

Naloxona: una herramienta esencial para salvar vidas
Tonatiuh Barrientos Gutiérrez*
Las muertes por sobredosis en México siguen siendo mucho menos frecuentes que en Estados Unidos. A pesar de lo anterior, se ha observado un incremento sostenido desde 2014, que para 2021 ha llegado a afectar a uno de cada 100,000 habitantes. Las sobredosis se concentran sobre todo en la franja fronteriza y en las costas del Pacífico Norte, donde el perfil de sustancias ha cambiado rápidamente. Ahí, como en muchas partes del mundo, las drogas sintéticas han cobrado protagonismo, modificando los riesgos y desafiando las capacidades del sistema de salud.
Entre estas drogas, los opioides sintéticos (como el fentanilo, el carfentanilo o los nitazenos) representan un riesgo particular por su potencia. A diferencia de otras sustancias que pueden tardar horas en producir un efecto tóxico severo, los opioides sintéticos pueden causar una sobredosis fatal en cuestión de minutos. Esa velocidad reduce las posibilidades de recibir ayuda a tiempo.
Un problema adicional es que muchas personas no saben que están consumiendo opioides. En algunos contextos internacionales, hasta 15% de las muestras de cocaína analizadas contienen fentanilo. Como no existe forma sencilla de detectarlo sin equipo especializado, las personas usuarias están expuestas sin saberlo, lo que incrementa el riesgo de eventos graves.
En este escenario, resulta útil observar lo que ha ocurrido en Estados Unidos. Este país registró 108,000 muertes por sobredosis en 2022, pero para 2024 se proyecta una cifra menor a 90,000, lo que representa una reducción cercana al 17% en sólo dos años. Hay múltiples factores detrás de esta caída, pero uno destaca claramente: la amplia disponibilidad de naloxona.

La naloxona es un medicamento que revierte de manera rápida las sobredosis por opioides. En Estados Unidos puede obtenerse gratuitamente y sin receta en farmacias, supermercados, organizaciones civiles y servicios de emergencia. También se distribuye a bomberos y policías, quienes con frecuencia son los primeros en llegar a una escena donde una persona ha dejado de respirar. Además, aunque la posibilidad de una sobredosis por exposición accidental en policías es muy baja, contar con naloxona les brinda tranquilidad y certeza a ante este escenario.
El Gobierno de México ha iniciado campañas para sensibilizar a la población sobre los riesgos de los opioides sintéticos, particularmente el fentanilo, lo cual es un paso importante. Es esperable que estas sustancias sigan evolucionando hacia una mayor potencia. No vivimos una crisis como la estadounidense, pero las señales (más muertes, más atenciones hospitalarias y mayor presencia de drogas sintéticas) obligan a actuar con anticipación.
La naloxona es un antídoto, no una droga recreativa. No altera la conciencia ni el estado de ánimo. Sin embargo, en nuestro país sigue clasificada legalmente como psicotrópico, lo que exige receta médica y restringe su acceso, aun cuando su única función es revertir la sobredosis y salvar vidas. Algunas personas temen que ampliar su disponibilidad pueda aumentar el consumo de drogas. La evidencia internacional es clara: la naloxona no incrementa el uso de sustancias pero sí reduce de manera significativa las muertes por sobredosis.
Actualmente se discute en el Senado una enmienda a la Ley General de Salud para desclasificar la naloxona, lo que facilitará que los servicios de emergencia, cuerpos de seguridad e incluso las organizaciones civiles tengan acceso a este vital medicamento. Su aprobación sería una muy buena noticia para quienes hoy luchan por mantener con vida a las personas que sufren de una sobredosis.
* Especialista en salud pública. Invitado por el Dr. Eduardo C. Lazcano Ponce.

