UN AÑO NUEVO DISTINTO

Está a punto de terminar un año más, conforme al calendario gregoriano que rige de manera oficial y civil en prácticamente todo el mundo. Es la guía de tiempo para todo el acontecer de la vida cotidiana nacional e internacional, aunque continúan operando en paralelo otros calendarios con lógica religiosa y cultural, como el islámico, el chino y el hebreo.

Recordemos que el calendario gregoriano se implantó a partir del año 1582, por el Papa Gregorio XIII (1502-1585), en substitución del calendario juliano que introdujo en el año 45 a.C. el general, cónsul y dictador romano Julio Cesar (100 a.C.- 44 a.C). El nuevo calendario gregoriano resolvió el desfase acumulado de 10 días producido a lo largo de varios siglos, por la imprecisa medición de la duración de un año. Este hecho afectaba la fecha de celebración de la festividad de la Pascua y de otras fiestas cristianas, y también planteaba la necesidad de realinear el equinoccio de primavera con el 21 de marzo, y ajustar la medición de los años bisiestos.

Con este antecedente, el fin de un año calendario, o año viejo, y el inicio de un nuevo año, se ha significado como un acontecer social que inspira las ideas de renovación del ánimo por vivir, del deseo de modificar hábitos y conductas no deseables, de realizar proyectos personales pospuestos, y de compartir colectivamente la esperanza de tiempos mejores en lo personal y en lo grupal.

Diríamos que estas fechas son propicias para activar las visiones y los valores personales que guían nuestras vidas, lo cual nos permite pensar también en actividades que estén guiadas no sólo por el deseo de obtener mayores ingresos económicos, con los cuales incrementar nuestra capacidad de adquirir bienes materiales y de servicios que nos hagan más agradable la vida.

Pero ¿cuáles podrían ser esas actividades de índole más inmaterial, sustentadas en valores más profundamente humanos, que el simplemente atender las necesidades materiales básicas para vivir con dignidad?

Pensemos en emprender nuevas actividades, o en afinar las que hacemos, que estén orientadas a lograr nuestra salud integral personal, y que promuevan la cohesión social y el respeto mutuo en nuestro ámbito concreto y cotidiano de vida. Para ello no sólo basta revisar las cosas que hacemos, o las que podríamos hacer, sino que es necesario tener claridad sobre cómo las debemos hacer para lograr esos propósitos.

Vivimos épocas muy complicadas en nuestro país y en el mundo. Se está empezando a transformar la forma en que se venían haciendo la política y la economía en el mundo, desde los finales de la segunda guerra mundial (1939-1945). Aunque no entendamos del todo bien lo que está pasando y por qué está pasando, el hecho es que el mundo se mueve y no necesariamente en un sentido de mejora y solución de los problemas que tenemos.

Está consideración sobre el contexto mundial es muy importante, ya que no vivimos en una isla, y lo que sucede en otras partes del mundo de una manera u otra nos beneficia o nos perjudica. En ese sentido los cambios que nos propongamos hacer en lo personal en este año nuevo deben tener en cuenta, no sólo nuestro entorno familiar y laboral, sino también el entorno nacional e internacional.

Por estas razones, nuestras promesas o compromisos personales de año nuevo deben inspirarse en valores más humanos y trascendentes, como, por ejemplo, la búsqueda de la comprensión mutua; el fomento del optimismo y de la esperanza de que el mundo puede ser mejor de lo que conocemos; la procuración de la justicia en todos los intercambios humanos; y la convicción de que el vivir no sólo es asunto de comprar y vender bienes y servicios, sino también de dar cabida a la generosidad, gratuidad y solidaridad.

Si cada persona intentara operar bajo estos valores, construiríamos un tejido social fuerte que, a nivel individual, reduciría nuestros niveles de ansiedad, nos equilibraría el ánimo, y nos permitiría crecer; y a nivel colectivo, modelaríamos la justicia social, la forma de resolver conflictos humanos, y crearíamos los hábitos que aseguren el respeto a nuestra madre naturaleza.

Esta renovación personal, a propósito de un año nuevo, podemos practicarla de diversas formas, por ejemplo, a). preguntar por las razones que tienen los demás al actuar de forma que no entendemos o en la no estamos de acuerdo; b). animarnos a conocer lugares en nuestra ciudad en donde la gente vive en condiciones no dignas, para sensibilizarnos sobre realidades que tarde o temprano afectarán nuestra propia forma de vivir; y c). darnos tiempo para escapar de la acelerada actividad cotidiana que nos agobia con múltiples estímulos externos, y así estar en condición de hacer introspección, tomar distancia de lo que hacemos, y dejar que nuestra realidad interior nos hable.

En fin, que el año nuevo sea la ocasión de tener mayor entendimiento de nosotros mismos, y de encontrar caminos, formas y prácticas de hacer la vida más humanamente vivible, en lo personal y en lo colectivo.

*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

Vicente Arredondo Ramírez