

Niñapájaroglaciar
Como suele suceder con las cosas que me intrigan e interesan, no pude esperar a su llegada a México. Tenía que conseguirlo, a como diera lugar. Supe de él por Isabel Zapata, quien compartió en su cuenta de Instagram un fragmento del quinto capítulo del libro, el mismo capítulo que algunos meses después sería igualmente emblemático para mí. Pero pronto descubrí que Rey Naranjo Editores era una casa editorial colombiana independiente que no alcanzaba a llegar a México; y en internet sólo había encontrado fragmentos del primer capítulo, y no el libro completo. Amazon y Kindle fueron la solución.
Isabel Zapata lo tenía en físico (¡qué suerte!), y su edición rola (gentilicio para quienes nacieron en Bogotá) me hacía recordar la sobriedad de las antiguas ediciones de Editorial Diana con los libros de García Márquez, en especial “El amor en los tiempos del cólera”: un cuadro o rectángulo con una ilustración sobre un fondo blanco. Yo, en cambio, lo compré en Kindle y empecé a leerlo en digital, hacia finales del 2024.
De inmediato capturó mi atención. Jamás me había detenido a pensar cómo era que las aves recibían sus nombres (afrecheros, porque comen afrecho; bichofué porque así suena su canto: “bichofuéee”), o a qué sabe la pomarrosa (fruto que no prolifera en México, y al cual se le considera exótico en nuestro país). Pronto empecé a preguntarle a mi amiga rola qué tanto había de cierto, cómo era Manizales o lo que queda del Nevado del Ruiz, y sin que el libro ni su autora se lo propusieran o imaginaran siquiera, el libro, para mí, se volvió interactivo.
Creo que fue en una estación de autobuses cuando inevitablemente el libro se volvió especial: había ido a despedirme de mi amiga, quien pasaría las fiestas en Colombia, y mientras esperábamos el viaje que la llevaría al aeropuerto, me ofrecí a leerle un fragmento del libro: precisamente el capítulo cinco, que Isabel Zapata había compartido meses antes. Nos reímos y conmovimos de los intentos de Mariana Matija —la autora del libro, a quien, curiosamente (¡qué chiquito es el mundo!) mi amiga conocía, pues habían estudiado juntas en Colombia— por enseñarle a escribir a su perro, para que cuando no estuvieran juntos, él pudiera escribirle cartas a ella, y contarle todo lo que había hecho durante su ausencia.
Una carcajada levantó la sospecha de los pasajeros que también esperaban pacientemente el llamado de su autobús, cuando leímos: “yo me desaparecí un rato y cuando llegué le dije a mi mamá que había estado haciendo el amor con una perra”. La ternura que nos conmovió después de la risa todavía la recuerdo, cuando Mariana explicó que: “El susto de mi mamá no duró mucho porque ahí mismo le expliqué bien qué era lo que estaba haciendo: yo miraba a la perra con amor y ella me miraba con amor, y para mí eso había sido hacer el amor”.

El mismo libro que nos hizo reír y conmovernos de ternura, en el mismo capítulo hizo rodar las lágrimas de mi amiga, cuando Mariana escribió sobre el tránsito de niña a mujer, y lo que se espera de ello. Y de pronto caí en cuenta que no sólo hacía mucho que no le leía a alguien en voz alta, sino que esa lectura, además, nos hiciera reír, llorar, y sentir ternura y conmoción ¡en un solo capítulo, y en tan poco tiempo!
El libro llegó por fin a México bajo el sello editorial “Almadía”. Y en septiembre de 2025, Mariana Matija visitó el país. Ni qué decir tiene que fui a encontrarla en “Casa Tomada”, y aunque ya había leído el libro para entonces, compré la hermosa edición de Almadía sólo para tener una firma suya, la cual me otorgó con un lápiz multicolor que hacían de las letras un arcoíris.
Niñapájaroglaciar fue el mejor libro que leí este año. Tan especial fue para mí, que le dedico mi última columna del año, para darle las gracias por el apapacho. A pocos días de que acabe el 2025, me pregunto: ¿qué es lo que hace que un libro sea especial? Las respuestas son muchas, pero en mi caso, me gusta pensar que hay libros que van más allá de los libros, y que se vuelven especiales por lo que les orbita y no por lo que los contiene. Gracias, Mariana Matija, por Niñapájaroglaciar.
*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y maestrante en Salud Pública, por la Escuela de Salud Pública de México (ESPM/INSP). Contacto: freudconcafe@gmail.com

