Iván Illich y el CIDOC de Cuernavaca

 

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el modo de vida norteamericano se convirtió en el modelo del «desarrollo deseable para todas las naciones capitalistas», y éste a su vez, se izó como bandera de las políticas económicas de los países del área de influencia de los Estados Unidos. La doctrina del desarrollo económico de Harry Truman se esparció con tal fuerza en América Latina que los años de educación escolar obligatoria se incrementaban como indicadores del “desarrollo” de un país. Las elites nacionales predicaban que el camino más corto para salir del subdesarrollo era la escolarización. Sin embargo, y esto lo demostró contundente Illich, la escuela, para los países latinoamericanos, no significaba la salida del tercer mundo, sino una nueva fuente de injusticias y de control social por los verdaderos beneficiados del desarrollo.

En 1958 cuando fue nombrado vicerector de la Universidad Católica de Ponce, en Puerto Rico, Illich empezó a percatarse de que para la mayoría de los seres humanos el derecho a aprender se ve restringido por la obligación de asistir a la escuela. A lo largo de los años 60, Illich y Everett Reimer mantuvieron vivo el diálogo sobre el tema, que se hizo más sistemático con los dos seminarios anuales que desde 1966 organizó en Cuernavaca, Valentina Borremans. Buena parte de los frutos de las discusiones, en las que participamos decenas de personas, aparecieron en las publicaciones del Centro.

El Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) fue la continuación del Centro Intercultural de Formación creado un lustro antes. Iván contó con la colaboración de Valentina Borremans, Feodora Stancioff y Gerry Morris para iniciar operaciones. En la primera sede, en el otrora lujoso Hotel Chulavista se enseñaba español, pero también se discutía, sobre la misión que la Iglesia estaba llevando a cabo en Latinoamérica. A Illich le parecía evidente que la alianza entre la Iglesia y el naciente culto al desarrollo era una trampa imperialista. El mismo desarrollo le pareció una calamidad que provocaba un daño enorme a millones de personas.

En 1966 con el CIDOC se abrió un espacio de reflexión, marco en el que se realizaban acaloradas discusiones respecto al desarrollo económico de Latinoamérica. En los jardines te encontrabas en los recesos de los seminarios, tomando un café, en las hamacas o caminando bajo las jacarandas, a intelectuales de la talla de Paul Goodman, Erich Fromm, Peter Berger, Paulo Freire, Ramón Xirau, Rius y otras personalidades de todo el mundo. A partir de las discusiones que se llevaron a cabo surgieron los Cuadernos de CIDOC, pequeños volúmenes, impresos y encuadernados en su propio taller. Con inaudita velocidad, para la tecnología editorial de la época (sin fotocopiadoras económicas, ni computadoras o impresoras). A mediados de la década de los sesentas, un libro como los Cuadernos de CIDOC tardaba semanas en producirse comercialmente, mientras que en CIDOC se lograban producir en días. De esos Cuadernos provienen los primeros libros o panfletos publicados por Iván en español al inicio de la década de los setentas: La sociedad desescolarizada, La convivencialidad, Energía y equidad, Desempleo creador.

Durante esos años, Illich formuló severas críticas a la Iglesia Católica. En una conferencia, incluso la comparó con la Ford Motor Company. Acusó a la Iglesia de no ser más que otra burocracia que promovía ese veneno llamado modernidad o desarrollo.

En el geométrico rango de las ideologías políticas, ni la derecha ni la izquierda entendieron las críticas formuladas por Monseñor Iván Illich. Incluso, el jesuita Dan Berrigan lo acusó de violencia intelectual. En 1967, el Vaticano censuró el CIDOC e inició un interdicto, Illich decidió renunciar a los privilegios de la alta jerarquía Católica. Pero no renunció a su condición de sacerdote. El CIDOC se mantuvo hasta 1976, cuando Illich decidió, en acuerdo con los trabajadores cerrarlo “antes de que se convirtiera en una escuela”. CIDOC funcionó exactamente una década.

En una entrevista con David Cayley, el propio Illich precisa esta historia:

« Cayley: ¿Por qué estableciste el CIDOC?

Illich: De las cosas que hice en Puerto Rico había una que deseaba continuar. La cruzada contra el desarrollo. En parte ese era el objetivo del CIDOC; en parte, era atenuar el mal causado por los cuerpos de paz. […] Sabía que los voluntarios eran un modelo de propagación de los altos niveles de consumo en servicios cuando eran mandados a Latinoamérica […] A través de la imagen de los voluntarios pronto vino la idea, no sólo por parte de los periodistas sino también por parte de la gente que decía que los voluntarios podían hablar con mucho mayor conocimiento acerca de las situaciones locales con esto quedaba justificada la idea de que la gente necesitaba la ayuda.

Cayley: ¿El propósito del CIDOC era subversivo, explícitamente subversivo desde el principio?

Illich: En el CIDOC se trataba de atenuar los efectos negativos que provocaba el envío de voluntarios del Papa, a la vez que quería evidenciar la locura ilusoria que significaba el programa de voluntarios; al volverlos reflexivos sobre la realidad de América Latina.»

* www.ivanillich.org.mx

Braulio Hornedo Rocha