

PRIMERO MÉXICO
No hay plazo que no se cumpla, y hoy llegó el tan temido en muchos rincones del planeta, día del juramento de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de América.
A pesar de miles de obstáculos de distinta naturaleza, el prepotente y provocador personaje regresa a la Casa Blanca, al parecer, con ánimo de cobrar facturas del desprestigio personal que amigos y enemigos le generaron, y, sobre todo, para tratar de salvar la cuestionada hegemonía de su país, en un mundo cada vez más dispuesto a buscar otras formas de organización mundial.
Mucho hay que pensar, sobre el hecho de que la figura, personalidad y pensamiento de un solo hombre provoque tanta inquietud e inestabilidad en el mundo. Algo está muy mal en la forma actual de organización de las relaciones internacionales, principalmente en materia de comercio y de seguridad, si se considera que la elección de una persona puede desequilibrar y poner en riesgo la estabilidad de los miles de millones de habitantes del planeta.
No hay duda de que estamos transitando hacia un nuevo orden mundial, aunque no queda claro cómo habrá de conformarse. Desde luego que quien tiene actualmente el poder hegemónico no lo habrá de ceder gustosamente, sino todo lo contrario. A lo largo de más de un siglo, los países que conforman el eje anglo/sajón/judío han hecho ya demasiado daño a la población de múltiples países, utilizando las instituciones internacionales políticas, económicas y culturales que ellos mismos crearon para su beneficio y bajo su control.
Estos países hegemónicos, liderados por los Estados Unidos de América diseñaron e impusieron su propio modelo de vida y su propio esquema de valores, desfigurando formas culturales de convivencia, y desmantelando gradualmente estructuras y condiciones nacionales de soberanía y autosuficiencia. Baste como ejemplo mencionar los innumerables golpes de estado que promovieron, las invasiones a países que buscaban definir su propio camino, los tramposos mecanismos para generar deudas impagables, y las formas de imposición y divulgación de contenidos culturales, a través de la industria de Hollywood, de los medios de comunicación convencionales escritos y electrónicos influidos por la visión hegemónica preponderante en Occidente, y sumado a ello, del hasta ahora poder omnímodo de las múltiples plataformas sustentadas en la internet.

Es también de dar vergüenza, la forma en que los mediocres gobernantes de los países “aliados” de los Estados Unidos se han sometido a ese hegemón, sin importar el sacrificio impuesto a sus propios gobernados. No alcanzan tampoco los calificativos para describir el genocidio palestino que está siendo perpetrando por Israel, esa caricatura de país creado por decreto por los anglosajones, en 1948. Es también de no creerse el irracional e inducido odio europeo por todo lo que tenga que ver con Rusia y China.
La decadencia del llamado “norte global” es evidente. Las condiciones de vida de sus habitantes ya no son las de hace un par de décadas, sus poblaciones están polarizadas políticamente, no saben qué hacer con su perfil demográfico, se tambalea el gran proyecto de la Unión Europea, países tradicionalmente neutrales y de acogida, como los nórdicos y Canadá, se tornan en países bélicos sometidos a las reglas del Tratado del Atlántico Norte, Alemania como motor del desarrollo europeo perdió la brújula y su potencia, Francia no sabe qué hacer con su deuda, y así cada país de esa región del mundo tiene su problemática.
El problema de fondo es que Estados Unidos y sus “amigos y aliados” no tienen ya nada que ofrecerle al resto del mundo, en cuanto a escenarios deseables de futuro. Sus tan alabados sistemas democráticos son ya sólo formalidades sin mayor significancia para un auténtico cambio. Están carentes de ideas y de proyectos aglutinadores al interior y al exterior de ellos. Lo único que se les ocurre para seguir manteniéndose como “países desarrollados” es construir y usar armamento de todo tipo, así como generalizar los bloqueos comerciales a países no sometidos. Es por la fuerza como quieren seguir liderando al mundo, sin importar que sufra su propia población y la de otros países.
Nuestro país, como parte del llamado “Sur Global”, no puede ignorar, ni estar ajeno a toda esta situación, en razón de que hasta ahora nuestras vías y caminos de bienestar están íntimamente ligados a lo que hace y deja de hacer nuestro vecino país del norte. Estamos insertos en el modelo de capitalismo occidental que está en crisis, por haberle apostado a la especulación financiera y no a la economía real.
Hasta ahora, la presidenta de nuestro país ha mostrado tranquilidad y confianza frente a las provocaciones verbales de quién a partir de hoy conducirá a ese país. Por lo pronto ya presentó sus 100 acciones prioritarias, el Plan México de activación económica, y está en consulta y definición el Plan Nacional de Desarrollo 2024-2030. Lo importante es que tengamos claro lo que como país queremos hacer para lograr el bienestar de toda la población, y no para facilitar la acumulación de riqueza de los grandes corporativos mundiales.
Soberanía, autosuficiencia y complementación deben ser los grandes ejes de política nacional, sumados a la eficiencia y honradez en el servicio público, y a la conciencia de corresponsabilidad social de todos y cada uno de los habitantes de este nuestro país.
*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

