Un adiós para Sergio Huidobro

 

Siento la muerte cerca, pero ¿por qué la siento tan cerca cuando se posó en ti y nos arrebató tu voz? Quizá la muerte es así, una experiencia colectiva que nos afecta a todos, ahora que no estás. Entre muertes violentas, desapariciones, envenenamientos, también la enfermedad se ha llevado a un hombre generoso y brillante y mi corazón se siente triste y desolado. Sergio Huidobro fue un crítico inteligente, con una mirada sensible y paciente. Su manera de abordar el cine era justa y apasionada. Sus textos siempre invitaban a pensar o te ofrecían una mirada singular o te revelaban algo del mundo o desmantelaban lo formal, pero nunca abandonaban la dimensión emocional, que en última instancia es lo que mueve al séptimo arte.

Nos vimos pocas veces, pero todas fueron significativas. Siempre que nos encontramos reímos mucho y por supuesto hablamos de cine y libros y ahora mismo pienso que me hubiera gustado decirle más que lo admiraba y que aprendía tanto de él. Es una pérdida irreparable para la cultura en México. Voy a extrañar sus textos en La Tempestad o encontrarlo en los festivales de cine o ver sus apariciones en Canal Once, en las que siempre tenía algo que decir, para mantener la llama de la crítica, la reflexión y la apreciación cinematográfica, encendida.

En una entrevista que le hicieron a partir de su participación en la Semana de la Crítica en Cannes después de ganar el Premio Nacional de Crítica Cinematográfica en México, le preguntaron sobre su propia visión del quehacer del crítico. Su respuesta sin duda es un faro luminoso:

“Significa la posibilidad de compartir y dialogar. El cine es el gran espacio conversatorio del siglo XX, y seguirá siendo uno de los formatos dominantes en el XXI, aunque ya no sea el único ni el dominante. Escribir crítica es abrir ventanas para pensar a los productos audiovisuales a partir de nosotros mismos –como individuos, como sociedad, como se quiera– y viceversa. Compartir pasiones, filias, amores, argumentarlos y encontrar respuesta en otros espectadores es uno de los mayores privilegios de este oficio”.

Solo basta con leer cualquiera de sus textos para recibir y enfrentarse a su lucidez y ahora a su valioso legado.

Sé que enfrentó una terrible enfermedad y veo una de sus últimas publicaciones en X que dice que la felicidad es desear cada vez menos y la plenitud es no desear. En las últimas veces que nos encontramos me dio la sensación de estar ante la presencia de un sabio, que su mirada en algún momento tenía mucha prisa de abarcar y de decir, y cerca del final halló calma en lo sencillo y fundamental. Hoy y siempre celebro su escritura, su pensamiento, su valentía, su calidez. Hasta pronto, querido Sergio, ya nos encontraremos.

Sergio Huidobro. Foto: x.com/sergiohuidobro

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