

Se conocieron hace varios años, ella con dos hijos, libre, con ganas de vivir y gozar, él estudiante con curiosidad, anhelante de vivir nuevas experiencias. El acuerdo fue tácito, no compromiso, no preguntar, solo disfrutar del momento, sin pasado, sin futuro.
Para él alejarse es natural, desapego total, a la distancia es soltero, sin compromiso, sin ataduras, libre, dispuesto a nuevas experiencias, solo se trata de probar vinos, comidas, mujeres, todo lo que despierte su curiosidad, sitios, historias, momentos inolvidables para su colección del celular. Imágenes de personas, cosas, geografías que le dejan sin hablar. Él observa, mira sin hablar, estudia a las personas, las situaciones, sabe cómo ayudar, quiere ser indispensable, quiere ser héroe, salvador de situaciones, caballeroso, educado, sabe ganarse la confianza de los demás; pavimenta el camino para conquistar suave, confiadamente, como araña, teje la telaraña con paciencia, espera el mejor momento para actuar.
Ella es católica, de impecable actuar, reza el rosario, participa en la iglesia, canta himnos, ayuda en la homilía, enseña el catecismo, viste decorosamente, educa a sus hijos, no le gusta cocinar, desde temprano trabaja sin cesar, es divertida, popular, dice chistes de doble sentido, sabe animar a los compañeros de oficina, sabe quejarse, levantar la voz, sus creencias sobre las personas y las cosas no son motivo de discusión, sin más, así son, como la comida que compra al terminar su jornada, para alimentar a sus retoños, así es, todo lo que compra puede tener buen o mal aspecto, buen o mal sazón, es para lo que el dinero alcanzó.
Después de tres largos meses de separación, el encuentro, coinciden en algún evento familiar, la iglesia es un excelente sitio para socializar. La comida familiar es el escenario de complicidad, las miradas furtivas, el toque casual, el roce de manos que entran a la entrepierna, aprietan sin lastimar, risas, bebida, es momento para disfrutar. Se acuerda el encuentro, hora y lugar, nada fuera de lo normal, todo físico, nada espiritual, conexión de cuerpos, satisfacción individual, no importa el otro, solo el deleite personal. El interés por el otro no aparece en la intimidad.
El acuerdo se mantiene con pulcritud, una platica superficial, se cuidan de no profundizar, no preguntan, mucho menos sobre conocer otras personas o encuentros ocasionales. Ella, amante novia que espera tranquila, confiada, celosamente guarda sus encuentros ocasionales con otros, no son motivo de conversación; lo mismo él, mantiene un silencio sepulcral, nadie sabe de sus recorridos, nada que compartir, solo su encuentro carnal. Su platica es banal, no hay compromiso, no hay proyecto de vida, para qué complicar. Todo fluye, se comparte información que no compromete a ninguno de los dos. Brindan sin parar, el alcohol los adormece, liberación total, duermen confiados, guardan celosamente aquellas vivencias que no desean compartir.
Es tiempo de partir, cada uno, a su lugar. La vida sigue. La suerte dirá en qué momento volverán a coincidir. ¿Cuánto tiempo durará esta complicidad? Para qué preguntar, el tiempo lo dirá.

Yaxche, diciembre 1 de 2024

