

Disolución, espera y hartazgo
A menudo se dice entre los pasillos descafeinados que seguir noticias como las caravanas migrantes es intentar conocer el espectáculo fronterizo y se observa como un ejercicio estéril. La poca fertilidad ha construido una historia que se repite. Las caravanas migrantes son vistas como una táctica poco eficiente, porque el gobierno ha desarrollado estrategias de control y disolución a través de espera y hartazgo. Producen zonas de impunidad que no son denunciadas ni investigadas. Por ejemplo, el pasado 21 de octubre la Caravana Migrante por la Libertad fue disuelta por el gobierno mexicano, aquí algunas notas.
El primero de octubre de este 2025, personas migrantes salieron de Tapachula Chiapas, caminaron cerca de 300 kilómetros con lo que llegaron a Oaxaca a 500 kilómetros de la Ciudad de México. En su trayecto las personas migrantes denunciaron la constante insistencia por parte de las autoridades para ser devueltas al sur del país. Esto es una estrategia de disolución que a veces culmina en un retorno al centro de detención Siglo XXI, la cárcel migrante más grande de América Latina que se encuentra en Tapachula.
Este retorno implica algo que no está enunciado en las leyes, no es visto como una deportación forzada ante el derecho internacional, porque de Oaxaca a Chiapas no se cruzan límites Estatales, pero sí es un retorno o devolución forzada que se encuentra en un margen de impunidad que pocas veces es denunciado. En otras palabras, las personas migrantes caminan a pie kilómetros, con mochilas, víveres y los recursos que les quedan para cruzar México de sur a norte. Estos tránsitos son difíciles, porque el calor y la humedad implican deshidratación por el sudor. En los mejores casos, las personas suelen caminar en tránsitos vigilados por las autoridades locales y acosados por del Instituto Nacional de Migración. En otros casos los cruces están vigilados por grupos criminales.
Las consignas iniciales son que las caravanas rompen con las lógicas de control migratorio, pues ante la organización y la denuncia que emerge de lo marginal al centro: poco puede hacer el Estado. Las autoridades de manera constante ofrecen retornos ante la mediatización que provocan las caravanas. El gobierno mexicano hostiga a la persona migrante con regresarla, si se queda atrás o avanza demasiado rápido la caravana pierde volumen y son cooptados por las autoridades.
La disolución efectuada por el Estado está llena de trampas, o al menos así lo describen algunas personas migrantes, les ofrecen visados, pero les retornan a Siglo XXI o les deportan. Algunas veces les cumplen, pero les envían a oficinas en Tabasco, Oaxaca, Chiapas o Ciudad de México con la intención de que los grupos sean cada vez menos visibles. Estos retornos o disoluciones no son vistas como estrategias ilegales. Pero sus efectos son graves, las personas usan sus recursos para moverse, pero pierden sus oportunidades al ser separadas, son colocadas en un margen abstracto y confuso porque México es un territorio muy extenso. En muchas ocasiones, grupos criminales cooptan todo tipo de movimiento.

Las personas que sí lograron obtener visados denuncian otro tipo de encierro, pues sus documentos no tienen validez para “dejarles pasar”, muchas veces los documentos que les brindan son visados temporales para futuros solicitantes de asilo que les remiten a sólo poder transitar el Estado en donde se les otorgó dicho documento. Así, cuando las personas intentar seguir su paso hacia el norte son detenidas y retornadas a esos Estados.
La disolución de las caravanas implica colocar a las personas migrantes en una situación de vulnerabilidad e intentar desarticular sus tácticas de cruce de fronteras. Este tránsito es todo un pasaje que intenta normalizar ritos y pedagogías de control, espera y hartazgo. Las condiciones de espera producen una continuación de la violencia que no es mesurable por leyes nacionales o internacionales.
En general, las caravanas son oportunidades para comprender las tensiones entre el movimiento y la inmovilidad producida por los gobiernos. Esta disolución suele ser leída como una victoria por parte de los regímenes de inmovilidad internacional. El espectáculo fronterizo no permite comprender otras sutilezas aún latentes ¿Qué ocurre con las personas que se quedan atrás? Hay quien sí logra cruzar de sur a norte ¿Cómo lo hacen? ¿Qué estrategias desarrolla el gobierno mexicano para controlar de manera más eficiente su territorio? ¿Qué efectos tienen estas historias en la narrativa migrante? ¿Qué podemos aprender de la desobediencia frente los autoritarismos de inmovilidad en la región?
*Momoxca, internacionalista, escritor y migrantólogo.

