Regeneración de agua: una visión de futuro

 

La semana pasada se celebró en León, Guanajuato, la Convención Anual de la ANEAS, el foro más relevante del país para los organismos operadores y para quienes trabajamos en la gestión del agua. Fue un encuentro marcado por una participación amplia, una numeralia interesante y una discusión técnica de alto nivel, pero también por un mensaje político claro: las ciudades mexicanas ya no pueden seguir administrando la escasez, sino que deben construir nuevas fuentes de agua. Y la tendencia que se impone, cada vez con más fuerza, es la regeneración del agua.

En la sesión inaugural llamó la atención la intervención de la presidenta municipal de León, Alejandra Gutiérrez, quien presentó una visión decidida para enfrentar el estrés hídrico de la ciudad. Con cifras contundentes, habló de 20 mil millones de pesos invertidos en los últimos 4 años, destinados a modernizar redes, reducir fugas, ampliar la capacidad de saneamiento, mejorar la medición y fortalecer la operación del sistema. En León lo tienen claro: el agua es un factor limitante del desarrollo, y solo se garantiza mediante inversión pública sostenida, información sólida y profesionalización del organismo operador.

Complementó esta visión la gobernadora del estado, quien afirmó que la crisis hídrica debe asumirse como una prioridad de Estado y no solo como un tema técnico. Enfatizó la necesidad de continuidad administrativa, de planeación de largo plazo y de una coordinación estrecha entre niveles de gobierno. El mensaje fue importante porque reconoció algo que en muchos territorios todavía se evita decir: los problemas de agua ya no se resuelven con obras aisladas, sino con políticas sostenidas, instituciones fuertes y una ciudadanía consciente.

Sin embargo, más allá de los discursos políticos, el tema que dominó casi todas las mesas técnicas fue la regeneración del agua. Este concepto, que en otras partes del mundo ya es una realidad consolidada, consiste en someter el agua residual previamente tratada a procesos avanzados que incluyen microfiltración, ósmosis inversa o desinfección ultravioleta, para producir un recurso de alta calidad que puede destinarse a la industria, a la recarga de acuíferos y, en ciertos modelos, incluso al consumo humano directo. Singapur, California y varias ciudades de Australia ya lo hacen de manera cotidiana.

En México, ciudades como Monterrey, Querétaro y la propia León empiezan a transitar este camino. Lo hacen como reuso indirecto porque, contrario a lo que ocurre en otros países, nuestra legislación prohíbe el reuso directo. Estas ciudades transitan hacia la regeneración de agua no poque sea una moda tecnológica, sino porque el contexto las ha obligado: los acuíferos están sobreexplotados, las presas sufren variaciones extremas, la demanda urbana sigue creciendo y el cambio climático ha reducido la disponibilidad natural del recurso. Ante esta realidad, la regeneración del agua ofrece algo que las fuentes convencionales ya no pueden garantizar: una fuente nueva, estable, independiente del clima y controlada con rigor sanitario.

Es, además, una estrategia que multiplica beneficios. Reduce las descargas contaminantes, disminuye la presión sobre los acuíferos, fortalece la resiliencia urbana y permite reasignar agua de mejor calidad para los usos más sensibles. Y si se articula con inversiones en eficiencia, medición y reducción de pérdidas, puede transformar completamente el panorama hídrico de una ciudad.

Estamos entrando en una nueva etapa. Una etapa donde la gestión del agua ya no puede basarse en la esperanza de que llueva más, ni en seguir extrayendo de acuíferos agotados. Una etapa que requiere decisiones valientes, planeación para la resiliencia, información rigurosa y tecnologías capaces de asegurar agua para las próximas décadas. León mostró que es posible cuando existe liderazgo. Ahora corresponde a otras ciudades seguir este camino y entender que la regeneración del agua no es una opción futurista, sino la alternativa más realista para sostener su crecimiento, su economía y su calidad de vida.

*Profesor, consultor y gerente general de AQUATOR

Juan Carlos Valencia Vargas