Lluvias intensas: inundan y alivian

 

La temporada de lluvias 2025 ha iniciado con fuerza en buena parte del país. De acuerdo con los registros del Servicio Meteorológico Nacional, durante el mes de junio las precipitaciones han superado en casi 50% el promedio histórico, especialmente en las regiones centro y sur. Mayo y junio rompieron récords recientes y, aunque en algunas regiones del norte aún persiste el déficit, las lluvias acumuladas al día 22 de junio ya rebasan las del mismo periodo del año pasado.

Estas lluvias intensas desde luego que han provocado problemas de inundaciones, sobre todo en zonas urbanas, pero ya nos urgía un buen temporal. Durante los últimos cinco años, México ha enfrentado una de las sequías más severas de su historia reciente. En 2021, más del 80% del territorio nacional presentó algún grado de sequía, y aunque en los años siguientes hubo ligeras mejoras regionales, la recuperación ha sido lenta y desigual. Estados como Chihuahua, Sonora, Zacatecas, Durango y San Luis Potosí han padecido prolongados déficits de lluvia, afectando cultivos, ganado y el abastecimiento de agua potable en zonas urbanas y rurales.

A esta crisis hídrica se suma la sobreexplotación de acuíferos, que ha reducido la capacidad de respuesta frente a la variabilidad climática. La sequía no es un fenómeno pasajero, sino una expresión concreta de la emergencia climática que ya nos alcanza, y frente a la cual nuestras políticas públicas aún no responden con la urgencia ni la profundidad necesarias.

La temporada de ciclones por el océano Pacífico inició especialmente activa. Hasta la fecha, se han formado cinco sistemas: Alvin, Bárbara, Cosme, Dalila y el huracán Erick, este último alcanzando categoría 4 y tocando tierra en Oaxaca como categoría 3, afortunadamente sin dejar daños catastróficos. En contraste, el Atlántico aún no ha registrado huracanes, pero los pronósticos indican que esta temporada será intensa: se esperan entre 13 y 17 tormentas con nombre, de las cuales entre 6 y 10 podrían convertirse en huracanes, y hasta 5 alcanzar categoría mayor.

Estas lluvias han dado un respiro al Sistema Cutzamala, uno de los más importantes del país, que abastece a buena parte de la Zona Metropolitana del Valle de México. Según Conagua, a principios de junio el sistema almacenaba 380 millones de metros cúbicos, lo que representa el 48.6% de su capacidad total. Aunque esta cifra sigue siendo baja, es un incremento importante comparado con el 27.5% que se registraba en la misma fecha del año pasado. Las presas individuales muestran avances desiguales: Valle de Bravo se encuentra al 61.8%, El Bosque al 37.2% y Villa Victoria al 34.5%.

Sin embargo, en la frontera con Estados Unidos, la situación es distinta. Las presas internacionales, cuya gestión está regulada por el Tratado de Aguas de 1944, muestran niveles preocupantes. La Amistad está apenas al 19% de su capacidad y el conjunto de once presas tributarias al 18.8%. La presa Luis L. León, clave para el cumplimiento del compromiso mexicano con su vecino del norte, está al 51%. Estos niveles ponen presión sobre los acuerdos binacionales y podrían tener implicaciones para el ciclo agrícola en el norte del país.

Aunque las lluvias de este año han sido generosas en muchos puntos, no debemos caer en la ilusión de que todo está resuelto. Las sequías acumuladas durante años, la sobreexplotación de acuíferos, el crecimiento urbano desordenado y el cambio climático estructural nos obligan a mirar más allá de un buen temporal. Lo que necesitamos es una política hídrica de largo plazo, inversiones sostenidas en infraestructura y una ciudadanía informada y comprometida con el uso responsable del agua.

*Profesor, consultor y gerente general de AQUATOR

Juan Carlos Valencia Vargas