

Lo complejo de la transformación
Para que una sociedad transite de un régimen político y económico a otro, se requiere que existan condiciones de posibilidad de distinta índole. En México se ha concluido el séptimo año consecutivo de gobierno de un movimiento social convertido en partido político, en alianza con partidos políticos preexistentes, cuya finalidad se expresa en la fórmula de “la cuarta transformación nacional”.
Hay quienes afirman que la palabra “transformación” es un exceso, en relación a los cambios hasta ahora instrumentados, y los que aún están proyectados. Se argumenta que el modelo de desarrollo económico que en realidad se está impulsando es de alguna manera revivir la etapa conocida en México, como la del “desarrollo estabilizador”, que abarcó el período comprendido entre los años 1954 y 1970.
Este modelo de desarrollo económico se caracterizó básicamente por el incremento continuo y sostenido del Producto Interno Bruto del orden del 6-7% en promedio (este indicador está aún lejano de alcanzarse), por la estabilidad macroeconómica, por la búsqueda gradual de la substitución de importaciones, por el fomento de la industria nacional, por cuidar el tipo de cambio, por el impulso al mercado interno, y por el control del gasto público. Todo lo anterior bajo un modelo económico capitalista, con la modalidad de economía mixta la cual combina elementos de libre mercado, con elementos de intervención estatal, buscando atender al mismo tiempo la eficiencia económica y la justicia social.
Por su parte, otros señalan que la cuarta transformación en lo económico es en esencia el contrapunto del modelo neoliberal instrumentado entre 1982 y 2018, el cual priorizó al mercado, sobre la atención de las necesidades de la gente. En ese sentido, el actual gobierno hace énfasis nuevos, bajo el modelo capitalista, pero dándole prioridad a los pobres; y, a diferencia del desarrollo estabilizador, canalizando importantes montos presupuestales a programas sociales para el apoyo de prácticamente todos los grupos de población, mejorando sustantivamente el ingreso de los trabajadores, y asegurando que el crecimiento económico se traduzca en desarrollo equitativo. Lo que queda claro, aunque muchas gentes no lo acepten, es que para que la economía de un país sirva a la mayoría de la gente, tiene que haber planeación y control gubernamental. El libre mercado es tan inviable en sus intenciones, como lo es una sociedad comunista.
La transformación de una sociedad es algo más que manejar de manera distinta la economía. Existen también los ámbitos políticos, jurídicos y culturales los cuales también son materia de transformación.

En el ámbito político, el país sigue siendo republicano y federal, con sus tres poderes y tres órdenes de gobierno. En este aspecto, siguen vigentes las inconsistencias de nuestro modelo federalista que en la realidad opera como república centralista. El cambio más importante que hasta ahora se ha dado es el referente a la elección de los ministros, magistrados y jueces del Poder Judicial. Este cambio respondió a dos cosas, por un lado, romper el cerco de corrupción y beneficios que caracterizaba a este poder de la Federación, y por otra, ampliar el campo de derecho ciudadano de elegir a las personas que ejerzan cualquier tipo de función gubernamental. Los resultados de este cambio están por verse.
Otro aspecto central en el ámbito de la transformación política es que los cambios se generen de manera pacífica, sin tener que recurrir a la violencia o imposición gubernamental, o en su extremo, una guerra civil. Los cambios que se buscan son para alcanzar o mejorar la libertad y el ejercicio real de los derechos de los ciudadanos. Es deseable que se realicen en base a consensos sobre temas esenciales. Este aspecto no se ha logrado a plenitud, ya que desde el inicio del régimen de la cuarta transformación una minoría ciudadana, pero poderosa por contar con los medios de comunicación y con la capacidad de operar como poderes fácticos, se han opuestos sistemáticamente a los cambios promovidos por el nuevo gobierno, sin mucho éxito, pero con mucho desgaste inútil de la energía ciudadana.
Vinculado a lo anterior, una transformación requiere de la modificación del corpus jurídico del país, articulado alrededor de la Constitución Política o Carta Magna. En esta materia sólo pocos cambios se han logrado por consenso. La mayor parte de las modificaciones a las reglas de juego de la sociedad mexicana han sido por mayoría de votos de los partidos políticos de la alianza gobernante. Como siempre, los cambios más cuestionados y debatidos, por quienes tienen el voto para hacerlos realidad, son los que tocan directamente a la elección y acceso a los puestos de gobierno, así como al cambio de prerrogativas de todo tipo que los benefician.
Es impensable una transformación social sin la participación activa de los habitantes. Dicha participación se puede manifestar de muchas maneras. La más elemental es acudir a las urnas. Otras formas de participar tienen que ver con comportamientos individuales frente a los demás, o comportamientos grupales frente a la problemática específica de una sociedad específica. En esta materia, son indispensables el cumplimiento de una tributación progresiva, con derecho a decidir a qué se deben aplicar los impuestos, así como la lucha contra la corrupción y la impunidad.
La transición de un régimen a otro es algo complejo y abarca acciones simultaneas en múltiples campos. Hay que valorar objetivamente si México se está transformando, o simplemente está haciendo funcional un sistema en decadencia.
*Interesado en temas de construcción de ciudadanía

Imagen cortesía del autor

