

Para Jalisco es una suerte de grito de guerra, para el cine mexicano dos películas y para el resto de los mexicanos un refrán que refiere a las personas testarudas o las que siempre presumen tener argumentos para tener la razón; pero en política se trata de una condena que identifica al agandalle, la apropiación abusiva de lo que no es de uno o que dejó de serlo.
El bloque de once magistrados (incluido él mismo) que dio alguna validez al mandato concluido el martes de Luis Jorge Gamboa Olea en la presidencia del Tribunal Superior de Justicia de Morelos ilustró la frase hecha cuando determinó reventar el quórum para evitar la reanudación de una sesión en que resultaba evidente no tenían los votos para imponer a un nuevo presidente del órgano autónomo.
Como La Jornada Morelos había advertido en este mismo espacio ayer, la terna enviada a validación del Congreso para definir al nuevo presidente del Tribunal Superior de Justicia no ofrecía la menor esperanza para desatorar el problema del mando en el órgano titular del Poder Judicial de Morelos.
El pleno, partido en dos, se mantuvo así, casi la mitad de los magistrados votaron por Nancy Montero Mercado, la que podría ser la presidenta más joven que haya tenido el Tribunal; y nueve lo hicieron por Javier Mújica Díaz, respaldado por Gamboa Olea. Entonces ninguno logró los 15 votos en la primera ronda, por lo que se declaró un receso en la sesión permanente para que, en una hora, se buscaran acuerdos.
Pero eso no ocurrió, el grupo de Gamboa Olea fue a encerrarse a la oficina de la presidencia, que ya no corresponde ocuparla al magistrado destituido por el decreto de reforma al judicial, y no hubo diálogo posible. El bloque que, al respetar la ley tendría que dejar de llamarse disidente, aunque siga en oposición abierta al expresidente, sí acudió a la cita, aunque debe concederse que unos quince minutos después de lo programado. No se pudo reanudar la sesión.
La magistrada Bertha Rendón acusó a magistradas y magistrados ausentes de faltar al respeto al mandato legal y a su función. Tiene razón, mucho más cuando se trata de un asunto tan grave como definir el futuro de la titularidad del Tribunal, una que no debiera estar sometida a berrinches ni agandalles. El transitorio de la reforma judicial es claro y obliga al pleno del Judicial a continuar la sesión hasta resolver quién será su presidente, para ello, deben construirse acuerdos, y probablemente el más noble de ellos fuera respaldar con los tres votos que faltan a quien obtuvo la mayoría simple en la primera ronda; eso hablaría de civilidad y generosidad. Queda claro que ninguna de esas características existe en quienes respaldan a Gamboa Olea lo que es dramático cuando se trata de los máximos impartidores de justicia.

El grupo del expresidente del Tribunal sabe que no hay forma de conseguir los votos que requiere para que alguno de los suyos ocupe la presidencia, por lo que llama la atención el sabotaje a la sesión que busca prolongar innecesariamente la construcción de un acuerdo. La apuesta a que los ayude el tiempo es, por lo menos, sospechosa. El magistrado Gamboa ya no es presidente y ha perdido las facultades que le permitían persuadir o coaccionar para no perder o arrebatar. Hacer tiempo deliberadamente difícilmente beneficia su causa y, en cambio, mantiene la parálisis en un órgano vital para la seguridad y la justicia en Morelos. ¿Qué se trata de imponer o de negociar?

