José Manuel Meneses Ramírez*

“Y entonces ésta es nuestra palabra sencilla que va dirigida a la gente humilde y simple de México y el mundo.”

Sexta Declaración de la Selva Lacandona, 1 de julio de 2005.

Después del 1 de enero de 1994 y como consecuencia del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) la comunicación en Chiapas cambió radicalmente. La paradoja de la última década del siglo pasado es que, por un lado, la globalización penetraba violentamente el territorio de nuestro país, imponiendo el modelo neoliberal en la versión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte; en tanto, por otra parte, traía consigo una serie de tecnologías y condiciones que los pueblos en resistencia podrían utilizar para continuar con su causa e, incluso, para explorar nuevas formas de habitar los márgenes sociales y, a pesar de todo, seguir en pie de lucha.

De tal modo, el modelo que seguían los medios de comunicación, que hasta ese momento era empresarial, oficialista y completamente al servicio de los intereses del gobierno, se transformó abriendo el espectro a una serie de ejercicios alternativos, cuyo arraigo comunitario ha dejado un amplio registro en el sur de nuestro país. Esta apertura propició un rápido desarrollo, si bien, muchas veces descontrolado, desde la ilegalidad y la falta de una profesionalización, haciendo de Chiapas el estado de la República con mayor número de radiodifusoras “libres”.

Pensemos en este sentido en los proyectos de Radio Unidad y Radio La Voz del Pueblo o en el caso de la Radio Insurgente. La voz de los sin voz, proyecto asociado con el movimiento armado y que marcó toda una época en la materia. Cada uno de estos ejercicios comunicativos fue pionero de una voluntad periodística que además de informar exigía reconocimiento en el estado, pero, sobre todo, la reivindicación de las voces que se expresaban en lenguas originarias y que, de este modo, luchaban por un reconocimiento no solo en el ámbito constitucional, sino también como vehículos de cultura, de conocimiento y saberes especializados en la misma medida que el español u otras lenguas modernas.

La inauguración de la radio comunitaria Ach Lequilc’op durante el 21 de marzo de 2015 cuando arrancaron las transmisiones de la estación, se presentó una programación que permanece hasta el día de hoy en sus líneas generales: 1) cultura y tradición, 2) territorio y cuidado de la madre tierra, 3) mujeres, 4) economía, 5) salud y 6) organización, con un mensaje religioso transversal y con una proporción 70% en tseltal y 30% en español. Bajo estas líneas generales se comparten contenidos que sustentan sus tradiciones y establecen una base para el reconocimiento de la diversidad de la región a través del diálogo, comunicando en apego a los valores de armonía, el respeto a la madre tierra y a los conocimientos ancestrales. Actualmente, se puede acceder a su contenido en la frecuencia modulada 98.7, así como en la página web https://achlequilcop.org/, además de los canales que mantienen en otras plataformas digitales como puede ser YouTube e, incluso, a través de la aplicación desarrollada específicamente para sintonizar su frecuencia.

Esta radio comunitaria, además de cumplir con una labor informativa, tiene un perfil altamente pedagógico: pretende enseñar el buen vivir, la riqueza y vitalidad de las tradiciones de los pueblos en Chiapas. Por si fuera poco, dentro de sus funciones destaca también una labor de difusión y reivindicación de la lengua tseltal como vehículo de información especializada y, de manera particular, como plataforma cultural, de interpretación y de conocimiento. En este contexto, también es importante resaltar el perfil de los grandes pilares intelectuales de este proyecto, entre los que destaca el doctor Eugenio Maurer Ávalos, así como todo un equipo de especialistas en lengua tseltal que se han dado a la tarea de traducir, de manera directa, los documentos más importantes para la vida religiosa de las comunidades de esta región en su lengua nativa, un hecho que ya de suyo es un acto de reivindicación cultural. Esta radio comunitaria tiene su sede en el pueblo de Bachajón, perteneciente al municipio de Chilón, en el corazón del territorio que está marcado por la fuerza de las siguientes palabras: “Esta usted en territorio zapatista, aquí manda el pueblo y el gobierno obedece”. Así pues, se hizo realidad el proyecto de esta radio comunitaria desde un horizonte multicultural, con un fuerte compromiso religioso y en la convergencia de caminos en los que tseltales, tsotsiles, ch’oles habían peleado por el reconocimiento de sus derechos y de su dignidad humana.

En este contexto, la radio comunitaria Ach’ Lequilc’op se ha consolidado como una plataforma de comunicación horizontal, con apertura y autonomía en el manejo y producción de la información. El proyecto es significativo si se piensa no solo en los rezagos históricos de la región, sino, especialmente, en el olvido en el que durante décadas permanecieron las comunidades indígenas, las omisiones de gobierno y la nula representatividad de sus causas. Desde esta perspectiva, el proyecto de la radio Ach’Lequilc’op es por sí mismo un acto de poder y una manifestación de la lucha del pueblo chiapaneco, una demanda de reconocimiento del derecho fundamental a la expresión, a la manifestación de ideas y a la libertad de asociación que asiste a los descendientes de los mayas, a sus lenguas y a sus tradiciones. De este modo, la radio deja de ser únicamente el medio tecnológico para proyectar la voz a la distancia, para adquirir un matiz diferente, en el que se manifiesta la unión y la resistencia de los pueblos, sus voces y su cultura.

CANIS PUGNAX

Imagen sugerida: letrero zapatista, zona de los altos, Chiapas.

Una señal de periódico

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* Filósofo y filólogo

La Jornada Morelos