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El secretario del Ayuntamiento de Cuernavaca, Óscar Cano Mondragón, responsable entre otras cosas de la supervisión y control de la operatividad de negocios en la capital de Morelos, asegura que se han detectado medio millas de licencias de funcionamiento falsas en negocios, que no sabe quiénes han pagado las sanciones impuestas por la autoridad municipal y que las fallas en la comunicación entre diversas oficinas impiden una gestión más eficiente y favorecen la abundancia de irregularidades.

Entonces su jefe, José Luis Urióstegui Salgado, alcalde de la ciudad, bien podría estarse preguntando a estas alturas para qué tiene a esa persona como responsable de un área que durante diez meses ha sido incapaz de organizar, y empezar a pensar en la necesidad no sólo de la reorganización de las áreas, sino de funcionarios que ya cumplido cualquier compromiso político o partidista, demuestran ser incapaces de cumplir la tarea que les ha sido encomendada.

Porque entre las funciones que tiene el secretario del Ayuntamiento, por ley, están la de auxilio administrativo al alcalde, pero también “vigilar, a través de los inspectores del ramo, que todos los establecimientos comerciales, industrias y prestadores de servicios, funcionen de acuerdo a las normas establecidas y que exploten el giro, actividad y horario que les fue autorizado, e imponer las sanciones correspondientes a todos aquellos que infrinjan cualquier disposición administrativa de carácter municipal” (artículo 50 fracción XXI del reglamento de gobierno de Cuernavaca),

Además, por cierto, debe “vigilar y regular el comercio en la vía pública y en los espacios y plazas públicas, imponiendo las sanciones previstas por los reglamentos respectivos cuando el caso lo amerite”, otra omisión de carácter grave de parte del actual secretario.

Los especialistas en administración pública recomiendan hacer cambios en el funcionariado municipal cuando su desempeño no cumple con las expectativas, cuando hay conflictos de intereses, faltas de ética o profesionalismo, para mejorar la eficiencia o por la necesidad de una redistribución de tareas, entre otros motivos de carácter personal, de seguridad o de salud del funcionario a ser relevado. Y sugieren como factores que operan contra el desempeño laboral, la falta de habilidades, liderazgo o coordinación del equipo; la incapacidad para resolver problemas de forma eficiente o creativa, el bajo rendimiento y falta de eficiencia, la toma errónea toma de decisiones o que éstas tengan mucho mayores costos que beneficios.

Podría concederse que Cano Mondragón heredó toda esa serie de irregularidades, pero entonces llama la atención que en diez y medio meses no haya hecho denuncia alguna respecto de ellas y tampoco haya operado para corregirlas de forma inmediata. Y si no encontró el despacho en las condiciones que hoy acusa, entonces podría decirse que éstas se generaron durante el tiempo que lleva en el cargo, lo que resulta aún más grave.

El tema de las licencias de funcionamiento falsas, por cierto, había sido detectado en cinco documentos por el secretario de Desarrollo Económico y Turismo del ayuntamiento, Marcos Manuel Suárez, quien había pedido una mayor coordinación para evitar estos actos que, al final resultan episodios de corrupción. La respuesta del secretario municipal tardó en llegar poco más de una semana, y fue de una gravedad absoluta, lo denunciado por Suárez Gerard constituye apenas la centésima parte del tamaño del problema.

Si el alcalde espera que el ayuntamiento funcione de manera honesta y potencie realmente el crecimiento económico y desarrollo social de Cuernavaca, los cambios se vuelven urgentes.

La Jornada Morelos