

Las buenas noticias para el turismo están en el crecimiento sostenido de alrededor de 25 por ciento en promedio que la afluencia, ocupación hotelera y derrama económica y marcan una patente tendencia sostenible con la estrategia de promoción y coordinación entre los prestadores de servicios y el gobierno estatal.
Pero las cifras del último fin de semana largo antes de la etapa navideña de este año se opacaron con la probablemente exagerada, pero preocupante alerta de viaje en que Canadá incluyó a Morelos por el riesgo que representa para los visitantes la zona de las Lagunas de Zempoala debido a la operación de grupos delictivos.
En sí misma, la alerta podría no significar mayor preocupación o impacto en un flujo de visitantes formado primordialmente por turismo nacional particularmente proveniente de la región centro del país. En todo caso, lo inquietante es la poca preocupación que los responsables de la política turística en Morelos muestran por un factor que, inadecuadamente manejado, puede dañar las enormes oportunidades que el estado tiene para potenciar al sector durante el año entrante, uno de oportunidades por el Mundial de Futbol.
Cierto que solo entre el tres y cinco por ciento del turismo que llega a Morelos proviene del extranjero, pero es una proporción que cualquier política de promoción debería intentar superar. Para ello, necesariamente se requiere atender la percepción internacional sobre los riesgos en el estado y no solamente considerar el daño relativo que esa percepción pueda generar.
Mucho más preocupa la actitud si se considera que los atractivos de Morelos, de los que tan orgullosos están sus habitantes, prestadores de servicios turísticos, y el gobierno estatal, seguro resultan una oferta competitivos para el turismo de cualquier parte del mundo so se saben difundir. La aparente renuncia a ambicionar, a pensar en grande sin despegar los pies de la tierra, es un dato de alarma mucho mayor que la alerta canadiense.
Queda esperar que la desafortunada declaración de Daniel Altafi, secretario de Turismo de Morelos haya sido una especie de lapsus y que las ambiciosas metas que se trazó para el desarrollo del turismo local no se hayan pospuesto, aplazado o de plano desaparecido, por el bien de Morelos.



