(Primera de dos partes)

 

2025 es un año de grandes oportunidades para el desarrollo cultural del estado de Morelos. Después de doce años de gestión política encabezada por el Movimiento Cultura 33+3, el 14 de febrero de 2024 se publicó en el Periódico Oficial Tierra y Libertad la Ley de Cultura y Derechos Culturales para el Estado de Morelos. Este instrumento constituye un novedoso marco normativo para garantizar el derecho a la cultura, es decir el acceso a bienes y servicios culturales.

Más allá del imperativo categórico del deber ser que el Estado asume en su responsabilidad de garantizar los derechos culturales de la población, la Ley de Cultura establece una serie de elementos sustantivos, como instancias y procesos de participación para que los ayuntamientos y el gobierno estatal, a través de las áreas de cultura y sus instituciones culturales, establezcan directrices de políticas culturales públicas democráticas, incluyentes y equitativas. Esto es, el ejercicio de un presupuesto que pondere a la cultura como un pilar de desarrollo de una sociedad violentada por el sistema político y económico, muy especialmente por los

Durante muchos años, frente otras áreas del gobierno, el presupuesto para cultura ha sido visto como un recurso no prioritario y hasta ocioso, especialmente por parte de aquellas que despachan los asuntos de salud, seguridad, educación, economía y turismo. La realidad es que el ámbito de la cultura y las artes siempre ha sido desestimado por ser considerado de bajo rédito político. Esto se debe a que el sector cultural es poco organizado políticamente, a diferencia del campesino, el magisterial, el obrero o cualquier otro que se asuma clave para el desarrollo económico del país.

Desafortunadamente, una cierta idea de imparcialidad y objetividad política ha calado la consciencia de un sector que apuesta poco o nada por la negociación política debido un apartidismo conveniente que en el pasado inmediato redituaba en poder trabajar con quien gobernara, más allá de si había o no simpatía ideológica y política.

La pluralidad política, sin embargo, fue colocando al sector cultural frente a la pared. Es difícil no asumir una postura crítica frente a los yerros del pasado y el presente inmediatos. Como lo he dicho, diferencia no es enemistad. Y es claro que el actual gobierno, como sus antecesores, han cometido y están cometiendo errores y caprichos costosos en el ejercicio de sus responsabilidades.

Cierto, tres meses de gestión es demasiado temprano para calificar de competencia o incompetencia la actual gestión de Monserrat Orellana como secretaria de cultura. Su joven perfil curricular en el ámbito de la cultura no es suficiente aún para desestimar el papel que pueda desempeñar, pero hay indicios que nos deben alertar, es la falta de análisis por parte de una prensa y de un sector que adolece de análisis cultural. Ahí estaríamos fallando todes, porque si algo es la democracia, es escudriñar el ejercicio de la función pública para exigirle transparencia y rendición de cuentas eficacia en sus competencias administrativas.

Con la llegada de Margarita González Saravia, el sector cultural avizoramos con esperanza las posibilidades de construir un proyecto cultural participativo e incluyente como lo mandatan las leyes de cultura, de administración pública y de planeación. El paso de Margarita como secretaria de turismo y cultura la dotan de una experiencia desde la marginalidad económica que supuso desdén hacia la Cultura por parte del exgobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo y por los efectos económicos y de confinamiento de la pandemia por COVID 19. Nunca podremos saber los alcances de la gestión cultural del sexenio 2018-2024.

Ahora, el presente le da a la gobernadora González Saravia, la oportunidad de resarcir un vacío de aquellos tiempos políticos desastrosos. Por ello, me propongo analizar, en la segunda parte de este artículo, las acciones de estos cien días de gobierno en materia de cultura, y apuntar al análisis de la proyección presupuestal. Será una referencia para que mes a mes, a lo largo de este 2025, vayamos analizando el alcance de la política cultural estatal, la progresividad en la aplicación de la Ley de Cultura y Derechos Culturales.

Será interesante observar la instalación del Consejo Consultivo Ciudadano de Cultura, seleccionado el pasado 27 de diciembre, que desde mi perspectiva tuvo una sobre representación institucional, cierto, no por parte de la Secretaría de Cultura pero sí del gobierno estatal. “El comité -apuntó el comunicado- contó con la participación de representantes de diversas dependencias estatales, con voz y voto, incluyendo Clarisa Gómez Manrique, secretaria de las Mujeres; Alan Dupré Ramírez, secretario de Desarrollo Sustentable; Máximo Juárez Elizarrarás en representación de la Secretaría del Bienestar; María Eugenia Boyas Ramos, titular de SIPINNA Morelos en representación de la Secretaría de Gobierno; Marcia Zaele Nurse Anguiano en representación del Instituto de Pueblos Indígenas y Afromexicanos de Morelos. También participaron solo con voz, las representaciones de instituciones que integran el Consejo, establecido en la LCyDCM, Víctor Hugo Valencia Valera, director del Centro INAH Morelos; Natali Sánchez Ríos, Rectora del Centro Morelense de las Artes; Brandom Matías Valdez, Instituto de Fortalecimiento y Desarrollo Municipal del Estado de Morelos. “Este proceso asegura una representación equilibrada y plural, respetando la diversidad cultural y territorial de Morelos, mientras fomentamos políticas públicas innovadoras y transformadoras”, señaló la titular de Cultura, Montserrat Orellana

Los consejeros electos fueron: de la zona oriente, Adrián Faraón Tadeo Ramos, Promotor Cultural de Jantetelco; de la zona centro, Luis Eduardo Díaz Morán, Arquitecto y promotor cultural de Jiutepec, de la zona norte, María del Carmen Abigaíl Pérez González, Gestora Cultural de Cuernavaca y de la zona suroeste, Maritrini Barrera Medina, Artista Visual de Zacatepec.

Después de la integración del consejo, viene el diseño del plan sectorial y del catálogo de políticas culturales públicas y su consecuente esquema de recepción de propuestas por parte del sector cultural en particular y de la ciudadanía en general.

En el siguiente artículo, analizaremos el presupuesto destinado a cultura y algunos de los programas anunciados.

Como lo hemos dicho aquí, si no es cultural, colectiva, e incluyente, no es transformación.

 

Gustavo Yitzaac Garibay