

El camino de Santiago
(Segunda parte)
En 2024 me incorporé a un grupo de amigos con el que recorrimos diversos tramos del Camino de Santiago. Además de que soy un apasionado del senderismo (como ahora le dicen), los tres días previos al recorrido los pasé “peinando” a pie el casco antiguo de la ciudad de Madrid. Semejante entrenamiento de unos 15 kilómetros diarios tenía que compensarlo con una buena alimentación, que tuvo su clímax en el restorán Botín, el más antiguo del mundo en funciones.
Completé mis comidas en los mercados de San Miguel y de Antón Martín, ambos con variadísimas opciones.
Por cierto, que allá me tocó el 12 de octubre, que España celebra como “Día de la Fiesta Nacional” y “Día de la Hispanidad”, y México era el país invitado por la municipalidad de Madrid. Sorprende que muchos mexicanos no digieran nuestra historia después de 500 años. Mas allá de las sanguinarias acciones del ambicioso aventurero Hernán Cortés y más allá de la injusta, genocida e imperialista guerra de Conquista, lo cierto es que somos un pueblo mestizo y deberíamos asumir ambas raíces. Sin rencores ni complejos. Los conquistadores no son ancestros de los españoles actuales. Son nuestros ancestros.
Las comidas y cenas durante nuestro recorrido del Camino de Santiago fueron de primera; muy sabrosas, sin pretensiones, y con esa abundancia que caracteriza la generosidad del pueblo español. Siempre botellas de vino en la mesa, a pasto, que se renovaban sin pedirlo conforme se iban acabando. Recuerdo de manera especial una apetitosa sopa de judías rojas, especie de fabada de pequeños frijoles colorados; unas sabrosas orejas de puerco fritas, en trozos, como entrada; unos riñones de res cocinados en jitomate, deliciosos; unos fideos blancos en caldo, muy ricos, casi tanto como los que me hace Charito aquí en Cuernavaca; un bacalao a la riojana, de lo mejor, que me recuerda esos enormes viñedos de Rioja que atravesamos caminando; en fin, los torreznos, especie de chicharrón con una capa de carne pegada a la piel dorada del cerdo, que me encantan. Por supuesto que en Burgos comimos morcilla y en Astorga sus famosas mantecadas.

Inolvidable fue la ceremonia de la queimada que celebramos en Lugo. Se trata de un ritual gallego muy antiguo para ahuyentar al mal y el nombre proviene de la bebida que se prepara para tal efecto, que se hace quemándola. Se compone de aguardiente de orujo (la piel de las uvas), azúcar y cáscara de limón. Con todos los participantes alrededor, en un gran recipiente se mezclan los ingredientes, se les prende fuego en el líquido mismo y conforme se va quemando el alcohol, la llama se va tornando azul; es cuando comienza el conjuro, a cargo de uno o varios de los concurrentes, quienes deben leer con la vehemencia necesaria para lograr el objetivo. El fragmento que me tocó leer a mí decía así:
[…] ¡Oíde, oíde!
Os ruxidos que dan as que non poden deixar
De queimarse na augardente
Quedando así purificadas
E cando este brevaxe baixe polas nosas gorxas
Quedaremos libres dos males da nosa ialma
E de todo embruxamento
Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada
Si é verdade que tendes máis poder que a humana xente
Eiquí e agora
Facede cos espritos dos amigos que están fora
Participen con nós de esta queimada […]
De despedida, en Santiago nos ofrecieron de cena una mariscada fuera de serie, con varios tipos de cangrejos y de camarones y, por supuesto, con vieiras, ese molusco bivalvo que simboliza a Santiago Apóstol y que por ello también son llamadas Conchas de Santiago o Conchas del Peregrino. La explicación es confusa: una leyenda dice que cuando se transportaba el cadáver martirizado del apóstol Santiago de Jerusalén a Galicia el barco naufragó y el cuerpo se recuperó cubierto de esas conchas; otra versión habla de que los peregrinos comprobaban su estancia en Compostela llevando consigo una vieira que recogían en las playas gallegas; otra más sostiene que las líneas convergentes de esas conchas representan los diferentes caminos que llevan a Santiago de Compostela.
Imagen viandotreks.com

Imagen: empanarte.es

