

Las lecturas que me devolvieron las ganas de escribir
Este año descubrí una cosa muy importante: quiero ser escritor. De joven, tuve ese ímpetu creador que, con el paso de los años, fui apagando poco a poco. Por no sé qué sortilegio, este año reencontré esas ganas de escribir que había abandonado en el desván. Y me refiero a escribir literatura, porque ensayos académicos y artículos sí que sigo escribiendo. Pero lo mío, lo mío, es el ensayo literario. Así que esta columna —la penúltima del año para mí— es una suerte de decreto para el año venidero: volver a escribir ensayo literario, y no dejar de hacerlo hasta que muera.
Quizá, sin darme cuenta, ya he vuelto a hacerlo. Por lo que esta, mi penúltima entrega, la quiero dedicar al abracadabra ensalmador que me devolvió las ganas de escribir, porque claro que sé cuál fue el conjuro, el hechizo que me embelesó: la lectura. Para cuando se publica este texto, habré leído 42 libros, y dudo mucho que el año me permita leer más que eso. ¿Fueron pocos o muchos libros?
El INEGI dice que los mexicanos pasamos de leer 3.4 libros en 2023 a 3.2 en 2024. Pero un par de perspectivas más alentadoras dicen que “México pierde lectores, pero los que quedan leen cada vez más”, y que 2025 “es el primer año en que los libros repuntan en el porcentaje de lectores”. Sobre todo, me alegra saber que el grupo etario que más está recuperando el gusto por la lectura son los jóvenes de 12 a 24 años. Este año que se acaba, fue un buen año para la lectura y los lectores.
Hacia la mitad del año, publiqué un breve recuento de mis mejores lecturas, y sólo quiero actualizarlo, porque me interesa más el futuro, y lo que espero con ansias para 2026. Así que, sin más, mis mejores lecturas de este año, y las cuales recomiendo para todo improbable lector de mi columna, son: “Mr. Vertigo” y “La invención de la soledad”, de Paul Auster; “Cosmética del enemigo”, de Amélie Nothomb; “El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes”, de Tatiana Țîbuleac; “El olvido que seremos”, de Héctor Abad Faciolince; “Cien años de Soledad”, de Gabriel García Márquez; “Frankenstein, o el moderno Prometeo”, de Mary Shelley, y el que desde el inicio del 2025 hasta el final, mi mejor lectura del año: “Niñapájaroglaciar”, de Mariana Matija.

42 no es una mala cifra. Pero también comprendí que más importante que leer muchos libros es disfrutar su lectura. Aun así, nunca olvidaré una importante lección de mi hermosa profesora de teatro: un buen escritor lee más de lo que escribe.
Así que para 2026, claro que espero llegar a los 50 libros o más. Pero más importante que leer muchos libros, es leer libros que te conmuevan y te hagan pensar, que te cimbren y te hagan llorar, que cambien algo dentro de ti para cuando los acabes. Por lo que mi lista de deseos para el 2026 es (hasta ahora):
“El dios de las pequeñas cosas”, de Arundhati Roy; “Me llamo Rojo”, de Orhan Pamuk; “Las gratitudes”, de Delphine de Vigan, “Las pequeñas virtudes”, de Natalia Ginzburg, “El jardinero y la muerte”, de Gueorgui Gospodínov; “Melancolía de la resistencia”, de Laszlo Krasznahorkai, y “Mis últimos 10 minutos y 38 segundos en este mundo”, de Elif Shafak.
Dios bendiga a esos libros que me hicieron conectar de nuevo con mi yo ensayístico que llama a esperar cosas grandes para el 2026. Nos deseo buenas lecturas, y mejores escrituras para el año que se viene.
*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y maestrante en Salud Pública, por la Escuela de Salud Pública de México (ESPM/INSP). Contacto: freudconcafe@gmail.com

Mariana Matija. Foto: lacaderadeeva.com

