

La Lección Inaugural de la Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca por José Emilio Pacheco
En enero de 2005, el auditorio Emiliano Zapata de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), bajo la rectoría de René Santoveña, fue el escenario de la conferencia inaugural de la Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca. Sustentada por el escritor y poeta, Premio Cervantes y miembro de El Colegio Nacional: José Emilio Pacheco. Esa tarde fue memorable, ya que se recordó el centenario de la aparición de los primeros textos de Alfonso Reyes, tres sonetos titulados: «La duda”; también era el centenario de: Cantos de vida y esperanza, de Rubén Darío. El acto se convirtió en una aguda reflexión sobre la persistencia y el olvido de los clásicos en la cultura contemporánea.
Pacheco, quien inició su intervención con su característica modestia y simulado nerviosismo, expresando su gratitud al arquitecto Braulio Hornedo por su apoyo para lograr la publicación del libro La Ilíada de Homero en Cuernavaca y otros textos. Aristía de Alfonso Reyes. Expresó la dificultad de hablar sobre Reyes ante expertos de quienes él mismo había aprendido tanto.
La voz de Pacheco se estructuró en torno a su preocupación por la “muerte de los clásicos» y la «ignorancia cada vez más generalizada de su legado». Para ilustrar este punto, relató una anécdota, que es un chiste tragicómico, en la que un presidente con botas ¡confunde al poeta Homero Aridjis con el autor de la Ilíada declarándose su fan! y, además, atribuyendo el episodio del Caballo de Troya a la epopeya homérica, cuando en realidad lo encontramos en el segundo libro de la Eneida de Virgilio. Esta anécdota sirvió como punto de partida para una lamentación profunda sobre la ausencia de los clásicos, citando el libro: ¿Quién mató a Homero? de Bernard Knox.
José Emilio destacó cómo los clásicos, que alguna vez fueron parte indispensable de la formación cultural general, ahora existen, si acaso, en pequeños departamentos universitarios como «micro élites de especialistas que saben latín». Pacheco se identificó como parte de la última generación que estudió griego y latín en la escuela, señalando que, salvo en carreras especializadas, el único acercamiento a las lenguas clásicas en la actualidad son las etimologías. Contrastó esta situación con la época de Rubén Darío, hace un siglo, cuando los nombres y las historias de la mitología griega eran tan familiares como los rockstars y los boxeadores de hoy. No obstante, Pacheco también apuntó la irónica persistencia de conceptos griegos en la vida moderna, desde los nombres de planetas Venus o Marte, hasta las Olimpiadas, el gimnasio, la democracia, la utopía y el complejo de Edipo. A pesar de la supuesta «muerte» de los clásicos, señaló que las traducciones de sus obras no han cesado y bibliotecas como la de la UNAM y la «Biblioteca Básica Gredos» continúan creciendo y medio vendiéndose, lo que sugiere quizá la existencia de algún público.
Una parte central de la conferencia fue la vehemente defensa de Alfonso Reyes frente a la crítica común de que sólo se ocupó de Grecia y nunca de México. Pacheco calificó esta afirmación como «una de las injusticias más radicales» y argumentó que se debería estar agradecido por la universalidad de Reyes, que abarcó tantas otras culturas, como la alemana o la rusa.

Finalmente, el conferencista abordó los desafíos de la obra de Reyes en la época moderna. Los 26 volúmenes de sus Obras Completas representan un obstáculo insalvable en los hogares actuales. Pacheco, quien previamente había considerado las obras completas como un «gran error», similar a la idea de las reliquias de un santo, sugirió la necesidad de una Biblioteca de México, que seleccionara volúmenes individuales y utilizara formatos digitales para el resto, aunque él mismo se contradijo al admitir su incapacidad de leer libros en pantalla y su apego al libro físico. Esta reflexión llevó a la dicotomía entre el «autor compact» (el videoclip) y el “escritor» del libro extenso, donde el primero parece tener ventaja debido a la “gran culpabilidad inmensa por lo que no he leído» que siente el lector contemporáneo. Pacheco enfatizó que es más importante leer bien que leer mucho, citando a Borges como ejemplo de erudición basada en la lectura profunda de selectos autores. La vastedad de obras como las de Neruda (60 tomos) o Lope de Vega (cuya obra es casi imposible de leer en su totalidad) ilustran el dilema del lector moderno.
Para refutar la percepción de Reyes como enfocado sólo a Grecia, Pacheco presentó una lista de sus obras completas, destacando que, de los 26 volúmenes de Reyes, sólo 6 están dedicados a la cultura grecorromana, incluyendo obras fundamentales como La crítica en la Edad Ateniense, La antigua retórica, Religión griega y Mitología griega. Concluyó que, si bien nadie debe sentirse obligado a leer a Alfonso Reyes o a otros grandes autores, es crucial reflexionar sobre lo que perdemos y en lo que nos perdemos al no acercarnos a su legado. El doctor Pacheco finalizó con un agradecimiento especial a don José Luis Martínez (él estaba en el presidium), quien por más de 60 años se dedicó a estudiar y difundir la obra de Alfonso Reyes.
*Cátedra Alfonso Reyes en Cuernavaca: www.alfonsoreyes.org.mx

