

El futuro ya nos alcanzó
Luis Marín *
Hace tiempo que mis amigos y yo hemos aceptado que, frente a la más innegable evidencia, ya no somos jóvenes. En el pasado, nos extrañábamos de que nos llamaran “Señor”, pero hoy nos resulta extraño que alguien nos siga llamando “Jóvenes” —y aunque sin duda hay quienes nos llaman así, siempre suelen ser personas mucho mayores que nosotros—. Nuestras pláticas ya no son de los temas de moda, sino de nuestra salud. Y últimamente, de la situación política del mundo.
Soy afortunado de conservar amigos así: “de lucha”, si se me permite la licencia de cursilería y nostalgia rebelde. Aunque sé bien que esa denominación puede ser ofensiva y hasta irrespetuosa, pues no militamos nunca en lo que, para nuestros tiempos, eran las militancias de izquierda: el Partido Comunista, organizaciones anarquistas, y demás etcéteras. Pero participamos en movimientos por la defensa del territorio y los Derechos Humanos, fundamos juntos una cooperativa y una organización estudiantil, impulsamos no pocas iniciativas de participación comunitaria, y marchamos juntos, codo a codo, gritando consignas, tantas veces como pudimos.
Sé que ahora sueno tan parecido a los adultos rebeldes de mi juventud, pero es que yo me he convertido en uno. Ahora miro con nostalgia ese pasado idílico. Y aunque soy un férreo opositor de la creencia que todo tiempo pasado fue mejor, pienso que no es por nostalgia, sino por alarma y desesperación, que prefiero ese pasado en que aún cabía en mí la esperanza de un futuro mejor. En cambio, hemos llegado a un futuro donde lo que más extraño son los Derechos.
No gastaré aquí más palabras ni páginas en hablar de lo que todos han hablado en estos días. De eso ya se encargarán otras plumas. A mí lo que me importa es repensar la izquierda, si es que aún existe. No esa izquierda institucionalizada que se llama a sí misma izquierda; porque es precisamente por ella y por su incompetencia que, como señaló Carlos Aguirre Rojas, y los zapatistas, que la ultraderecha ha vuelto a América Latina, pero con esteroides.

Entre mis amigos, lo señalamos con claridad: supimos que con la llegada al poder de lo que por entonces nos parecía “la izquierda”, mucha de la gente que componía las bases de los movimientos sociales se durmió en sus laureles, satisfecha de ese logro. Y dado que aquello a lo que se oponían ya no estaba, se negaron a oponerse ahora a la supuesta izquierda vuelta poder. “Nos van a dar la vuelta”, dijo mi amigo, tan pronto como eso sucedió. Varios años después, aquí estamos, viendo que, en efecto, eso ocurrió: nos dieron la vuelta.
Pero ya no somos jóvenes. Aunque, sin duda, tampoco viejos. Pero los tiempos ya no están para las rebeldías del pasado. Hace falta mucha creatividad para inventar nuevas rebeldías, pero ya no hay tiempo. En cualquier momento otro “Dueño” toma cualquier territorio, a costa del despojo. Y nosotros seguimos aletargados.
En cualquier caso, los zapatistas tenían razón (siempre la han tenido): las viejas categorías y conceptos políticos ya no alcanzan a explicar las cosas que pasan hoy día. Del mismo modo en que los primeros proletarios murieron sin saber que lo eran, sin saber que muchos años después de su paso por el mundo vendrían un viejo barbón a bautizarlos con esa categoría, asimismo nosotros ahora: conceptos como izquierda, derecha, o capitalismo ya no existen. Se han vuelto obsoletos. Hacen falta nuevos conceptos, aunque de poco servirían.
El futuro ya nos alcanzó, y ni siquiera nos hemos dado cuenta de que, como decía Giorgio Agamben: el futuro no tiene futuro.
*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y maestrante en Salud Pública, por la Escuela de Salud Pública de México (ESPM/INSP). freudconcafe@gmail.com

