
Hoy se celebra el Día del Amor y para hacerlo como se debe, nada mejor que regalar besos; son indispensables cuando queremos demostrar nuestros sentimientos a quienes amamos.
Cuando un niño es besado por sus padres, le transmiten impulsos sensoriales que le aportan bienestar, fortaleciendo además el apego entre ambos.
Para la pareja, el beso es una experiencia de cercanía, deseo y pasión. Sus bocas se acercan y se tocan, tanto que quisieran fundirse. Y es que nuestros labios y lengua son muy sensibles a los roces y otros estímulos táctiles. Investigadores reportan que a medida que aumenta la intensidad del beso, las terminaciones nerviosas de los labios se vuelven aún más sensibles y empiezan a enviar señales hacia la corteza cerebral. Las neuronas de esta zona se activan liberando dopamina y endorfinas, sustancias que disparan sensaciones de placer y euforia.
El beso tiene muchos significados
Besar es una forma de manifestar amor, amistad, reverencia o deseo sexual. La investigadora Feggy Ostrosky, de la Facultad de Psicología de la UNAM, lo confirma. «Cuando la pareja se besa, se liberan gonadotropina y estrógenos en la saliva de la mujer; estos últimos le indicarán al hombre su nivel de fertilidad; mientras que la saliva del varón lleva testosterona para inducir el deseo sexual en la mujer. Todo esto se recibe a nivel subconsciente».
Este intercambio de hormonas -agrega la especialista en neuropsicología- activará las respuestas del sistema inmune de los enamorados, lo que les permitirá evaluar a los organismos si la pareja en cuestión es la más idónea.

La doctora Ostrosky advierte que, con el paso del tiempo, el sistema inmune y el cerebro se acostumbran a los besos con la misma persona, por ello las sensaciones intensas de los primeros contactos van disminuyendo. Sin embargo, la incorporación de nuevas experiencias a través del romanticismo y la imaginación, contribuyen a mantener la llama del amor encendida en cada beso.
Romanticismos aparte, los científicos estudian las reacciones químicas que se producen en nuestro cuerpo cuando besamos.
En un beso se activa físicamente muchos más elementos de los que son visibles, por ejemplo, son variados los nervios craneales que se involucran al momento de besar: nervio olfatorio, nervio trigémino que aporta las sensaciones faciales y el movimiento mandibular, nervio facial que ayuda en la expresión de la cara y al sentido del gusto, el glosofaríngeo contribuye al sentido del gusto y a la sensibilidad de la garganta, y el hipogloso, que da movimiento a la lengua. En un beso apasionado se activan alrededor de 34 músculos de la cara, mientras que uno de mejilla involucra 12 músculos faciales.
Intercambio de bacterias
Claro, en un beso -aunque no sea de telenovela- también participan los microorganismos y el cualquier tipo de beso hay un intercambio de microbioma oral con toda la diversidad de bacterias que vive en nuestra boca.
Investigadores holandeses tomaron muestras para analizar los microorganismos que estaban en su lengua y saliva en un grupo de estudio conformado por parejas que “se besaban apasionadamente”. El resultado fue que las parejas que se besaban al menos nueve veces al día compartían comunidades similares de bacterias de la cavidad oral. En la boca hay al menos 700 variedades de bacterias y de acuerdo con este estudio, se confirma que los microbiomas de las parejas se influyen mutuamente.
Besos anticaries
La caries es la enfermedad infecciosa más extendida en el mundo. Su desarrollo también depende de comunidades de bacterias. Alex Mira, jefe del Laboratorio de Microbioma Oral del Centro Superior de Investigación en Salud Pública, en España, comenta que durante un tiempo se pensó que la bacteria relacionada con la caries era solo una, el Streptococcus mutans, al que algunos científicos atribuían en exclusiva la producción del ácido que ataca y rompe el esmalte de los dientes.
Los postulados de la biología en la primera mitad del siglo XX consideraban que, si se aniquilaba a esta bacteria, se podía acabar también con la caries. Pero estudios actuales señalan que la enfermedad involucra un número elevado de bacterias diferentes. El reto fue entonces identificar cuáles son y cómo combatirlas.
Además, está el hecho de que entre el 10 y el 20 por ciento de la población nunca ha padecido caries, lo que llevó a expertos en genómica a plantearse la posibilidad de que las “personas anticaries” tuvieran en su boca bacterias protectoras contra la enfermedad.
«La idea surgió porque una estudiante del laboratorio, una de las afortunadas que nunca tienen caries, comentó que su novio antes tenía la enfermedad, pero desde que estaba con ella ya no. La hipótesis que hicieron fue que, a través del intercambio de saliva durante los besos, ella le estaba compartiendo las bacterias que lo protegían de la caries», apunta Mira.
En experimentos posteriores, los investigadores observaron que algunas bacterias benéficas producen unas sustancias antibióticas naturales que atacan a otras causantes de caries. Incluso identificaron las sustancias que estaban produciendo la inhibición. Se trata de péptidos antimicrobianos, unas moléculas que se producen como parte de la lucha entre las comunidades bacterianas.
El laboratorio español de Microbioma Oral del Centro Superior de Investigación en Salud Pública, cuenta ya con la patente de las bacteriocinas, las moléculas inhibidoras de la caries, y estudian la factibilidad económica de ponerlas en una pasta dental o en un alimento para comercializarlas. Y, todo, por un beso.
Con información de UNAMirada a la Ciencia números 439 y 501. Universidad Nacional Autónoma de México / Coordinación de la Investigación Científica / Dirección General de la Divulgación de la Ciencia. “¡Bésame mucho!” (texto de Claudia Juárez) y “Besos Anticaries” (Texto de Naix’ieli Castillo)





