
Gabriel Humberto Hernández-Bringas Ortiz
Durante las elecciones de 2024 y a la fecha me pregunto sobre si realmente existe una oposición en México, y no solo por la destrucción de instituciones necesarias para una democracia liberal sino porque no parece existir nadie fuera del partido dominante que en verdad crea en algo. Las elecciones pasadas no podía en buena fe apoyar a ningún candidato de oposición, voté por algunos, sí, pero resignadamente. No porque no tuviera problemas con Morena, los tengo, muchos. No porque pensara que las reformas propuestas por el expresidente eran una buena idea, o que concentrar tanto poder en un solo partido fuera sano para la democracia. Tenía todas las preocupaciones que el PAN quería que tuviera.
El problema era más simple: el PAN me había dado mil razones para no votar por Morena, pero ni una sola para votar por ellos. Esta es la diferencia fundamental entre ser oposición y ofrecer una alternativa. La oposición señala fallas. La alternativa propone soluciones. Y el PAN, junto con gran parte de la coalición que formó contra Morena, nunca entendió la diferencia.
Durante toda la campaña hablaron sobre los peligros del autoritarismo morenista. Sobre cómo la elección de jueces politizaría al poder judicial. Sobre cómo los programas sociales eran clientelismo disfrazado. Cosas que ya sabía y tenían razón en mucho de esto. Pero cuando le preguntaba a un panista qué harían diferente, la respuesta era siempre una variación de «no seríamos Morena.» ¿Y qué significa eso en la práctica? ¿Cuál es su visión para el país más allá de no ser autoritarios? ¿Cómo mejorarían la seguridad más allá de criticar la estrategia de «abrazos no balazos»? ¿Qué harían con la desigualdad económica que ha empeorado por décadas?
Silencio. O peor, referencias vagas a «política económica responsable» que todos sabemos es código para el mismo neoliberalismo que fracasó bajo Fox y Calderón.
El contraste con Movimiento Ciudadano fue impactante; en ningún momento consideré que fuera un partido serio, en ningún momento pensé que el partido del “fosfo fosfo” podría representar una oposición política real, y aunque sus campañas me parecen francamente ridículas, entienden dos cosas que el PRI y el PAN no: sus campañas tienen éxito por mucho que me duela, pero más allá de eso, no solo critican a Morena; Máynez no pasó debates enteros diciendo que Claudia era un títere de Andrés Manuel; en su lugar, respondió qué haría con el país, respondió qué haría en materia de derechos de género, hablaba de desmilitarización gradual con fortalecimiento de policías civiles. Presentaba un plan para transformar Pemex y CFE hacia energías renovables. Proponía un Sistema Nacional de Cuidados que reconociera el trabajo reproductivo.

No estoy de acuerdo con mucho de MC y con mucho sí lo estoy, pero incluso si rechazas toda su plataforma no puedes negar que eran propuestas. Eran una visión de qué podría ser México bajo su gobierno. No solo una promesa de no ser AMLO.
Esta no es una defensa de MC ni de Morena. Es una crítica fundamental a cómo entendemos la política de oposición en México. Hemos normalizado partidos que existen únicamente para no ser el gobierno. Que miden su éxito no en qué logran construir sino en qué logran bloquear. Que piensan que basta con señalar los errores del otro para merecer confianza. Esto no es solo un problema del PAN. Es un problema sistémico de cómo funciona la oposición en México. Durante años, el PRI se definió simplemente como «no somos el PAN» cuando estaba fuera del poder. El PRD se convirtió en una caricatura de sí mismo, existiendo solo para no ser el PRI o el PAN según conviniera. Y ahora el PAN repite el mismo error, pero con menos credibilidad porque todavía no ha hecho las paces con sus propios fracasos en el poder.
El problema empeora cuando la oposición no solo carece de propuestas, sino que ni siquiera tiene principios coherentes. El PAN defiende «valores familiares» pero apoya el matrimonio igualitario. Denuncia el autoritarismo, pero coquetea con figuras de ultraderecha. Proclama defender la libertad, pero propone oligarcas como candidatos viables. Es mucho más fácil señalar problemas que proponer soluciones. Es más fácil vender miedo que inspirar esperanza. Pero lo fácil no funciona.
Y así llegamos a 2024, con Morena arrasando no porque sea extraordinario, no solo por sus jugadas inconstitucionales en el Senado, sino también en buena parte porque la oposición es extraordinariamente incompetente. Con millones de mexicanos votando sin entusiasmo, eligiendo entre un gobierno que no confía plenamente pero que al menos promete algo, y una oposición que solo promete no ser ese gobierno.
Me pueden dar todas las razones del mundo para no votar por Morena. Probablemente estaré de acuerdo con la mayoría. Pero hasta que me den una sola razón convincente para votar por ustedes, una visión, un principio, una política concreta que mejore materialmente la vida de los mexicanos, seguiré sin poder responder ¿Por qué México debería confiar en ustedes?

