Gustavo Garibay

Me encanta Dios… Y por eso inventó la muerte: para que la vida, no tú ni yo,

la vida, sea para siempre.

Jaime Sabines

Muchas cosas que creemos tradicionales y enterradas en la bruma de los tiempos son en verdad producto como mucho de los últimos siglos, y con frecuencia aún mucho más recientes.

Anthony Giddens

Hace 45 años Nora Brie Gowland llegó a México, en donde desde 1993 comenzó a trabajar la cartonería. Famosas son sus obras plásticas, piezas cartoneras e instalaciones, algunas son reflejo de su compromiso político para denunciar la violencia feminicida, pero también sus alegorías de las tradiciones y leyendas populares de esta región suriana, como la de Las viudas de Juan carnaval, del Tilcuate y La Llorona, pero también sus baúles, cuya maestría y belleza resultan de su talento en la técnica cartonera, el manejo del color y una factura impecable en la elaboración de su propia pasta de cartón reciclable.

Desde el pasado 10 de octubre, en el Museo Centro Cultural del Chinelo (MUCECCH), Nora expone lo que tal vez sea su mayor fascinación cultural por México, la muerte, o mejor dicho la representación que nuestros pueblos hacen de ella, y de su admiración a la obra gráfica de José Guadalupe Posada, el demiurgo de La Calavera Garbancera, y que Diego Rivera renombraría como La Catrina en su mural «Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central».

“Después del Brinco” es una instalación que nos introduce a la Cantina el Brinco, en donde en una escena cotidiana, que nos es común a quienes departimos de la Fiesta del Carnaval: una barra, tragos, amistad, conversación, fiesta, color, juego. La fiesta es goce porque es libertad.

“Aprendí que en este país la muerte se celebra, aunque duela. Con los amigos también llegaron algunas despedidas, pasando, como el común de los mortales, por el momento amargo y el dolor de la partida que se soporta con el canto y la bebida. La muerte se trasciende con la profunda e incomprensible forma de arrimarla a la vida, sentarla aquí cerquita, hablarle, bromear con ella.” Nos dice Nora en el texto introductorio a la instalación.

Hay por ahí un gesto solidario con el pueblo palestino ante la infame guerra genocida del Estado de Israel contra la Franja de Gaza: una sandía tricolor cubierta por una kufiya o kefia de cartón, el pañuelo tradicional de Oriente Medio y Arabia.

Con la lucidez de su pensamiento siempre profundo, agudo y crítico, en esta instalación, esa otra forma de ofrenda secular desde el arte, en medio de la fiesta mundial de la barbarie Nora Brie nos recuerda que: “En los últimos años nos hemos visto envueltos en una horrorosa muerte que nos persigue, violenta y colectiva, sin derecho al entierro, al dolor íntimo. No es la muerte, frontera de la vida, que se conmemora cada año, es la muerte multiplicada en la sinrazón, la avaricia y la corrupción que deseamos y debemos detener, en Yautepec, en México y en el mundo. Queremos volver a aquella muerte, la que nos encuentra a veces inesperadamente, pero nos permite aceptarla y trascenderla. Esa que regresa bromeando, la que, con sus piernitas flacas al aire, sentadita en la silla de junto, se echa su alipús mientras agradece la invitación a celebrar.”

La instalación está dedicada a un amigo, Adrián Belaunzarán, “indiscutible amante del carnaval, de quien conservamos su sonrisa, sus abrazos, su alegría”, amigo de la artista y de quine esto escribe. “Honrando a quienes partieron, me sacudo ese manto oscuro de la muerte impuesta que no da respiro y arruga tanto el corazón y les convoco a celebrar como antaño. Allá, del otro lado de la vida, también es carnaval”, escribe Nora, como quien confiesa sus nostalgias de la muerte.

Nora nació en Argentina, en donde hizo las carreras de maestra en Recreación y Agronomía. Por su activismo político de izquierda la matrícula le fue cancelada. Durante la dictadura militar vinieron años de asedio policiaco y militar que le llevaron a recorrer 8 países entre Europa y América Latina hasta su exilio en México en 1980, en donde luego de nacionalizarse estudió Ciencias Políticas en la UNAM continuó con su solidaridad activa con las luchas sociales: la del campesinado michoacano liderada por el purépecha Elpidio Domínguez Castro, asesinado en 1988; del derecho a la vivienda luego del sismo de 1985 en la Ciudad de México; y de su trabajo como creadora y artista, pero también como promotora cultural en defensa de los derechos culturales, con logros colectivos como la Ley de Cultura y Derechos Culturales para el Estado de Morelos, iniciativa originada por el movimiento Cultura 33+3.

Nora vive en Yautepec desde 1993, en donde ha destacado por su trabajo cultura: la creación del Museo Comunitario, la recuperación de la Casa de la cultura Virginia Fábregas, la iniciativa de Ley de Cultura y Derechos Culturales del Estado de Morelos de la que desde la edición fue una sagaz defensora de lo que la población nos pidió en las consultas populares que llevamos a cabo en todo el estado frente a los embates caprichosos de servidores públicos y legisladores ignorantes. Nadie como Nora de familia de artistas, teatreros, dramaturgos, libreros, sabe honrar la amistad, libre y franca de pensamiento, esa pasión argentina, como diría Jorge Luis Borges. “Siempre he estado vinculada a las artes plásticas porque eso viene desde que soy muy niña, siempre dibujé, siempre pinté, siempre hice cosas en ese ámbito y siempre me acompañaron, siempre fue una actividad paralela pero querida, entrañable y que la necesito para respirar de otras cosas.”

“No niego la cruz de mi parroquia, mis padres fueron promotores culturales, mi madre, además, estaba en la docencia y en el teatro, los dos, entonces la actividad cultural es algo que me atraviesa desde que yo tengo uso de razón, no puedo desprender mi vida de eso, mi padre, además, tuvo librerías, fue un ámbito que me construyó siempre, siempre tuve eso alrededor y siempre que tuve la oportunidad, donde estuviera, me vinculaba a actividades culturales”.

La casa de Nora ha sido la sede de innumerables tertulias, en donde siempre hay un menú para quien llegue: palabra, poesía, literatura, solidaridad, consejo razonable y razonado, rigor intelectual nunca prejuicio ni racismos de la inteligencia, probidad ética y moral de quien sabe que no hay mayor aristocracia que la que ennoblece el espíritu.

“Llegué a México hace 45 años y, he de confesar, quedé deslumbrada. Una de las fiestas tradicionales que más me atrajo desde siempre fue la de Día de Muertos, celebración que fui incorporando y digiriendo paulatinamente. No fue fácil, a dos meses de haber pisado este país, ver a mi pequeño salir del kinder con una calaverita de azúcar en la mano, con su nombre, comiéndosela. Y visitar Pátzcuaro y quedarme perpleja ante el colorido, la laboriosidad y dedicación para montar las ofrendas, el aroma del copal, las flores de cempasúchil, todo en una fiesta profunda, con la gente moviéndose como brisa suave, afanada en los quehaceres para recibir a sus seres queridos que ya habían partido y que, en ese, su día, llegarían puntuales a compartir el mole, los tamales, un trago, el pan y la sal, el amor eterno.”

No se pierdan «Después del Brinco» una exposición que celebra la manifestación más poderosa de México que celebra la vitalidad cultural de sus pueblos, ¡oh paradoja¡, la muerte. El Mucecch abre sus puertas de miércoles a domingo, en horario de 10:00 am a 6:00pm.

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Imagen cortesía del autor

Gustavo Yitzaac Garibay