

Manual para Infieles
“Pa’ pendejo no se estudia”, decía mi abuela con esa sabiduría que no enseñan en Harvard ni en ninguna maestría de liderazgo. Así que, partiendo de ahí, si vas a ser un infiel serial, si vas a poner el cuerno, por lo menos hazlo con algo de dignidad. No basta con el deseo ardiente ni con la adrenalina del peligro; ser infiel —si de veras vas a jugar en esa liga— requiere estrategia, temple, dinero, cinismo y, sobre todo, sangre fría.
Y vaya que esta semana lo comprobamos con la historia más viral del ecosistema digital, cuando el Director General de una empresa llamada Astronomer se fue a un concierto de Coldplay con la Directora de Recursos Humanos. Todo iba bien, ellos estaban “a gusto” bailando de cucharita en las gradas, hasta que Chris Martin, vocalista de Coldplay y testigo involuntario del pecado corporativo, los señaló y dijo:
“Ay, miren a esta pareja”.
La cámara, la famosa Kiss Cam, los enfocó y, en lugar de actuar como adultos —como expertos en pasarse por el arco del triunfo los votos matrimoniales— hicieron lo peor que puedes hacer cuando te pescan con las manos en la masa: entrar en pánico.
A él juro que se le cayeron los calzones porque se agachó ipso facto, se tiró al suelo y no volvió a aparecer. Ella giró con la vergüenza tatuada en la cara, mientras la celestina de esta historia —la Subdirectora de Recursos Humanos que los acompañaba, y que merece un capítulo aparte— se reía con un frenesí casi esquizofrénico, mostrando toda la dentadura y con los ojos desorbitados, como una villana de Disney en pleno clímax.

La reacción de ambos fue tan torpe que Chris Martin le echó más leña al fuego diciendo: “O son muy tímidos… o están teniendo un affaire”.
Y así, en menos de dos segundos, dos frases y un estadio entero hambriento de chismes para TikTok, el video se volvió pólvora y explotó en todas las redes sociales. La viralidad en redes fue tan brutal que la empresa Astronomer terminó bloqueando comentarios en su página de LinkedIn, ese espacio que se presume profesional y que de pronto parecía la sección de espectáculos de la revista Cosmopolitan.
Pero lo mejor vino después, cuando él —el infiel— decidió rematar la faena con un comunicado oficial. Una pieza maestra del absurdo, digna de estudio en psiquiatría empresarial, redactada con el tono pasivo-agresivo que dice mucho sin decir nada. Algo así como: “Lamentamos que un momento personal haya sido invadido de esta manera”.
En realidad, lo que quiso decir fue: “Me pescaron, pero la culpa es del mundo por tener ojos, cámaras y conexión a internet”.
Cero responsabilidad. Cero autocrítica. Porque lo jodido no es equivocarse —eso nos pasa a todos—, lo jodido es la alergia crónica a la responsabilidad. Ese instinto infantil de señalar al otro mientras gritas “¡no fui yo!” enfundado en un traje de adulto y con un cargo que se supone requiere liderazgo.
Porque asumir un error duele, sí. Pero no asumirlo te pudre por dentro. Te roba la posibilidad de aprender, de mejorar, de mirar a los ojos sin sentir vergüenza. Y tarde o temprano, la vida —como la Kiss Cam— siempre te enfoca. Y cuando lo hace, no hay comunicado que te salve. Solo quedas tú, tu reflejo y la verdad que tanto esquivaste.
Aquí es donde me permito dar un consejo gratis, cortesía de mis años viendo telenovelas mexicanas, escuchando historias de infieles en sobremesas y, por supuesto, mientras recolectaba material para mi libro Reincidente, si vas a ser infiel, hazlo bien o no lo hagas. El problema no es solo moral (ese ya lo debatiremos otro día), el problema es de logística. No puedes andar por la vida jugando a James Bond y reaccionar como Bambi en carretera cuando te enfocan.
Así que aquí va, mi Manual para infieles:
- Cara de póker en cualquier circunstancia. Si la cámara te enfoca, sonríe como si tuvieras a tu esposa, a tu suegra y al Papa mirándote al mismo tiempo. Nada delata más que la culpa mal gestionada.
- Nunca subestimes el poder de los celulares. Hoy todo es contenido. Repito: hoy todo es contenido. Incluidos tus mensajes de sexting, tu foto-polla, tus audios con voz sexy, tus más bajas pasiones, tus caídas y tu vergüenza. No hay rincón oscuro cuando existen 40,000 lentes buscando la próxima viralidad.
- Y la más importante: si ya no amas a tu pareja, si necesitas esconderte detrás de un concierto y un puesto VIP para sentirte vivo, quizá no es la Kiss Cam la que debería preocuparte, sino la honestidad que le debes a tu vida.
Porque, aquí entre nos, poner el cuerno es como jugar Jenga en un terremoto, sabes que tarde o temprano se cae la torre. Y lo peor, es que las estadísticas no están de tu lado, porque el 25 % de las aventuras termina en menos de una semana, el 65 % muere antes de los seis meses y solo el 10 % se hace permanente.
O sea, la mayoría acaba rápido y con factura emocional… y económica.
Así que, si ya no estás a gusto, si tu corazón dejó de cantar y ahora vibra en frecuencia clandestina, sal de ahí. Con la frente en alto, sin cámaras, sin excusas, sin trending topics que te conviertan en meme a nivel mundial.
Y sí, terminar nunca es fácil. Pero vivir mintiendo, créeme, es muchísimo más difícil.
www.elsasanlara.com
IG: @Curvyzilla | LinkedIN
WATCH ME at TEDx
¿Ya viste mi charla en TEDx?
Mírala aquí
How a gorilla got me into the Olympics | Elsa Sanlara (Sanchez-Lara) | TEDxPortsmouth – YouTube

Imagen MSN.com

