

Mucho más que la magistrada Bertha Rendón, quien denunció la “etapa oscura de tiranía y terror” que vivió el Tribunal Superior de Justicia hasta el pasado martes, cuando la gestión de Luis Jorge Gamboa Olea como presidente del órgano llegó a su fin; la definición más acertada de lo que ocurre desde el mismo martes en el Tribunal la ofreció el magistrado decano, Juan Emilio Elizalde Figueroa, cuando acusó que el bloque que ha roto la sesión permanente por más de dos días ya está esperando conseguir apoyos en otros lados y no votos en el pleno.
El grupo de magistrados aliados de Gamboa Olea parece añorar los tiempos en que las decisiones quién debía presidir el Tribunal Superior de Justicia en Morelos se tomaban, o eran definitivamente influidas, desde el Poder Ejecutivo.
El acuartelamiento de los aliados de Gamboa Olea -que indebidamente se apoderaron del despacho y el personal de la presidencia del órgano-, ha buscado, no el diálogo con sus pares con el fin de conseguir los votos necesarios para lograr la presidencia, sino que alguien de fuera consiga convencer a por lo menos seis magistrados más de los que votaron en primera ronda por Javier Mújica Díaz para mantener la presidencia del Tribunal en su gavilla. No les ha importado lo que es mejor para la ciudadanía, ni para la justicia en Morelos, sino la silla de la presidencia, aunque para efectos prácticos y de acuerdo con la norma que entró en vigor desde el martes pasado, ésta se haya convertido en un elemento más protocolario que ejecutivo.
Como La Jornada Morelos informó en su oportunidad, en la primera ronda, a las 16 horas del miércoles, los votos se dividieron entre dos integrantes de la terna: hubo doce para Nancy Montero Mercado, nueve para Javier Mújica Díaz y una abstención. Aunque la cantidad de votos de la joven magistrada hacía mucho más viable conseguir una mayoría para sí, Javier Mújica Díaz no cedió, pero su grupo tampoco trabajó para construir una mejor votación en las rondas futuras.
Desde que se suspendió la sesión permanente, alrededor de las 17 horas de ese miércoles, los aliados de Mújica y Gamboa solo presentaron una propuesta al resto de los magistrados, una que intentaba asustar a los magistrados adversarios con un supuesto apoyo desde el Poder para obligar a que Mújica fuera electo presidente. Ningún intento de presión hizo mella, y Nancy Montero mantuvo por lo menos once de los doce votos que tenía al principio.
La posibilidad de construir un acuerdo entonces parecía muy lejana particularmente porque el respeto y la confianza se han perdido entre los magistrados y magistradas al grado de que ellos mismos se acusan de tener apoyos “de fuera” del Tribunal Superior de Justicia. Esa idea, ha hecho que el diálogo se haya trasladado del interior del Poder Judicial a otros sitios y que los bloques, entonces, se mantengan inamovibles.

En esa lógica de lucha por el poder, lo que menos importa son la ciudadanía y la justicia; a final de cuentas, el para qué ser magistrados o presidentes o funcionarios del Poder Judicial. Lo que importa es el poder, el dinero asociado con él (en forma, por ejemplo, de haber de retiro), el reventar al otro grupo.
Bajo esa lógica, parece imposible que esta mañana, como citaron, puedan ponerse de acuerdo nuevamente. El Tribunal Superior de Justicia seguirá acéfalo y la justicia detenida porque esa es la única decisión que han sabido tomar los magistrados y magistradas de Morelos.

