Centésima segunda generación de la Escuela Salud Pública de México: traducir el aprendizaje en acción

 

El pasado 5 de septiembre se llevó a cabo la ceremonia de graduación correspondiente a la centésima segunda generación de la Escuela de Salud Pública de México (ESPM). Anidada en el Instituto Nacional de Salud Pública desde hace más de treinta y siete años, esta centenaria entidad de enseñanza ofrece hoy diferentes programas de posgrado en el campo de la salud pública.

El acto académico realizado en días pasados adquiere relevancia si consideramos, por un lado, que la salud poblacional en nuestro país está marcada por un entorno complejo de exposiciones mixtas (o por un conjunto de sindemias), donde interactúan las transiciones epidemiológica, demográfica, de riesgos y social, al igual que nuevas pandemias y enfermedades tanto emergentes como reemergentes. Por el otro lado, es un hecho que el Sistema Nacional de Salud está en un proceso de profunda transformación, con miras a alcanzar el acceso universal y gratuito a servicios de atención médica de calidad.

En ese contexto, el INSP puede contribuir de manera muy eficiente en el entrenamiento, la actualización y la formación de miles de profesionales dentro de las diversas áreas de la salud pública, y particularmente, en la conformación e implementación del modelo de atención primaria a la salud que se pondrá en marcha a través del Servicio Nacional de Salud Pública.

Para las y los egresados, obtener un grado académico tiene diversos significados, no sólo porque acceden de manera simultánea y exitosa a un segundo grado en el extranjero, sino porque en su trayectoria profesional se presentarán varias oportunidades por el sólo hecho de haber estudiado un posgrado en el INSP.

De acuerdo con un estudio reciente sobre la trayectoria profesional de quienes egresaron del Instituto en los últimos veinte años, 96 por ciento ha tenido una inserción laboral y académica estable; asimismo, entre aquellos que hicieron un posgrado en ciencias y obtuvieron un grado doctoral, más de 75 por ciento están integrados al Sistema Nacional de Investigadores. Y todavía más: en el INSP se forman líderes comprometidos con el derecho universal a la salud y la equidad social. Una gran proporción de quienes se han graduado previamente (es decir, 1 de cada 5, según nuestras estimaciones) han ocupado un puesto de liderazgo en la gestión de instituciones de salud y académicas. Ello significa que las y los egresados de las aulas del Instituto tendrán una identidad académica propia y la competencia necesaria para traducir su aprendizaje en acción. Además han sido entrenados para innovar y constituirse en una fuente de inspiración para sus equipos.

Tuve la oportunidad de dirigir unas palabras a las y los graduados durante la ceremonia aludida, e inicié mi intervención con la siguiente reflexión (que, para algunos, puede ser una provocación): la integridad y coherencia profesional sin conocimiento es frágil, débil e inútil, y el conocimiento sin integridad, principios y valores es nocivo, terrible e, incluso, peligroso. Por esta razón, todas y todos los egresados, sin excepción, necesitan asimismo cultivar principios perennes para que siempre, en forma permanente, atesoren y ejerzan un código de ética orientado a la honestidad, no sólo para emplearlo en la gestión de las organizaciones a las que pertenezcan, sino también para construir la identidad de su propio desarrollo profesional y consolidar su ambiente familiar.

Ellas y ellos continuarán siendo estudiantes de la salud pública toda la vida. También tendrán la obligación moral de compartir su conocimiento y constituirse en mentores, superando a sus propios maestros. Deberán dignificar la palabra “doctor” o “doctora”, la cual deriva de una voz latina (docere) que significa “enseñar”. Se trata de un proyecto de vida promisorio, por lo que vale la pena recordar el proverbio chino que dice: “El viaje más largo siempre empieza con el primer paso”.

*Especialista en salud pública.

Eduardo C. Lazcano Ponce