
Fernando González Domínguez*
Ese era el nombre de un programa de entrevistas que luego se hizo libro. Me lo regaló su autor dedicándome el calificativo “gran cuate de la vida” nada menos. Acaba de partir para siempre el periodista Jorge Meléndez Preciado. Era un hombre bueno y divertido. Hizo amigos por todas partes: desde la academia con sus alumnos después de dar clases durante más de treinta años en su querida UNAM hasta los miles de reporteros, editores, productores y todo tipo de periodistas que conoció durante casi 60 años de ejercicio periodístico. Fue amigo de muchos -y enemigo también- a propósito de su trabajo. Fue productor de radio también por décadas de ejercicio profesional. Era lo que podría decirse un histórico de Radio Educación, donde nos conocimos en los lejanos ochentas “bajos” dicen hoy. Produjo y condujo series radiofónicas dedicadas al análisis político de manera desenfadadas. Recuerdo sus emisiones con su compadre Froylán López Narváez de alta audiencia.
Nos conocimos un jueves que me presenté a su cabina de radio en la estación de la Secretaría de Educación Pública para producir el primer programa de la serie “Los Jóvenes” patrocinado por el Consejo Nacional de Recursos para la Atención de la Juventud CREA. Los conductores eran Ángeles Mastretta y Virgilio Caballero. Jorge era el productor y yo el coordinador. Duramos unos tres años al aire. Cada semana nos veíamos los jueves para editar los materiales, y los sábados para transmitir en vivo. Siempre fue generoso con mis propuestas, algunas elaboradas desde la inexperiencia. Lo asumía comprensivo. Nos fuimos haciendo amigos y nos empezamos a frecuentar en tertulias, comidas y tragos con amigas y amigos comunes
Fue columnista político destacado especializado en medios de comunicación. Jorge fue ante todo un comunicador preocupado por el bienestar de sus colegas que siempre procuró con su amistad y una solidaridad gremial poco común.
Autor de cientos de miles de palabras impresas y platicadas en los más diversos medios fue autor de libros-herramienta de universitarios en ciencias de la comunicación. Entre las decenas de esquelas y textos en redes he leído varias expresiones de reconocimiento, admiración y cariño de sus alumnos a su profesor.
Se formó en la universidad de la vida además de la academia. Creció a la venturosa sombra de su hermano Hugo Tulio, fallecido joven hace 42 años según el propio Jorge recuerda en una de sus “Boticas”, como bautizó a sus columnas periodísticas. Le tenía especial admiración y respeto como su hermano menor. Jorge siempre le tuvo como el faro que le guiaba en decisiones importantes. Jorge de origen humilde, viajó al extranjero a estudiar en tiempos difíciles para las izquierdas. La influencia de Hugo Tulio, especialista en temas agrarios, formó un razonamiento crítico que le provocaron no pocos sinsabores y desencuentros, especialmente con dueños y directivos de medios. Jorge le entraba a cualquier proyecto social de medios. Podría definirlo como un todo terreno.

Dijo el fotoperiodista Alejandro Meléndez, su hijo, que el día triste de su partida se tornó en un día feliz de despedida al ver a tantos amigos que le fueron a acompañar a su viaje final. Bella estampa de un funeral muy de acuerdo con el modo de ser del Jorge que todos disfrutamos.
Hubo muchas expresiones en redes que lamentan el deceso de Meléndez a sus ochenta y un años recién cumplidos en diciembre. Tuvimos una última llamada hace unos días a propósito del nuevo año. Me marcó para agradecerme los saludos navideños y comprometer un desayuno con nuestro amigo común Alejandro Olmos en cuanto saliera de su próxima cirugía. Le llamé para enterarme de su convalecencia. La cirugía se había pospuesto unos días. De todas formas, confirmamos vernos en “El Cardenal” de San Ángel que era de sus favoritos antes de volver a su segundo hogar en Puebla resuelta la operación.
(En alguna ocasión, comiendo en una cantina, La Guadalupana de Coyoacán -creo- nos platicó a los comensales de su mesa cuando iba con su amigo “El Moradito” a la escamocha. ¿Qué es eso? le preguntamos todos. Explicó: son las sobras de los restaurantes y fondas que se almacenaban en locales atrás de la Lagunilla. La gente iba a comprar porciones de desperdicios a ver si pescaba un pedazo de carne o de pollo despreciado por clientes pudientes -aún no se usaba fifís– pero que bien podían ser aprovechados por clientela de más bajo nivel que apostaban a la lotería de las sobras. Eran sus tiempos duros. No había pa`más.)
