

Digámoslo claramente: el gobierno de la 4T le entregó el país a los criminales. Se los puso en bandeja de plata con su política “humanista” de abrazos y no balazos. Apenas ayer el Embajador de EE.UU. en México, Ken Salazar, declaró que la política de abrazos y no balazos del expresidente Andrés Manuel López Obrador había fracasado y, pese a los malos resultados, por razones ideológicas AMLO rechazó la ayuda ofrecida por Estados Unidos para combatir al crimen organizado. Nos quieren hacer creer que la política impulsada por AMLO fue un error, algo que salió mal, algo que se planeó con las mejores intenciones pero que al final fracasó. Pero no estimado lector, no se deje usted engañar. Toda la evidencia que ha estado frente a nuestros ojos en estos últimos seis años indica que la política de AMLO fue un acto deliberado, conscientemente planeado para no atacar a los criminales. ¿Qué resultado puedes esperar si las máximas autoridades del país dicen que van a abrazar a los criminales? ¿Qué crees que va a pasar si dices que el castigo va a ser acusarlos con sus mamás y sus abuelitas? Pues justo lo que estamos viviendo ahora: una violencia desatada.
Hace un mes nos enteramos de que los cuerpos de dos catedráticos de la UAEM que habían sido secuestrados aparecieron en una zona desolada de Topilejo. Esta semana nos enteramos de que dos estudiantes de la UAEM fueron baleadas en un asalto a una unidad de transporte de la Ruta 1. La semana pasada hubo balacera en el IMSS de Cuernavaca. En la salida de la puerta 2 de la UAEM, hacia la autopista, se han estado reportando frecuentemente asaltos y secuestros exprés. Una investigación del periódico Reforma reportó hace un par de días que en los diez meses transcurridos en este año ha habido treinta y cinco masacres en bares y restaurantes a lo largo y ancho de todo el país con un saldo de casi cien personas asesinadas y muchas más heridas: Morelos, Guanajuato, Querétaro, Tamaulipas, Estado de México, Guerrero, Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas, Baja California, Quintana Roo, Tabasco, Michoacán, CDMX, Yucatán. Imagínense la situación: vas a un bar o a un restaurante, te sientas junto a una mesa donde hay personas que no conoces, y minutos después resultas balaceado porque esas personas junto a las que te sentaste tenían cuentas pendientes con algún otro grupo criminal. ¡Qué pesadilla!
Ya van seis años en los que supuestamente el gobierno de la 4T atiende “las causas” de la criminalidad repartiendo dádivas sociales. Sin embargo, la criminalidad no sólo no ha disminuido, sino que ha aumentado y nos está alcanzando a todos. Los pregoneros de la 4T nos quieren hacer creer que se debe a un “error” en la estrategia de seguridad, que algo salió mal con sus buenas intenciones, que los grupos del crimen organizado son muy poderosos, inteligentes y organizados y por eso el gobierno, con toda la fuerza que tiene el Estado Mexicano, no puede contra ellos. Este discurso no es más que una bola de patrañas. Es obvio que la decisión de dejar crecer al crimen organizado se tomó desde Palacio Nacional de manera consciente. Tales organizaciones controlan todo el crimen de una ciudad: robo de coches y motocicletas, tráfico de personas, producción, trasiego y distribución de drogas, robos a negocios, casas y transeúntes, extorsión a vendedores y productores, tráfico y venta ilegal de armas, etc. Apenas hace unos días vimos un video de cómo delincuentes cortaban con motosierras los árboles de limón en huertas de Michoacán porque los productores no pudieron pagarles la cuota de extorsión que solicitaban. Entonces llegaron y arrasaron con todos los árboles sembrados.
Estas organizaciones delictivas con alcance internacional no podrían existir sin la aprobación del gobierno. De ningún gobierno, sea mexicano, gringo, europeo o asiático. No estamos hablando del narquillo de la esquina, o del raterillo que te quita la cartera en la Ruta 1. Las organizaciones criminales tienen poderío internacional. Tienen barcos, aviones, submarinos, armamento de alto calibre, camionetas blindadas, millones y millones de pesos. Ninguna compañía con alcance internacional podría existir sin la aprobación y apoyo del gobierno. Pensemos en compañías legítimas como Bimbo, Ford, BMW, Samsung, etc. ¿Podrían existir y hacer negocios internacionalmente sin la aprobación de los gobiernos de cada país involucrado? Claro que no. Lo mismo pasa con los negocios del crimen organizado.
Cuando vemos el desfile militar del 16 de septiembre, es imposible pensar que todo ese poderío militar que tiene México no pueda contener a las organizaciones criminales. No sólo se trata de fuerza bruta y lanzar balazos a diestra y siniestra. Nuestras fuerzas del orden tienen las mejores instalaciones de inteligencia y análisis. Tienen a los mejores analistas forenses y criminólogos. Cuentan con entrenamiento táctico que los criminales no tienen. El Estado Mexicano tiene todos los recursos para detener esta barbarie sangrienta en la que se ha sumergido nuestro país. El no hacerlo es una decisión consciente y planeada desde Palacio Nacional. ¿Por qué se ha planeado así? Contestar esta pregunta es tema de análisis futuro, pero lo que es claro es que al gobierno de la 4T han llegado criminales que, haciéndose pasar por gobernantes, han cometido crímenes de lesa humanidad. Hace tiempo, cuando yo era niño, había una distinción clara entre gobierno y criminales. Ahora, algunos criminales se han convertido en gobierno y el “pueblo sabio” ha votado por ellos. Traicionar a la Patria no es votar en contra de la reforma judicial, sino entregar al país, en bandeja de plata, al crimen organizado. Que diosito los perdone. Yo no.
*Instituto de Ciencias Físicas, UNAM / Centro de Ciencias de la Complejidad, UNAM.


Árboles de limones en huertas de Michoacán cortados con motosierra por criminales extorsionadores. Imagen tomada de la Jornada (7/nov/2024).

