

En el 2015, Alejandro Moreno Cárdenas conocido como “Alito”, contendió por el PRI a la gubernatura de su natal Campeche, la cual obtuvo tras la elección del 7 de junio de ese mismo año. Sus contendientes fueron por el PAN, Jorge Rosiñol Abreu, ganadero y con fama de gente decente y la controvertida Layda Sansores por MORENA. Durante la campaña, en el “cuarto de guerra” de Rosiñol se dieron a la tarea de recabar información que pudiera comprometer al candidato tricolor, y pronto encontraron una nota de la prensa local, de años atrás, que narraba una trifulca en un antro campechano, donde Alito propinó una golpiza a sus contrincantes. Los panistas ingeniosos rebautizaron al priista como “Vandalito”. Más allá de las risas, el nuevo mote tuvo el efecto deseado, exhibiendo y enfureciendo a Alito, quien pronto comenzó a mostrar su talante pendenciero.
El conato de riña que la semana pasada se suscitó en el Senado, dio cuenta de la descripción que de México hizo hace años el Director del diario El País, Jan Martínez Ahrens: “Un país de imposible explicación”. Si bien es absolutamente reprobable un zafarrancho en una alta tribuna, que debe ser ejemplo de civilidad y debate republicano, la gresca también ha generado asombrosamente simpatías para Alito, por poner en su sitio a Gerardo Fernández Noroña, uno de los más lamentables referentes de la clase política mexicana.
El anterior Presidente del Senado Mexicano, conocido por todos simplemente como Noroña, es una figura francamente impresentable. No solo por su estilo teatral y aparentemente combativo que se traduce en manotear y gritar desde la tribuna o encarar groseramente a sus oponentes, sino por su incongruencia al usar descaradamente a la política como un instrumento para obtener un lujoso estilo de vida, que fuera del actual régimen le hubiera sido imposible conseguir.
Previo a acobardarse ante los manotazos de Alito, el cuestionado Noroña ya enfrentaba el escándalo con la serenidad que otorga la impunidad. Son de sobra recordados, los vuelos intercontinentales en primera clase, las camionetas Volvo de alta gama, las imputaciones falsas a periodistas o bien el gesto prepotente, al obligar a un ciudadano de a pie, a pedirle disculpas públicas desde la tribuna del Senado, por el simple hecho de censurar su conducta.
Pero como si lo anterior no fuera suficiente, ahora a los morelenses nos amaga un mal de proporciones catastróficas: las ambiciones de Noroña por ser gobernador del estado. Pareciera que las experiencias previas de aventurerismo político de personajes como Graco Ramírez o Cuauhtémoc Blanco, no nos han dado una severa lección. Con respecto a los señalamientos que se le hacen alrededor de su nuevo estatus económico, Noroña no ha tenido empacho en responder que “vive a toda madre” y que antes era austero y franciscano no por congruencia o convicción, sino por circunstancias de la vida. De la misma forma, la nueva tierra de sus aspiraciones políticas y económicas ya sufre la presencia constante del polémico senador, quien se ha vuelto habitué del City Market de Río Mayo en Cuernavaca o del exclusivo spa y resort Hostal de la Luz, en Amatlán de Quetzalcóatl.
En primer término, destaca su opulenta mansión tepozteca. Noroña ha afirmado que la obtuvo por medio de un crédito. Además de que los números no le cuadran al intentar justificar sus ingresos, sus dichos son falsos, las tierras de origen social no son susceptibles de créditos o hipotecas, los morelenses lo sabemos bien. Los comuneros tepoztecos ya han denunciado la irregularidad en la adquisición del predio, además que todo parece suponer que la mansión fue construida dentro del área natural protegida. No es errado pensar que la ostentosa propiedad pueda sufrir el mismo destino que el fraccionamiento La Quinta Piedra de los Ocelli, familiares políticos en ese entonces del Presidente Salinas de Gortari, propiedad que tras una larga lucha legal y social fue adjudicada a los comuneros.

A la mansión se añaden en la zona, otro terreno rústico en Santo Domingo Ocotitlán así como restaurantes en Tepoztlán y Cuernavaca: Tepoz Ramen, la Crepería y Bella Ciao, estos a nombre de su fotógrafo estrella Emiliano González, quien con su sueldo como trabajador parlamentario, difícilmente podría justificar sus flamantes inversiones en Morelos.
Un nefasto precedente para la izquierda morelense, que cuenta con cuadros de valía y congruencia, sería aceptar la imposición de Noroña como candidato a gobernador, sin temor a exagerar, representaría su tumba. Pero la responsabilidad no solo atañe a los cuadros políticos, sino a la sociedad morelense en su conjunto, que al permitir la incursión del flamante tepoztizo en la política local, convalidaría un latrocinio y penosamente mostraría no ser digna de nuestra orgullosa tradición de lucha social, memoria histórica e identidad.
*Escritor y cronista morelense.

Alito y Noroña, foto de El País, cortesía del autor

