

Temporada de lluvias y ciclones 2025: la urgencia de prepararnos
El calendario marca el inicio de la temporada de lluvias y ciclones tropicales en México: el 15 de mayo en el Pacífico y el 1 de junio en el Atlántico, extendiéndose hasta el 30 de noviembre. Este año, el pronóstico es particularmente complejo debido a la transición de una fase de La Niña débil hacia condiciones climáticas neutras, lo que genera incertidumbre sobre la intensidad y frecuencia de los fenómenos meteorológicos.
Según el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), se esperan entre 16 y 20 ciclones en el Pacífico y de 13 a 17 en el Atlántico. De estos, se prevé que varios alcancen categorías de huracán, incluyendo de 4 a 6 huracanes de alta intensidad en el Pacífico y de 3 a 4 en el Atlántico.
Este panorama implica riesgos significativos para diversas regiones del país. Estados como Baja California Sur, Sinaloa, Guerrero, Veracruz, Yucatán y Quintana Roo se encuentran entre los más vulnerables a impactos directos de ciclones. Además, la posibilidad de lluvias intensas y prolongadas plantea desafíos en términos de infraestructura, gestión del agua y protección civil.
La experiencia reciente con el huracán Otis en 2023, que escaló rápidamente a categoría 5 en solo 12 horas, nos recuerda la necesidad de fortalecer los sistemas de alerta temprana y los planes de contingencia locales.
Ante estos riesgos, la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC) y los sistemas estatales y municipales han emitido recomendaciones esenciales, enfocadas en la prevención, la preparación y la acción rápida ante emergencias. Entre las principales medidas destacan:

Estar atentos a las alertas del SMN y de Protección Civil local. Las alertas se emiten por niveles de intensidad: azul (vigilancia), verde (peligro bajo), amarillo (peligro moderado), naranja (alto) y rojo (muy alto). Es fundamental conocerlas y actuar conforme al nivel.
Evitar cruzar ríos, arroyos o calles inundadas. La fuerza del agua puede ser mortal incluso en corrientes que no parecen profundas. Muchas tragedias se deben a subestimar el poder del agua.
No tirar basura en la vía pública. El 70% de los encharcamientos en zonas urbanas se debe a residuos que obstruyen coladeras. Esta es una acción individual que tiene un enorme impacto colectivo.
Revisar el estado de techos, desagües y coladeras. Muchas de las afectaciones urbanas por lluvias se deben al taponamiento de drenajes. Limpiar azoteas y canales pluviales ayuda a evitar inundaciones.
Proteger zonas de riesgo. En comunidades o zonas vulnerables, la limpieza de ríos, el reforzamiento de taludes y la preparación de albergues temporales pueden hacer una gran diferencia.
Estas recomendaciones, si bien parecen básicas, son muchas veces ignoradas hasta que es demasiado tarde. La prevención es más efectiva y menos costos que la reconstrucción. México no ha aprendido esto a pesar de duras lecciones.
Pero la temporada de lluvias no solo es un riesgo, también representa una oportunidad. Recarga acuíferos, y presas, limpia la atmósfera, produce alimentos, da un respiro a los campos resecos, entre muchas otras cosas. Pero para que esa bendición no se convierta en tragedia, debemos estar listos.
Este 2025, más que nunca, necesitamos una ciudadanía informada y autoridades coordinadas. Que las lluvias no nos sorprendan desprevenidos, sino organizados, resilientes y conscientes del papel que cada uno puede jugar para reducir el riesgo y proteger la vida.
*Profesor, consultor y gerente general de AQUATOR

