Los poderosos de este mundo manifiestan y exhiben su miseria espiritual. Proclaman aversión por la existencia del otro y la inoculan en capas extensas. Víctimas de un nihilismo moderno, se lanzan al caos y se abrazan al ocaso como sentido de la vida con voluptuosidad intelectual. Quieren explicar el disparate y la insensatez como el sentido de su existencia.

La agresividad de las oligarquías nacionales y la de países enteros como Israel y los Estados Unidos son vivo ejemplo.

La -en otro tiempo- “espiritual Europa” u Occidente están en vías de descomposición completa. Su decadencia es cada vez más manifiesta. Europa entera se doblega voluntariamente ante los intereses estadounidenses. Hoy, la situación mundial se agudiza visiblemente con la alternativa: Confraternidad Mundial o Destrucción Mundial.

Por su parte, el Imperialismo yanqui parece disfrutar de su aquelarre nazifascista. Se sumerge ávidamente en el más profundo envilecimiento del espíritu humano y de su aspiración a la verdad… enfermedad mortal de la que habla Kierkegard, deslizamiento del mundo hacia el caos. Es la catástrofe espiritual contemporánea, la desespiritualización del espíritu, la desvalorización de la palabra, la ilegitimidad en todas sus formas.

Precisamente, ese Imperialismo yanqui, al que algunos se niegan a reconocer, sigue empecinado en imponer sus intereses utilizando su poderío financiero, económico, militar. Hace más de 2 siglos, mayo 9 de 1791, el Gobernador español de las Floridas (Alabama, Missisipi y Florida) Bernardo Gálvez exclamó: “El yanqui es un ser hipócrita, falso y verdaderamente rapaz. Las ideas del gobierno popular, de democracia y comercio libre que proclama, no tienen más objeto que desconocer los derechos de los demás, engañar al mundo con falsas promesas y obtener provecho propio”. Citado por José Steinsleger, ¿Monroe forever? La Jornada, miérc. 6 diciembre ´23. p. 15.

Hay retos que nos esperan acompañados de esperanzas que mantenemos, señales que exigen actitudes urgentes. En cuanto a los primeros, constatamos la emergencia de una derecha agresiva. Predomina el capital sobre los Derechos Humanos, se defienden dictaduras y se promueve la violencia armada que siembra muerte y destrucción. Las mentiras se diseminan, las falsedades y calumnias son la herramienta de esa derecha enferma.

Frei Betto subraya cómo la derecha se ha venido apropiando del fundamentalismo religioso que apela más a la emoción que a la razón. Un valor enraizado en los sentimientos populares que la Izquierda rodeó de prejuicios. En nombre de Dios se justifican violencias y crímenes.

Y el agravamiento de la desigualdad social, el hambre crónica que afecta a mil millones de personas y la inseguridad alimentaria, así como la precarización del trabajo. La apropiación de la riqueza por una minoría se ve favorecida por los oligopolios y por la sumisión de los Estados al Capital financiero.

En cuanto a nuestras esperanzas tenemos el resurgimiento de gobiernos democrático-populares identificados con las causas de los pobres y los excluidos.

El fortalecimiento de los movimientos identitarios: negros, mujeres, LGTBQI+, indígenas… sectores poblacionales organizados sobre la base de sus raíces étnicas y sus diversidades sexuales o religiosas. Ante esto, el racismo y el patriarcalismo incrementan la violencia, más crímenes y más feminicidios fruto de prejuicios y/o discriminaciones.

Los movimientos de protección a la naturaleza y defensa socioambiental que dan la alarma sobre la destrucción de nuestra casa común. El Papa Francisco insistió sobre esto en su Encíclica Laudato Si: el calentamiento global, las catástrofes ambientales y el desamparo de grandes contingentes de pobres afectados por la crisis climática.

La valorización de los pueblos originarios. Los indígenas recuperan su autoestima y se organizan en defensa de sus territorios, sus culturas, sus tradiciones, sus cosmovisiones, por tanto, de la protección de sus bosques y de sus fuentes de agua. Cherán, Mich. es un ejemplo que debe reproducirse.

Profundicemos en sus causas y consecuencias, importante tarea de nuestras comunidades, sindicatos, movimientos sociales, ONGs y todos los espacios donde se vayan formando militantes de la utopía liberadora (Frei Betto, dixit).

Estamos inclinados a creer en una revivificación purificada de la conciencia moral colectiva sobre la responsabilidad del mundo, en pocas palabras, en el Hombre Nuevo.

Hugo Carbajal Aguilar