Identidad en un mundo cambiante

 

Hemos hablado de la importancia de fortalecer las identidades nacionales en un mundo cambiante, en donde el país que ha ejercido durante más de un siglo su poder hegemónico en casi todo el mundo, aunque ya está en franca decadencia, seguirá intentando imponer su propia visión de las cosas, ignorando la riqueza de la multiculturalidad.

Las identidades nacionales, bajo el esquema de Estados/nación, se han construido en los últimos 250 años como resultado de la articulación de símbolos y tradiciones compartidas por grupos humanos que, en algún grado significativo, comparten el idioma, la etnia, la religión, el territorio, y hechos significativos en su historia común. Todo lo cual crea un sentido compartido de unidad.

La dinámica histórica de construcción de las identidades nacionales se ha enfrentado a serias distorsiones, a partir del siglo XX. Los movimientos fascistas y xenofóbicos han despertado sentimientos deformados de nacionalismo; de igual forma, el esquema de valores y la pauta de comportamientos propios de la cultura del referido país hegemónico se han extendido a todo el mundo, en razón del control que aún tiene de los medios masivos de comunicación de alta cobertura y de los aparatos mundiales productores de contenidos.

En la actualidad, es fácil testificar las tensiones que se producen por un irreversible cambio del actual orden mundial, y, por consiguiente, de la primacía de la cultura que el país hegemónico nos ha impuesto durante muchos decenios. El proceso en marcha de modificación en la manera hacer política y hacer economía en el mundo es también la ocasión de repensar colectivamente sobre los principios y el esquema de valores culturales que deben pivotear el cambio al interior de cada nación.

En el caso de nuestro país, el actual gobierno de la llamada “cuarta transformación” ha sintetizado su visión sobre este asunto en el concepto “humanismo mexicano”.

Este concepto está teniendo su aplicación en al menos cuatro aspectos:

1. La distribución justa de la riqueza, concretada formalmente en el importante incremento del rezagado salario mínimo, y por la desaparición de privilegios fiscales para los grandes contribuyentes. Aunque se han buscado diversos mecanismos para el aumento de la recaudación fiscal, no se ha llegado aún a la gran reforma que desde hace mucho tiempo se ha reclamado. El reforzamiento de la identidad y autoestima nacional, desde esta dimensión, estaría marcado en los propósitos del llamado “Plan México” que busca reactivar la economía en lógica del fortalecimiento de la planta productiva mexicana y del incremento al consumo interno.

2. La promoción del bienestar, bajo el principio de “por el bien de todos, primero los pobres”, prioriza el valor de la persona, sobre el valor del dinero y de la ganancia económica. Esta política recoge la tradición centenaria de nuestros grupos originarios de buscar la ayuda mutua solidaria, vía el tequio y otras prácticas distributivas, más allá del principio individualista de “primero yo, sin que me importen los demás”, eje del modelo de producción capitalista.

3. El rescate de la soberanía nacional, en lógica de volver a tener control sobre la producción de nuestros recursos energéticos y de nuestros recursos alimentarios. El neoliberalismo promovido por los grandes corporativos mundiales tomó el control de los bienes nacionales de los países y los puso a trabajar para el beneficio de sus accionistas, sin importar el costo humano, social y ecológico de los países sometidos. Este movimiento de recuperación está siendo acorde con los notables intentos en nuestro pasado no tan lejano de buscar la autogestión y autosuficiencia de nuestros recursos naturales.

4. El combate a la corrupción, a través de la clara distinción que debe existir entre el actuar de los empresarios y el actuar de los servidores públicos. Esta enfermedad social no es fácil de erradicar, ya que fue la que sustento la acumulación de la riqueza, en todas sus expresiones, en favor de una minoría de personas y grupos que se convirtieron en los actuales poderes fácticos, y que siguen queriendo marcar el sentir, pensar y actuar de los mexicanos. Este eje busca reactivar el sentido de honradez de las personas, sustento de la confianza que permite la sana y productiva interacción ciudadana.

Por otra parte, en el ámbito de la educación pública, uno de los principios de la “nueva escuela mexicana” parte del reconocimiento de que México es un país multicultural, realidad no fácil de gestionar, sobre todo en un mundo abierto en el que nuestro país está expuesto a la “babel de la posverdad” de la Internet, y, por si fuera poco, en razón del ataque sistemático contra la acción gubernamental, por parte de los patéticos medios de comunicación convencionales concesionados.

En este sentido, y en cuanto a fortalecimiento de la identidad nacional, la nueva escuela mexicana sostiene que los individuos formados desde la interculturalidad “desarrollan una alta autoestima, y despliegan una visión abierta y universal, a partir de conocer y respetar las identidades personales, cívicas y culturales como raíces de México. Reconocen en las culturas indígenas y afrodescendientes, entre otras, el fundamento para una sociedad sin marginación ni racismo que viva en la interculturalidad”.

Como país, sólo podremos ser parte activa en la construcción del nuevo orden mundial, si somos capaces de identificar y cultivar aquellos aspectos que anclan nuestra identidad cultural.

*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

América Latina y el ascenso del Sur: nuevas prioridades en un mundo cambiante

Imagen cortesía del autor

Vicente Arredondo Ramírez