

Salud global: un enfoque ampliado para la salud pública y un ideal por alcanzar
A lo largo de la historia, el progreso de la salud humana se puede comprender a partir de explicaciones que entretejen, de manera convincente, tanto métricas como narrativas. Uno de los ejemplos más recurridos para ilustrar este progreso es el incremento en la esperanza de vida al nacer en los últimos 300 años.
Al nacer en la segunda mitad del siglo XVIII, una persona podía esperar vivir, en promedio, poco menos de 29 años. Si esa persona naciera dos siglos después, su esperanza de vida incrementaría a 46 años. El día de hoy, la esperanza de vida global al nacer es de 73.2 años, siendo mayor en mujeres (75.9) que en hombres (70.5).
Mientras que esta métrica indica que la ganancia de más del doble de años de vida en la población mundial ocurrió en un periodo muy breve y de una manera muy acelerada, las narrativas para explicar este incremento pueden ser variadas, complementarias y, en ocasiones, opuestas.
La salud pública provee diversos modelos o enfoques que nos ayudan a construir estas narrativas. Por ejemplo, el enfoque biomédico y el sanitario-ambiental atribuyen la mejora de la salud y el consecuente aumento de la esperanza de vida al acceso a agua limpia, saneamiento e intervenciones poblacionales como la vacunación. Por su parte, el enfoque socioconductual busca incidir en los aspectos psicosociales y culturales para reducir el riesgo de desenlaces en salud que afectan el bienestar de grupos poblacionales específicos, tal como lo hace la promoción de los métodos anticonceptivos para prevenir la fecundidad adolescente.

A pesar de su capacidad explicativa, estos enfoques presentan limitaciones importantes, en tanto que suelen examinar el estado de salud poblacional de manera acotada tanto geográfica (a nivel estatal, municipal) como contextualmente (rural, urbano). Ante esto, a lo largo de las últimas tres décadas, la salud global se ha consolidado como un enfoque que amplía las perspectivas y el alcance de la salud pública.
Una de las premisas fundamentales de la salud global es el peso que tienen las relaciones entre comunidades, países y regiones distanciados geográfica, política y culturalmente en el proceso de salud-enfermedad en el nivel local. Aunque en sus orígenes ha tenido como objeto de estudio la aparición de las pandemias y el control de éstas a través de las fronteras, la salud global ha incorporado múltiples dimensiones analíticas para intentar comprender la interdependencia económica, política y ambiental entre los estados-nación propiciada por el fenómeno de la globalización, el cual tuvo un proceso acelerado a partir de la segunda mitad del siglo XX.
Una característica de gran importancia del fenómeno de la globalización es la expansión del modelo de producción capitalista y de libre mercado a escala internacional al amparo de gobiernos neoliberales. Si bien este modelo ha impulsado el crecimiento económico y contribuido con éste a la mejora de la salud poblacional mediante la creación, acceso y disponibilidad de tratamientos y biotecnología, también es cierto que ha propiciado el incremento de la concentración del capital en pocos países, individuos y corporaciones globales, así como el aumento de la desigualdad social o la degradación ambiental.
Retomando el ejemplo anterior, la desigualdad social puede explicar por qué en 1990, bien entrada la era de la globalización, la esperanza de vida al nacer en África era de 52 años, mientras que en Europa era de 73. Aunque esta brecha de 21 años se redujo a 15 en 2023 (64 y 79 años, respectivamente), sigue siendo muy elevada, sistemática, evitable y, por lo tanto, injusta. Desde el enfoque de la salud global, esta diferencia se considera una inequidad global en salud, y son estas inequidades las que el enfoque de salud global busca mitigar.
De este modo, el enfoque de la salud global no es útil únicamente para ampliar la perspectiva de la salud pública mediante el entrelazamiento de métricas y narrativas convincentes, sino que puede ser considerado como un ideal a alcanzar mediante la acción colectiva de todos los sectores de la sociedad y organismos multilaterales que crean mecanismos –tales como alianzas, acuerdos, tratados y colaboraciones– para hacer de la salud un bien público global.
* Especialista en salud pública. Invitado por el Dr. Eduardo C. Lazcano Ponce.

Médicos revisando a un enfermo, ca. 1915. Imagen: INHERM

