campo un medio de sustento adecuado a sus expectativas. Y el avance de la urbanización influye mucho: la tierra adyacente a las ciudades aumenta de valor, y las parcelas agrícolas que han quedado rodeadas de predios construidos, pierden idoneidad para la actividad agrícola. Todo ello influye en la predisposición a la venta para usos urbanos.
Pero no todos los ejidatarios están dispuestos a desprenderse de sus tierras, muchos de ellos valoran su trabajo y están conscientes de que la producción de los alimentos que todo mundo necesita se realiza en el campo. Conservar e impulsar la producción agropecuaria es uno de los aspectos fundamentales para contener la expansión urbana descontrolada. Por eso es importante atacar los problemas que enfrenta el campo, recuperar la rentabilidad de estas actividades.

El municipio de Yautepec es un territorio con condiciones naturales favorables para la actividad agrícola y, al mismo tiempo, es uno de los municipios que han tenido, en las últimas décadas, más aumento de la superficie urbanizada. Ejidos como Yautepec y Oacalco tienen como principal cultivo la caña de azúcar, que en estas tierras alcanza alta productividad; se obtienen cosechas con alto contenido de azúcar, que procesa el Ingenio de Casasano. En particular, el Ejido de Yautepec es el que cuenta con más superficie de cultivo en el estado de Morelos, tanto de riego como de temporal. No es casualidad que se dedique en gran medida al cultivo de la caña de azúcar, que es un cultivo de riego.
Sin embargo, los productores agrícolas enfrentan actualmente situaciones que se alejan de lo ideal y que afectan la productividad y rentabilidad de su labor, ya sea por las presiones y problemas que origina la urbanización o bien, por situaciones propias del campo. Esta problemática se ha captado a partir de entrevistas con ejidatarios del municipio de Yautepec.
Uno de los rubros de la problemática es el agua. La urbanización descontrolada suele incidir en la contaminación del agua, por el vertido de drenajes a los canales de riego, reflejando la ausencia de atención estructurada en esta problemática. Las construcciones a veces invaden el derecho de vía de los canales, dificultando su mantenimiento. El acceso al agua de riego implica, por ley, el pago de derechos, pero hay resistencia de algunos a cubrir estos derechos, y por otra parte, los trámites burocráticos para acceder a la dotación del líquido son complicados para los ejidatarios.
Otro rubro es la pérdida de confianza en los dirigentes ejidales, cuya gestión incluye el acceso a los apoyos gubernamentales. Esto es, debe a la falta de transparencia en la administración del patrimonio, que se traduce en la sospecha de manejos turbios.
Estos, entre otros problemas, requieren solucionarse para fortalecer la actividad del campo, que es la producción de los alimentos básicos que todos consumimos. En este sentido, es alentadora la firma, a finales del 2024, del convenio para la tecnificación del Distrito de Riego 016, que comprende al Estado de Morelos, por parte de la CONAGUA y el Gobierno del Estado, que apunta a resolver una parte de los problemas del campo.
Como se dijo antes, fortalecer estas actividades es fundamental para el desarrollo agropecuario, y lo es también para contener y ordenar la expansión urbana, así como detener el deterioro ambiental y recuperar el valor sociocultural de nuestro estado.
* Investigador del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, especializado en desarrollo urbano y calidad de vida

