(Segunda de tres)

 

En 2012, Cultura 33+3 surgió como un movimiento de avanzada que empujó la agenda cultural estatal. Su aparición fue agua fresca en la ruta de los movimientos sociales surgidos en tierras morelenses, siempre vinculados al reconocimiento de sus derechos y a la reivindicación frente a los agravios históricos. Por un desarrollo incluyente de la cultura en Morelos ha sido algo más que un eslogan de mercadotecnia, pues se convirtió en el evangelio del movimiento.

Al tiempo que guía y agenda política, la impronta del modelo de trabajo del movimiento, de naturaleza colectivista, ha hecho de la defensa de los derechos culturales y su reconocimiento un itinerario político que luego de 12 años ha rendido frutos que algunos desestiman. Anoto 5: 1.-Inaugurar el debate cultural contemporáneo entre el Estado y la ciudadanía, específicamente el sector cultural; 2.-Estimular la participación ciudadana en materia de derechos culturales; 3.-Generar espacios de participación a través de asambleas, foros de reflexión y de diagnóstico colectivos.; 4.-Propiciar espacios y mecanismos de interlocución entre agentes políticos, especializados y culturales; y 5.-Diseñar un instrumento efectivo para la defensa de los derechos culturales y el biopatrimonio cultural del Estado: la Ley de Cultura y Derechos Culturales del Estado de Morelos.

Me detengo en el último punto. La Ley de Cultura y Derechos Culturales establece la creación del Consejo Consultivo de Cultura de la Secretaría de Cultura, recientemente integrado y del que esperamos haya una digna representación de los intereses diversos de sector cultural y que sólo vayan a aparecer como el rimbombante directorio que suele utilizado para avalar arrogantes iniciativas o proyectos absolutamente unipersonales, ocurrencias pues.

Como lo dije en el artículo anterior, tenemos la obligación de auditar el ejercicio del poder público para que exista un real proyecto y una política cultural que esté verdaderamente cimentada en la participación de la ciudadanía y en las agendas del sector cultural, mismo que tiene que asumirse como un agente político, que incida en la conformación y diseño de las instituciones culturales.

Preocupa, por ejemplo, que el llamado Consejo de la Memoria Histórica solo esté integrado por personas servidoras públicas. ¿No era importante la voz ciudadana como necesario equilibrio para la construcción de una agenda más allá de las posibilidades institucionales? Siempre defenderé el poder creativo y la proactividad de la ciudadanía. Y no porque desestime a quienes conforman el Consejo, por el contrario, me parece valioso, muchas de las personas que lo integran son amistades. Me disculparán, pero una instancia encerrada en una sobrerepresentación institucional es una expresión antidemocrática, de falta de pluralidad.

Desconozco quién o quiénes hayan participado en el diseño de la figura, de su convocatoria, de sus lineamientos o criterios de conformación. Tal vez la enmienda venga con la incorporación capitular de cada una de las municipalidades, que no solamente de las titularidades de cultura y/o patrimonio de los ayuntamientos.

Celebro el encuentro estatal de la Secretaría de Cultura con autoridades en la materia en el ámbito municipal, pero se va haciendo tarde para reunirse con el sector cultural, de cara a los foros para el diseño del Plan Estatal de Desarrollo y el Programa Sectorial de Cultura. Han pasado cinco meses, tiempo precioso para empujar un verdadero proyecto cultural de Estado, como se estableció en el primer acuerdo de los Compromisos para el Desarrollo y la Transformación Cultural de Morelos, firmados entre la hoy gobernadora Margarita González Saravia e Integrantes de Cultura 33+3:

“1. Consultar ampliamente a la población en general, y al sector cultural en particular, para la elaboración del Programa Sectorial de Cultura 2024-2030, desde un enfoque intercultural, interseccional, con perspectiva de derechos humanos y de género, para la erradicación de las violencias y la construcción de una cultura de paz.

  • Diseñar un proyecto cultural incluyente, descentralizado, participativo y equitativo presupuestalmente, para atender las necesidades de los municipios y comunidades.
  • Programar mesas de trabajo con los subsectores del ámbito de la cultura para la elaboración de diagnósticos y la construcción de propuestas que identifiquen y atiendan necesidades específicas y demandas históricas.
  • Priorizar la incorporación de acciones a favor de grupos en situación de vulnerabilidad: mujeres, niñas, niños y adolescentes, personas de pueblos originarios y afrodescendientes, personas de la comunidad LGBTTTIQ+, y personas adultas mayores, entre otras.”

Por todo lo anterior, es deseable que la Secretaría de Cultura se abra a la pluralidad, y a lo que ello conlleva, el consenso y el disenso. Las razones de estado, el secretismo y el egoísmo para diseñar proyectos de Estado política pública, son alusiones a un pasado autoritario. Estructuralmente la apertura de la institución no ha sido una cualidad. Oír no es escuchar. Tal vez por eso leo un intencionadísimo alejamiento de Cultura 33+3 ¿Temor? ¿A qué? No hay motivos. Cultura 33+3 ha sido un movimiento vinculado a la izquierda histórica, hermanado con diversos movimientos y personajes sociales, que omito nombrar para no hacer gala de oportunismo.

En tiempos electorales otra fue la historia. Ahí la cercanía y la comunicación fue efectiva y puntual. La administración estatal es joven, y enfrenta severos problemas, como el de la inseguridad y la terrible violencia heredada por las últimas administraciones. Debemos ser pacientes y coadyuvar, si nos lo permiten. De lo contrario, el derecho a participar puede ser un correlato al poder que no mira, que no escucha, y que pareciera comenzar a olvidar sus compromisos. Quiero equivocarme.

Lo diremos siempre, si no es cultural, y por supuesto colectiva, no es transformación.

Gustavo Yitzaac Garibay