

LA IDEOLOGÍA DEL “LIBRE MERCADO”
Las amenazas de Donald Trump, a diestra y siniestra, de imponer aranceles a todos los países, por diversos motivos, oficializa la muerte de la ideología del “libre mercado”. Los nefastos últimos cuatro decenios operaron las relaciones comerciales internacionales con la falsa creencia de que, en efecto, puede existir el libre intercambio de bienes y servicios. Este engaño inducido del libre mercado fue impuesto sobre todo a los países del sur global, como condición para seguir considerándoles como miembros reconocidos de la comunidad internacional.
Se recordará que en la década de los años ochenta del siglo pasado entraron en crisis muchos países llamados en “vías de desarrollo” o “economías emergentes” ante la imposibilidad de pagar sus compromisos de deuda interna y externa. Esta condición fue aprovechada por países del norte global occidental, para que, a través de organismos supranacionales controlados por ellos, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), obligaran a los países en crisis hacer “reformas estructurales”, entre la cuales destacaba el desmantelamiento de todas las normas existentes que impidieran el libre intercambio comercial con el exterior.
Esa apertura de fronteras significó en la práctica, que los países ricos se aprovecharan de los recursos naturales de los países pobres, y que estos se dedicaran sólo a comprar productos industrializados y tecnologías de los países ricos. Igualmente se abrieron las fronteras para la inversión extranjera, a cualquier costo humano, social y ecológico, bajo el pretexto de la generación de empleo y sin importar la calidad de éste.
Los resultados de este modelo de hacer economía son ya conocidos: los pobres se hicieron cada vez más pobres, y los ricos se hicieron cada vez más ricos. El problema de la inequidad confirmó que el “libre mercado” es una ideología que busca justificar un juego desigual entre países con distinto grado de desarrollo, en donde los principales jugadores han sido las grandes compañías transnacionales, más que las empresas nacionales.
El modelo de “libre mercado”, con la apertura comercial que conlleva, se orientó a promover las exportaciones, más que a fortalecer el mercado interno, en parte para contar con dólares para el pago de la deuda externa de los países pobres sobreendeudados incapaces de actuar soberanamente. En fin, prefigura un modelo de desarrollo nacional que no beneficia a la mayoría de los habitantes de un país.

La gran ironía es que ese modelo neoliberal, que al final también fue impulsado en países desarrollados, se ve cuestionado seriamente con la llegada de Donald Trump, en razón de la amenaza de este personaje de imponer aranceles a todas las importaciones a su país. En su prepotencia, no le importa violar el acuerdo de libre comercio de ese país con México y Canadá (T-MEC).
Recordemos que para vestir de civilidad y actualización al “libre mercado”, ya desaparecida la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en el año 1995 se creó la Organización Mundial de Comercio (OMC), la cual tuvo como antecedente el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), establecido tras la Segunda Guerra Mundial. La OMC tiene como propósito central crear la normatividad que regula el comercio mundial. A mayo de 2023, eran 164 los países miembros, incluidos los Estados Unidos.
La formulación más amable de la razón de ser de la OMC establece que su principal objetivo es utilizar el comercio como medio para mejorar el nivel de vida de la población, crear empleos mejores y promover el desarrollo sostenible, velando por que las corrientes comerciales circulen con la mayor fluidez, previsibilidad y libertad posibles.
Uno se pregunta entonces qué función realmente desempeña en la práctica la OMC, cuando de la noche a la mañana aparece el actual presidente de Estados Unidos, y con el modo “macho man”, amenaza con aplicar aranceles a todos los países con los que tiene déficit comercial; y no sólo eso, sino que también amenaza con aranceles del 100% a todos los países afines a la reciente iniciativa conocida como los BRICS+ que comercialicen entre ellos, sin utilizar el dólar como divisa.
Frente a estas decisiones unilaterales, ¿en dónde quedan las funciones operativas de la OMC, las cuales están dirigidas a administrar los acuerdos comerciales, servir de foro para las negociaciones comerciales, resolver las diferencias comerciales, examinar las políticas comerciales nacionales, crear capacidad comercial en las economías en desarrollo, y cooperar con otras organizaciones internacionales?
Todo este galimatías que Donald Trump está generando a nivel mundial, a pocas semanas de ser juramentado como presidente del decadente país hegemónico de Occidente, sólo corrobora que el orden internacional vigente ya no está funcionando, y que sin duda se requiere un nuevo pacto en las relaciones internacionales, sean comerciales o de otro tipo.
Un nuevo pacto mundial tiene que revisar forzosamente la manera en que está operando el actual modelo capitalista neoliberal, para poder prefigurar un nuevo modelo, que respetando la manera en que cada país quiera organizar su propia economía, se encuentren formas de articular la cooperación y complementación entre las naciones.
Hay que reconocer que el tema del “libre mercado” es simplemente una ideología, ya que nunca ha existido, ni existe, ni existirá esa manera de comerciar internacionalmente, y los gobiernos siempre han estado y estarán presentes para regular la manera de generar y distribuir la riqueza en un país.
*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

