

Prevenimos el suicidio, ¿y luego qué?
El pasado 10 de septiembre, como cada año, se conmemoró el día mundial para la prevención del suicidio. Agradezco a Enrique Balp, director de La Jornada Morelos, por haberme invitado a publicar en “Plaza”, la versión impresa de este diario, un texto acerca de la iniciativa llamada “Guardianes para la Prevención del Suicidio”, sobre la cual actualmente estoy haciendo mi proyecto de titulación en la Maestría en Salud Pública.
Me llena de entusiasmo y alegría saber que, como consecuencia, el texto tuvo muy buena recepción: he recibido muchos mensajes, correos, felicitaciones, invitaciones a publicar, o a presentar esta iniciativa en otros espacios. Sin embargo, en esta ocasión quiero aprovechar este espacio para presentar dos limitaciones que encuentro en la iniciativa en Guardianes, y que considero pertinente no pasar por alto.
La primera de ellas, aunque hace tiempo que venía pensándola, llegó en forma de pregunta: fui invitado a presentar esta iniciativa en un diplomado de la facultad de psicología de la UAEM, en una materia sobre psicología social comunitaria. Luego de hablarles del entrenamiento en “Guardianes”, uno de los chicos planteó: pero, ¿qué pasa si el entrenamiento funciona, y los chicos son capaces de identificar riesgo suicida, y de canalizarlo a los servicios de salud, pero entonces los servicios de salud te dan cita hasta dentro de ocho meses, o hasta el año próximo, o llegado el día de tu cita, el psicólogo o psiquiatra no llega, cancela, o bien hace una mala práctica? ¿Entonces qué?
Esta es una de las principales limitaciones de la iniciativa: los servicios de salud en México, en especial en lo concerniente a la salud mental, dejan mucho que desear. Hay pocos recursos, los espacios son limitados, y las malas prácticas abundan por doquier, causando, muchas veces, más daños que beneficios.
La segunda limitación tiene que ver con los Determinantes Sociales de la Salud. Como dice el psicoanalista chileno Nicolás Ravest: “Siempre es bueno recordar que no alcanza con retener a alguien en la misma vida que reiteradamente le expulsa. La prevención también se dirige en un deseo que al mismo tiempo que teme, no escatima”.

Procuramos evitar la muerte del potencial suicida, pero no atendemos las raíces de fondo que los llevan a ese punto. Como mencioné en el texto sobre “Guardianes”, aunque el principal factor asociado al suicidio es la depresión, es necesario reconocer que esta, a su vez, está asociado a determinantes contextuales: la exposición a la violencia, “problemas sociales, inadecuadas razones para vivir, problemas académicos, y problemas en la interacción”, así como “altos niveles de endeudamiento, y desempleo, especialmente los varones”.
En un país con una crisis de inseguridad y violencia, con una crisis de desapariciones, en un país empobrecido, con altos índices de violencia institucional, de género, de discriminación por raza, nivel socioeconómico, preferencias sexuales, ¿cómo es que nos empecinamos en que el probable suicida no se quite la vida? ¿De que sirve que logremos que se quede si las condiciones que lo empujaron a atentar contra su vida siguen aquí, y no se modifican de fondo?
Esto para nada pretende ser un texto pesimista, por el contrario, busco poner sobre la mesa discusiones pertinentes y necesarias. Hay que continuar pensando críticamente sobre todo lo que hace falta, porque, como bien dicen los zapatistas: de por sí falta lo que falta.
*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y maestrante en Salud Pública, por la Escuela de Salud Pública de México (ESPM/INSP). Contacto: freudconcafe@gmail.com

