

Omar Alcántara Islas*
Realizada en 1949, la película Aventurera, hecha bajo la dirección de Alberto Gout (CDMX, 1913-1966), será estrenada un año más tarde. De este modo, está cumpliendo tres cuartos de siglo. Señalada por muchos como la cinta más importante del género de rumberas, largometrajes donde las protagonistas combinan sus habilidades actorales con su talento para la danza, el filme armoniza la tragedia de Elena, la protagonista –Ninón Sevilla (La Habana, Cuba, 1929 – CDMX, 2015)–, con la alegría que esta experimenta al bailar, cual si fuera un inolvidable monumento a la resiliencia femenina en un entorno adverso donde los hombres son la principal amenaza.
Elena está marcada por su nombre. A semejanza de la Helena de Troya, a quien se atribuye el inicio de esa guerra épica que se nos narra en La Ilíada, su destino está determinado por fuerzas externas que la superan. Al inicio del filme, la traición al vínculo familiar de su madre y la muerte de su padre la precipitan a una vida donde es víctima, entre otros abusos, de la violencia sexual. Pero será en el cabaret donde también encontrará un lugar al ritmo de la rumba, el mambo, la samba o el chachachá; y es que Elena también significa «la resplandeciente». Ella convierte este drama mexicano en una expresión de libertad corporal con lo cual otorga equilibrio duradero a la cinta.
La película comienza en Chihuahua, la capital del estado del mismo nombre, cuya panorámica, en la primera toma del filme, enfatiza que aquí se trata de una historia urbana. De Chihuahua a Ciudad Juárez, de ahí a la Ciudad de México y más tarde a Guadalajara. La última toma, a su vez, traza un trayecto de lo impersonal de la urbe a una vida común, muestra un hombre solo (el Rengo) a la puerta del cabaret Tívoli, en la capital del país, como símbolo y contraste de lo que se juega en la calle y en el interior de ese lugar que escandaliza a cierta moral de la época, pero, al mismo tiempo, permite existencias heterodoxas.
Son muchos los ángulos desde donde se puede analizar el filme, pero habrá que limitarse a un par de comentarios. En primer lugar, se señala el vestido de Elena en su primera aparición como reflejo de su carácter y riqueza interior, en comparación con los atuendos de los demás personajes, en este mundo cinematográfico en blanco y negro donde cada tono también tiene su peso e interpretación; por ejemplo, en la fiesta de la boda. Otro subrayado: después de la detención de Lucio, alias «El guapo», escuchamos en la radio que se refieren a él como «el tratante de blancas». Nos ha tomado más de medio siglo entender que esta designación es una forma racista, por omisión, de nombrar el tráfico de mujeres, porque soslaya, como dice una amiga, que las mujeres engañadas y lastimadas son de todos los colores (no solo blancas).
En cualquier caso, aún siendo afectada por este depredador mercantilismo, la heroica Elena no necesita más que de su astucia para salvarse, su aventura se expresa en el baile, como si se bastara a sí misma, como si no necesitara de un hombre para su plenitud. Lamentablemente, las telenovelas mexicanas (amén de cierto cine) educaron a la mitad de nuestra población en una idea contraria a esta –1950, por cierto, es el año en el que comienzan las transmisiones de la televisión en México–. Pero los análisis más profundos sobre las mujeres en este filme lo están haciendo ellas mismas.

Resta mucho por decir sobre esta cinta, sobre sus intérpretes, sus villanos, su contexto histórico, el significado de las escaleras o el clasismo, los colaboradores de gran talla además de los ya mencionados, sus boleros o el hecho de que los números musicales lleguen a ser comentarios de las acciones, como en la tragedia griega; pero, en resumen, el cabaret en el cine mexicano es el teatro trágico donde uno baila alegremente; así ocurre en este filme donde a pesar de sus traspiés y sus excesos dramáticos sobresale su personaje como poseedora de un mundo que nadie le puede arrebatar.
En una estadística que quizá no se ha realizado, es probable que los pueblos que más bailen sean los pueblos más alegres. Y aunque eso no sea un remedio para todos los males, es por un momento un escape de las desventuras cotidianas, así como la recuperación del cuerpo en el placer de su expresión. (La película puede verse actualmente en YouTube)
*Doctor en literatura comparada


