

La noche del 12 de febrero de 1943 dieciséis pistoleros comandados por Teodomiro Ortiz (El Polilla) sitiaron la casa de Rubén Jaramillo para matarlo; acataban órdenes de Severino Carrera Ramos (gerente del Ingenio de Zacatepec). Advertida a tiempo, la familia Jaramillo había cambiado de casa. Cinco días después, a eso de las cuatro de la tarde, otros siete matones, ahora encabezados por Mario Olea, estaban emboscados en el puente de La Cantora para ejecutar el encargo que El Polilla no pudo cumplir.
—Tienen, a más de sus pistolas, dos ametralladoras —le previno Felipe Olmedo. (1)
A raíz de estos hechos, a caballo, Rubén Jaramillo y su gente más cercana en número oscilante recorrieron decenas de pueblos serranos de Morelos y Puebla. A veces le mataban gente y en otras caían persecutores. Más que guerrillero, el de Jaramillo era un movimiento de autodefensa.
Llevaba un año cuatro meses evadiendo la persecución cuando le llegó un mensaje:
—El presidente Manuel Ávila Camacho quiere que lo vayas a ver a Palacio Nacional, ordenó que se te brinden garantías.
El encuentro se llevó a cabo el 13 de junio de 1944. Jaramillo salió de Palacio con amnistía y salvoconductos para él y sus seguidores más la oferta de tierras en el Valle de San Quintín, Baja California y todo lo que necesitara para trabajarlas, pero las rechazó. Aceptó la administración de un pequeño mercado de la Capital.

En la oficina del mercado Rubén recibía visitas que lo ponían al tanto de lo que pasaba en las comunidades, tal fue el caso de Pablo Brígido Sánchez y Antonio Flores Mendoza que le pidieron ayuda para conseguir una Constitución, un Código Agrario y cartuchos para máuser porque al segundo lo habían nombrado segundo comandante en Mitepec, Puebla. Rubén también les dotó de ejemplares del Plan de Cerro Prieto. Regresaron por tren. En la estación de Cuautla, Pablo Brígido tuvo ganas de orinar y se orilló, pero un gendarme lo sorprendió.
—Me das un peso o me los llevo a la inspección.
“Pablo Brígido se negó a darle el peso y fueron llevados a la inspección… les esculcaran sus maletas y al hacerlo encontraron los cartuchos y las copias del Plan.” (2)
Cinco días después Jaramillo, “estaba sentado en su escritorio atendiendo los trabajos del mercado, llegaron cinco agentes de la Policía Judicial Federal… enfocando sus pistolas sobre él y diciéndole: Tiene usted facilidad para andar en los montes de rebelde y estar en la ciudad. Acompáñenos.” (3)
Ora sí, que como dice la canción, “Quién iba a pensar, quién iba a pensar, que por una meada lo iban a.…”
- Página 76. Autobiografía.
- Página 141. Autobiografía
- Página 142. Autobiografía.



