

¿Granizo en julio? La nueva normalidad climática.
Ayer por la tarde, en el norte de Morelos, cayó una intensa granizada que cubrió calles, techos y campos con una capa blanca que parecía invernal. Las imágenes circularon rápidamente en redes sociales: calles cubiertas de blanco, cultivos dañados y ciudadanos sorprendidos ante un fenómeno que, aunque no inédito, no deja de resultar desconcertante. No ha sido la única. En semanas recientes se han registrado eventos similares en otras partes del estado y del país, con granizos de tamaño considerable y lluvias intensas que colapsan los drenajes y paralizan la actividad cotidiana.
¿Estamos ante algo normal? La granizada es, en efecto, un fenómeno atmosférico conocido, asociado con tormentas eléctricas y la formación de nubes de desarrollo vertical (cumulonimbus) que, en ciertas condiciones de humedad y temperatura, generan pequeños cristales de hielo que se precipitan como granizo. En zonas de montaña o en áreas con transición climática como Morelos, pueden presentarse de forma esporádica durante la temporada de lluvias. Pero lo que ha comenzado a cambiar es su frecuencia, su intensidad y los daños que ocasionan.
Los registros recientes y la experiencia colectiva apuntan a que estas granizadas han dejado de ser fenómenos aislados. Se presentan más a menudo, con mayor fuerza y en momentos del año cada vez menos predecibles. No es simple azar. La comunidad científica ha advertido que el cambio climático, con el aumento global de la temperatura y la alteración de los patrones atmosféricos, está modificando la dinámica de las precipitaciones, intensificando fenómenos extremos como lluvias torrenciales, ondas de calor, huracanes más poderosos… y también granizadas más frecuentes y destructivas.
El calentamiento global ha alterado el equilibrio térmico de la atmósfera. Una atmósfera más caliente genera más humedad y mayores contrastes de temperatura entre capas de aire, lo que favorece las condiciones para tormentas más violentas. Así, lo que antes era un evento atípico ahora se repite con mayor frecuencia, y lo que solía durar unos minutos, ahora deja consecuencias más duraderas.
Los efectos del Cambio Climático ya están aquí y no se van a revertir, necesitamos trabajar en la adaptación a estas nuevas condiciones. Repensar muchas cosas. Desde la planificación urbana hasta la protección de cultivos, desde la capacidad de respuesta de nuestras instituciones hasta la conciencia ciudadana sobre los riesgos del clima. No podemos seguir actuando como si todo fuera normal, cuando la naturaleza nos está hablando en voz alta. México no es ajeno a este proceso: nuestras lluvias son más intensas, nuestros días más calurosos, nuestros ciclos más inciertos.

¿Y qué debemos esperar? Más variabilidad, más extremos. Tormentas imprevistas, calor fuera de temporada, sequías mas sevaras, lluvias que no llegan cuando deberían y, en cambio, azotan con furia cuando menos se les espera. Por eso, debemos insistir en una política pública de adaptación al cambio climático, en fortalecer la protección civil, en actualizar los sistemas de monitoreo meteorológico y en una ciudadanía informada y preparada.
La granizada de ayer no es un episodio aislado, es un mensaje. Uno más de muchos que hemos recibido. Nos corresponde escucharlo, entenderlo y actuar en consecuencia. Porque el clima está cambiando. Y nosotros, también, debemos cambiar con él.
*Profesor, consultor y gerente general de AQUATOR

Foto: Archivo/Cuartoscuro

