

Pasar de la Promoción a la Conmoción de la Salud
Desde la Carta de Ottawa en 1986, hasta la Décima Conferencia Mundial sobre Promoción de la Salud en 2021, la Organización Mundial de la Salud (OMS) continúa poniendo al centro del debate el concepto de Promoción de la Salud, como “el proceso que empodera a las personas para que tomen el control y mejoren su salud y sus determinantes”. Busca “crear condiciones y entornos propicios para que todas las personas tomen decisiones saludables en los lugares donde viven, trabajan, envejecen y se divierten”, abordando los determinantes sociales, ambientales y personales de la salud.
Sin embargo, tan pronto como se enuncia, aparecen cuestionamientos cruciales que sería pertinente que todo sanitarista se plantee. Cuando la OMS dice, por ejemplo, que la Promoción de la Salud es “el proceso que empodera a las personas para…”, cabe preguntarse: ¿qué, o quiénes echan a andar ese proceso? ¿Desde dónde? Si dicho proceso empodera a las personas, ¿significa que tal proceso otorga poder? ¿El poder se otorga? ¿Se da? ¿Qué o quién lo da, en todo caso? Y, por último, “para que tomen el control y mejoren su salud y sus determinantes”, ¿quiere decir que, una vez echado a andar el proceso que da a las personas poder y control, ellas deberán, por fuerza, tomarlo para hacer una acción específica que no necesariamente surge desde ellas, y sus necesidades sentidas y percibidas, sino desde una institución lejana, y probablemente ajena a ellos?
La palabra “pro-moción” proviene del latín promotio, que deriva de la raíz pro– (hacia adelante, delante) y el verbo movere (mover), más el sufijo –tio (acción y efecto). De modo que promover es la “acción o efecto de mover hacia delante”. Pero cuando, a finales de 2015, en Ciudad de México, Cuernavaca, Guadalajara, Puebla y Oaxaca, se llevó a cabo un encuentro internacional, que albergó a cerca de cien colectivos y organizaciones, varias docenas de pensadores y activistas de México y de 15 países y unos 2,000 asistentes, el cual llevó por nombre “Tejiendo Voces por la Casa Común”, notamos algo curioso:
“…pasamos de la promoción […] a la conmoción. La promoción es esta idea de promover, mover en pro de algo. Promover al otro implica una de dos cosas: suponer que el otro no se está moviendo, lo cual es siempre falso porque la gente no deja de moverse; o algo peor, está moviéndose pero en el sentido equivocado, y que uno sí sabe hacia dónde debe moverse, y por eso hay que promover el camino adecuado. Conmoverse es diferente. Conmover es una palabra muy fuerte en español, que implica, entre otras cosas, que se mueve todo, no solamente la cabeza, sino también el estómago, el corazón, todo lo demás. Y conmover implica moverse con el otro, con la otra. No tratas de llevar a nadie a ninguna parte, sino de moverse con el otro, con la otra, como cuando bailamos, para encontrar juntos qué hacer. Y así fue haciéndose esta bola de nieve…” (Gustavo Esteva).
Quizá, tal como Gustavo Esteva nos enseñó, convenga pasar de la Promoción a la Conmoción: movernos con el otro, sin tratar de llevarlos a ninguna parte, sino encontrarnos, juntarnos. Ver qué surge de ese encuentro. Quizá, sin darnos cuenta, así podría alcanzarse la salud y el bienestar tan anhelados por la OMS, o al menos una salud que no venga acompañada de la lógica del desarrollo y el poder.

*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y maestrante en Salud Pública, por la Escuela de Salud Pública de México (ESPM/INSP). Contacto: luis.marin@insp.edu.mx

Foto: UNAM

