

Reflexiones en torno a una película no vista
Es difícil saber cuántas personas –que en internet– opinan sobre Emilia Pérez, en México, al menos, la han visto. No es la primera vez que la gente emite juicios sin conocer la totalidad de una obra. De cierta forma, ese es el papel de los tráilers: provocar y polarizar. Casi siempre la audiencia muerde el anzuelo y mediatiza un producto cultural, a través de la polémica. A veces, las provocaciones resultan inesperadas. También es complicado para los productores –en estos tiempos— saber cuándo cierta audiencia se ofenderá. ¿Por qué rechazan tal representación pero abrazan otras? ¿Por qué unas representaciones son reprobables pero otras no implican ese mismo problema? Los mexicanos hemos sido representados a través del cine de ficción casi siempre de forma caricaturizada, como un estereotipo o una serie de estereotipos que abarcan un campo semántico: rural, violento, indigenista, exotizado, precarizado y últimamente a través del espectro de la violencia provocada por el narco. Nosotros hemos alimentado de manera institucional ese tipo de representación. Sólo falta revisar la televisión mexicana y el cine comercial para verlo.
Quizá lo que molesta es que otro haga esa representación sobre nosotros. Que un francés, del primer mundo, sin dedicarle tiempo de investigación, haga una película, una comedia musical, en la que un personaje no pronuncie bien el español y en la que –también por comentarios en redes– se filtre un discurso transfóbico.
Me pregunto cómo deberían ser, según estos jueces, los personajes de cualquier película. ¿Una comedia musical requiere fidelidad, veracidad, realismo? ¿Hay temas que deben quedar fuera de este género?
Uno de los argumentos es que la comedia se burla de la violencia y la situación en México. Yo no sabría decirlo, porque no he visto la película, que según entiendo se estrena en nuestro país hasta el 23 de enero. Lo que sí creo es que la comedia no necesariamente es una burla. En realidad la comedia puede estar construida con herramientas retóricas de reflexión, crítica. La ironía, la parodia, la sátira son mucho más complejas que una simple burla. ¿Este es el caso de Emilia Pérez? No sabría decirlo porque no la he visto, sin embargo, me asombra que sólo con un avance cinematográfico ya se haya condenado lo que la película es sin más.
También creo que es importante preguntarnos qué es lo que queremos que sea el arte y específicamente el cine y más importante aún ¿para qué queremos ver películas? ¿Cómo deberían ser los personajes? ¿Queremos que todos sean ideales? Pienso que construir personajes sin matices, sin negatividad nos quita la oportunidad de reflexionar y de criticar desde la representación. Leo comentarios que dicen que tal personaje no corresponde a la realidad, pero primero habría que cuestionar cómo es la realidad. Un personaje mexicano representado de tal forma no puede corresponder a la realidad total, pero tampoco puede negarse como algo que exista, porque mexicanos somos muchos y de muchas formas muy distintas. Mexicanos buenos, malos, pendejos, tendenciosos, envidiosos, luchones, generosos, ingenuos, con mala pronunciación, y así ad infinitum. Creo que el cine es tan grande que caben todas estas representaciones y que habría que pensarlas sí como un conjunto que crea estereotipos, pero también como personajes que forman parte de algo mucho más amplio, que es el ser humano. ¿Y qué es un ser humano? Un sujeto en constante contradicción. No hay seres humanos en el mundo que no sean contradictorios o que se muevan en distintas escalas de grises. Ni completamente buenos, ni completamente malos. El cine comercial tiende a crear discursos maniqueos: héroes o villanos, sin embargo, hay otras cinematografías que buscan explorar la dimensión de lo que es un ser humano y para hacerlo, recurren a estrategias de ficción. Al hacerlo, nos brindan la oportunidad como espectadores, de primero decir si algo nos gusta o no nos gusta. También tenemos el derecho de no ver algo que no queremos, pero también se nos brinda la oportunidad de ver un personaje enfrentarse a dilemas morales y actuar de muchas maneras, de tal forma que se nos abren muchas miradas, muchas perspectivas. Para mí, esta diversidad nos abre a la empatía. Nos ayuda a entender a un asesino –no justificarlo– o entender cómo una víctima puede convertirse en un criminal o descubrir como un genocida puede acceder a una ternura atípica frente a los animales o cómo un sicario podría tener el deseo de ser mujer. No una mujer ideal teorizada, sino una mujer de las múltiples, contradictorias, heterogéneas, formas de ser una mujer en la realidad.

Este texto no es una defensa de Emilia Pérez del francés Jacques Audiard, porque no es una película que haya visto. Es una reflexión, primero sobre cómo las redes propician debates vacuos y superficiales, a partir de la promoción de una película y no sobre la película misma y también es una invitación a preguntarnos qué es lo que nos genera debates y reflexiones en el cine. ¿Es acaso que un personaje sea como nosotros queremos que sea o que sea un personaje humano que nos haga cuestionarnos qué es ser mexicano, que es ser mujer?