Nos vimos en todo tipo de establecimientos. La mayoría cantinas que hoy por hoy ya no existen. Recuerdo juntas en “La Dolores”, “El Tío Pepe”, “El Nivel” “La Providencia” “El Salón Palacio” “El Bar Gante” “El Gallo de Oro” “La Faena” “La India”, “El Bosque”, “El Mirador”, “El Salón de los Espejos” y “el Salón Corona” de aquellos días. ¡Cuántas charlas de cantina! Todas ellas se sumarían a los viajes que hicimos con la UPD y los encuentros en universidades y plazas en donde seguíamos a Meléndez en sus esfuerzos gremiales. (perdón Jorge, ya me dio sed, aguántame.)
Era muy sarcástico, irónico es sus comentarios semanales que revelaban una agudeza y un análisis concienzudo de las situaciones más cotidianas. De memoria privilegiada a veces cunado tomaba la palabra no era interrumpido hasta agotar las referencias de una sabrosa anécdota.
Colaborador de numerosas publicaciones pasó también por ediciones de este diario jornalero que no son sino el camino obligado de un periodista al que nunca se le cerraron las fuentes de publicación por haber dicho o escrito alguna verdad dolorosa. Nunca una mentira o imprudencia.
Fue editor del suplemento cultural “El Búho” dirigido por su amigo René Avilés Fabila para el periódico Excélsior. Coordinó la cátedra de don Miguel Ángel Granados, y honró a su gremio poniendo la cara siempre sin cerrar los ojos a cualquier injusticia del medio. Esta especie de Elegía no es de ninguna manera los brotes de cualidades de los que ya partieron que se acostumbra de manera chabacana con quienes ya murieron. Es la neta en sus propias palabras. En Jorge se respiró siempre el sano aliento del inconforme y solidario así tuviera que dejar temporalmente alguna tribuna.
En el aniversario de la muerte de Manuel Buendía me propuso como uno de los tres oradores en el tradicional mitin del Monumento al Zarco. Siempre con la convicción que los jóvenes debían tomar la palabra en las plazas y los medios me propuso intervenir como representante de la Asociación Nacional de Estudiantes de Comunicación. Hablamos Paco Huerta por los conductores icónicos de la radio y la tv de carácter social, Fernando González por los chavos, y Jorge Meléndez por los periodistas. Todos estábamos indignados a un año del asesinato de Manuel Buendía sin saber cabalmente que pasó. Al concluir ese mitin Jorge lo alivió invitando unos tragos y unas tortas de bacalao y pulpo en el original Salón Corona de Isabel La Católica que era muy de su agrado.
Estuvimos muchas ocasiones en el club de Corresponsales Extranjeros de México en la colonia Cuahutémoc. Bebíamos barato y componíamos el mundo siempre con la guía amistosa y pacahanguera de Jorge al frente. Había logrado que la Unión de Periodistas Democráticos tuviera una presencia importante en el gremio y entre los iguales de diferentes agrupaciones. Fundada y dirigida inicialmente por Renato Leduc; el propio Miguel Ángel Granados fue su presidente. La dirigencia de Jorge fue muy “horizontal”. Buscó siempre por los derechos del gremio. Llegamos en esa directiva a sentarnos con el jefe de Gobierno y el secretario del Trabajo para demandar un salario mínimo para los periodistas. Ese fue el objetivo de su mandato al frente de los colegas.
Una ocasión hicimos un baile en el “Salón Colonia” para recaudar recursos para la unión de periodistas. Sus contactos y buenas relaciones permitieron que consiguiéramos un donativo en especie de …¡Ron Bacardí! “Vete a esta dirección con este señor. Te va a dar todas las botellas que quepan en tu coche”. Llevamos tres coches, y tres coches se llenaron. Amigo del publicista número uno de ese entonces le regaló a la UPD ron para venderlo en su baile y sacar fondos para la asociación civil. Llegó la hora del baile y el desorden prevalecía. Acostumbrados los periodistas a pedir sólo unas cubas no pedían botellas pues no alcanzaba para tanto. Los meseros llegaban a la barra por tres o cuatro “cubitas”, y nuestro arsenal de bacacha seguía casi intacto. Jorge me preguntó como íbamos y le dije muy lentos. Casi nadie pide por botella. Estamos vendiendo por “goteo” le dije desde la caja improvisada que habíamos montado. “Hagan una promoción, un descuento, una rebaja para que se realicen todas las botellas si no, no habrá para pagarle a los meseros, garroteros y afanadoras”. Los músicos aceptaron la invitación de Jorge a hacerlo de a grapa, pero había pagos inevitables que a Jorge le preocupaba cumplir cabalmente. Por el sonido local se anunció: “Llévelo, llévelo” y con un descuento del 60 % agotamos las reservas. Pagamos lo necesario y todavía quedaron unas cajas de ron para una o dos fiestas. Nunca contamos con ningún ingreso por el baile, pero al menos salimos tablas.
