Un México incluyente: la importancia de conocer las dificultades que algunas personas enfrentan

Argelia Vázquez Salas, Betania Allen, Celia Hubert, Aremis Villalobos y Eduardo C. Lazcano Ponce*

Entre los principios que siguen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas se encuentra el de “no dejar a nadie atrás.” Este lineamiento implica, entre otras cosas, eliminar desigualdades que afectan el pleno ejercicio de los derechos. Para esto, los ODS destacan la importancia del bienestar de las personas que padecen alguna dificultad del funcionamiento en ámbitos como la salud, la educación y la inclusión social, entre otros. Pero, ¿qué se entiende por dificultad del funcionamiento?

La dificultad del funcionamiento se refiere a las limitaciones que pueden tener las personas en sus capacidades individuales, además de ciertas restricciones en cuanto a la participación social y al entorno inmediato contrastado con las características de cada sujeto. Es decir, se refiere a lo que las personas pueden hacer o no en sus vidas cotidianas, dadas sus capacidades, y a qué tan accesible es su ambiente. Las dificultades del funcionamiento incluyen aspectos relacionados con el bienestar emocional, la visión, la audición, la comunicación, la movilidad, la cognición y el autocuidado. El hecho de que una persona enfrente dificultades del funcionamiento puede indicar que tiene una discapacidad. Las personas con dificultad del funcionamiento pueden estar sujetas a procesos de marginación, además de estar expuestas a estigmas, violencia, abuso y aislamiento, al igual que a la exclusión social, comunitaria, educativa y laboral.

Para conocer quiénes tienen alguna dificultad en su funcionamiento, se deben llevar a cabo mediciones que además permitan identificar las necesidades del grupo poblacional que se hubiese considerado; por ejemplo: realizar una evaluación de acceso a servicios de educación, apoyos sociales y de salud, en particular a una atención primaria que incluya servicios de tamizaje, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación, con especial atención en grupos de edades tempranas (menores de cinco años, además de niñas, niños y adolescentes).

En México, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2021-2023 (Ensanut Continua 2021-2023) estimó que, a nivel nacional, 18.1 por ciento de las niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años tiene dificultad del funcionamiento en al menos un dominio (esto puede ser: vista, audición, caminar, autocuidado, comunicación, aprendizaje, recuerdo, concentración, aceptación del cambio, control del comportamiento, hacer amigos, ansiedad y depresión).

La prevalencia es ligeramente mayor en hogares con un nivel socioeconómico más bajo y entre hijos e hijas cuya madre es soltera o estudió hasta la secundaria, así como entre las mujeres de 5 a17 años, comparadas con los hombres en ese mismo rango de edad. Los problemas más comunes entre las mujeres de 5 a 17 años fueron los socioemocionales como ansiedad, depresión y dificultades para hacer amigos, y estos ámbitos se presentan con mayor frecuencia en las adolescentes de 10 a 17 años. También se observa que las niñas, niños y adolescentes con dificultad del funcionamiento fueron expuestos en el interior de su hogar a métodos de disciplina violenta como agresión psicológica y castigo físico con mayor frecuencia.

Comparando los datos de la Ensanut Continua 2021-2023 con resultados anteriores a la pandemia de COVID-19, se ve un incremento de 7 por ciento en la prevalencia de dificultad del funcionamiento. Este incremento se concentra en los dominios socioemocionales: ansiedad, depresión y dificultades para hacer amigos. Esos resultados pudieron ser producto de las medidas adoptadas durante la pandemia.

Por lo anterior es esencial diseñar e implementar un modelo de atención con enfoque de derechos que incluya a las personas desde edades tempranas, donde se facilite el acceso a tamizaje, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de las diversas dificultades del funcionamiento, en particular de los dominios socioemocionales. Dicho modelo deberá contemplar también la educación y sensibilización de la persona responsable del cuidado, al igual que abordar el estrés y la atención del cuidador: asimismo, habrá de integrar la prevención de medidas violentas como método de disciplina al interior de los hogares. Todo esto deberá desarrollarse poniendo especial énfasis en las personas más jóvenes y en aquéllas más vulnerables, para promover la inclusión en la atención y no dejar a nadie atrás.

*Especialistas en salud pública.

La Jornada Morelos