Un mexicano con todo

 

“La única manera de ser provechosamente nacional consiste en ser generosamente universal, pues evidentemente, nunca, nunca la parte se entendió sin el todo”. Siempre he entendido esta frase de Alfonso Reyes desde su labor diplomática, esto es, como una oración proverbial que alude al deber ser del mexicano, en su relación con otras naciones; como si tu casa fuera México y la generosidad de tus acciones con tus vecinos justificara el aprovechamiento de su espacio vital mismo; nuestra casa, su espacio vital y su aprovechamiento, su regocijo, pende de la generosidad de nuestras acciones con nuestros vecinos.

Como Octavio Paz refiere: “Para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia”.

Sin embargo, noto también en la frase de Reyes, no sólo un proverbio ético, como antes se ha dicho, sino, un proverbio ontológico, esto es, no sólo aludiendo a nuestro comportamiento con los otros, sino, a nuestro modo de ser como mexicanos. La propuesta, reflexiono, es así.

¿Cómo entender el tipo de relación sugerida, en la frase de Reyes, entre la parte y el todo? Primero: lo “nacional” refiere a lo “mexicano” por lo que la expresión “la parte sin el todo” equivale a “lo mexicano sin lo universal”. Por la misma razón, entonces, la expresión “nunca la parte se entendió sin el todo” significa “nunca lo mexicano se entendió sin lo universal”, siendo lo mexicano la parte y lo universal el todo.

 

Bien, ahora, una manera de entender la relación sugerida en la frase de Reyes, es, en tanto que relativa, por ejemplo, el piloto de la estufa de mi cocina es una parte de la estufa, así como la estufa es una parte de mi cocina; mi cocina es una parte de mi casa, así como mi casa es una parte de la colonia y la colonia es una parte de la ciudad; y así, sucesivamente, considero, ad infinitum.

Como puede apreciarse, en este tipo de relación, intuitivamente, la parte está en el todo, contenida en ella; pero, el planteamiento de Reyes, respecto a la ontología del mexicano, a cómo somos como mexicanos, no nos plantea ese tipo de relación, entre nuestra constitución como mexicano y nuestra relación con lo universal, esto es, en tanto que lo mexicano está contenido en lo universal.

Alfonso Reyes nos plantea, quizá contraintuitivamente, el sentido inverso a lo ya dicho, a saber, que la ciudad está en el piloto de mi estufa, contenida, y que, sin ella, sin la ciudad, el piloto de mi estufa no puede entenderse. La parte de la frase de Reyes, entonces, que dice: “nunca la parte se entendió sin el todo”, alude, no a un tipo de relación en el que la parte es relativa al todo, o es en éste contenida, sino que es con el todo, esto es, no sin que el todo esté en la parte contenida; a no ser con su ausencia.

“Ser generosamente universal para ser provechosamente nacional”, consistiría entonces, bajo esta lectura ontológica proverbial, en ser generosos con las proyecciones sobre el todo o lo universal, pues, sin ello, no podríamos entendernos ni aprovechar lo que somos como mexicanos; como Reyes, en otro momento, dice: “¿Cómo evitar que la imaginación nos transporte hasta nuevos mundos, partiendo de un dato científico y hasta de una cifra?”.

“Cuidemos, sí, cuidemos de apretar la tuerca que representa nuestro oficio práctico, pero no olvidemos la otra tuerca, la que nos prende al universo. Si el universo -decía Pascal- nos contiene por el espacio, nosotros contenemos al universo por el espíritu”: Alfonso Reyes.

* Profesor de Tiempo Completo de El Colegio de Morelos.

Aristeo Castro Rascón