Me invitó en uno de esos almuerzos sabatinos que celebrábamos al salir de la Radio, a acompañarle a su campaña por la presidencia de la Unión de Periodistas Democráticos. Lo hice como promotor de estudios profesionales pues decía Jorge que había que estimular a la titulación de centenares de periodistas en activo que nunca habían cursado una carrera, pero gozaban del conocimiento y la experiencia superior a muchos egresados de las escuelas de comunicación. Con esa cartera acompañé a viejos zorros del periodismo mexicano por diversas plazas de la república en donde el presidente de la UPD era recibido con mucho afecto e interés.
Conferencias más viajes más programas de radio más fiestas y cocteles me permitió trabar una relación frecuente y afectiva con Meléndez Preciado. Ni de lejos fue de su círculo más más íntimo; creo que estuvimos siempre muy cerca pero con la distancia de no vernos diario y habernos dejado ver por temporadas. Yo lo leía siempre en sus colaboraciones en diarios y revistas que orientaban muchos de mis criterios en los relevantes temas de medios.
Jorge era muy carismático e inteligente. Tuve el honor de haber sido invitado a cenar en su casa y a la vez de recibirlo en la mía en compañía de muchos de las y los dolorosos escribientes de estas horas de su partida. He leído en estas horas a mis amigas y amigos Elvira, Laura j., Laura Elena, Rodolfo, Alejandro, Rogelio y decenas más que en sus plataformas recuerdan a un gran amigo. Ese es el tono que estoy seguro él hubiera escogido.
El Negro también
De ese mismo grupo y con diferencia de unos días partió recién otro amigo de la vieja guardia de aquél entonces, Rodolfo “El Negro” Guzmán. Formaba parte de la directiva de la UPD en calidad de vicepresidente. El chiapaneco también mayor que yo me dio la oportunidad de tratarlo y aprenderle algunas mañas del oficio. Mi relación con el “Negro” fue más corta y en cierto sentido formal por la naturaleza de su trabajo. Fue director de diversas áreas de comunicación públicas. Le visité en el CREA donde fungía como Coordinador de Comunicación. Me apoyó en todo lo que le planteamos para hacer un congreso juvenil en aquellos años. Fue colaborador cercano de Ricardo Rocha en alguna época de Televisa. Ambos periodistas produjeron un reportaje por una matanza de indígenas chiapanecos. Transmitían dolor y tristeza en sus imágenes. “El Negro” Guzmán no aguantó y lloró en vivo desgarrando más al televidente. Mis respetos a Guzmán, Descanse en paz con su amigo George.
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Va un abrazo en estas letras a quien estoy seguro está sufriendo la partida de su compadre querido, su compadrito Rogelio Hernández: Para muchos el mejor reportero de especiales que seguro le estará llorando un par de lágrimas sentidas por el querido colega y compañero de miles de batallas. Te abrazo Rogelio.
Cito a la amiga común Elvira García. Cuenta la periodista que alguna vez Jorge Meléndez intervino para que se pudiera velar a un viejo periodista abandonado por su familia, pero no por sus amigos. Se trató del Güero Tellez, maestro de la prensa policiaca que partió en desgracia. Los buenos oficios de Elvira y Jorge le consiguieron la capilla 6 de un velatorio en el sur de la ciudad. A ella llegó el día del amor y la amistad el cuerpo de Meléndez confirmando que la vida es un regalo.
Termino con la tonada inicial de la canción “Tus Ojos” tan del gusto de Jorge Meléndez Preciado que si había lugar la pedía si era en vivo o la buscaba si había rockola. Seguro lo llevaba a imaginarse en otro lugar y con otras personas Debe estarla pidiendo a donde quiera que esté. Te abrazo. Desayuno pendiente. Gracias por tu amistad.
* Director general de Factor D Consultores


